La dama duende: Quien admira, no teme - Alfa y Omega

El Teatro Español rinde homenaje al recientemente fallecido Miguel Narros con el que fue su último montaje, La dama duende, comedia de capa y espada de Calderón de la Barca. Tras haber pasado por Alcalá y Almagro, la obra ha llegado a este teatro que el director madrileño guió en dos etapas de su vida.

No es de extrañar que después de una muy larga trayectoria teatral, Narros escogiera esta obra, una perla preciosa de la literatura española, con la que podía, aún con tantos años de profesión, enfrentarse a un desafío como director. Poner en escena una pieza de estas características es un verdadero ejercicio de virtuosismo, por la extremada elaboración del texto que deben interpretar los actores, y por el intrincado enredo de la acción que ha de hacerse visual. Yo no tengo duda de que Narros ha estado a la altura de estas dificultades, que su sensibilidad ha conectado con el barroquismo de Calderón, y sobre todo ha entendido el sentido del humor del escritor, de manera que para el espectador sea apreciable esta joya literaria. Sin embargo, 110 minutos de Calderón seguidos, sin tregua, son algo agotador por muy entregado que se esté, y personalmente hubiese preferido que la representación hubiera tenido algún descanso. Se trata, subrayo, de una obra en verso densa, barroquísima, intrincada, conceptista, en lenguaje y estilo propio del siglo XVII.

Es igualmente destacable el trabajo de los actores, que acompañan el recitado con una intensa interpretación, aclarando así un discurso que es imposible seguir exhaustivamente. Narros apostó por gente joven. Algunos —vaya por delante mi aprecio por el enorme reto— flaquean a veces en la dicción del verso, como ocurre a Diana Palazón en el papel de esta dama torbellino que es doña Ángela y a Eva Marciel como doña Beatriz. Está muy bien Chema León como don Manuel, el galán protagonista, y los secundarios Iván Hermes, Mona Martínez y Marcial Álvarez.

Pero si por algo creo que La dama duende es obra de un genio es por la esencia de su argumento, y quiero suponer que esto fue lo que sedujo a un hombre tan experto en teatro como Miguel Narros del mismo modo que, humildemente, me seduce a mí. Se trata de una obra profundamente sabia en clave de comedia.

Doña Ángela vive en secreto en casa de sus hermanos, recluida en su cuarto, pero descubre un pasadizo a través del cual puede acceder desde su habitación a la habitación del hombre que ama, don Manuel, que es huésped junto a su criado Cosme de la misma casa donde ella vive, y que no sabe de la existencia de doña Ángela. Accediendo a través del pasadizo, la dama va dejando en el cuarto de don Manuel, cuando éste se halla ausente, signos de que ha estado allí, notas y regalos, sin desvelar su personalidad.

Cosme y don Manuel ignoran que su habitación tenga otro acceso que la puerta que controlan, con lo cual los hechos son un misterio. Pero su reacción es completamente distinta. Cosme se llena de temor y atribuye los cambios en la habitación a la acción de un fantasma («¡Qué cosas inventa el miedo!», le replica don Manuel). Para don Manuel, por el contrario, cada signo es un acicate a su curiosidad y un reclamo a su inteligencia. Los dos quedan sobrecogidos. Pero mientras Cosme se asusta, con galanura don Manuel manifiesta: «Cosme, lo que me suspende es la novedad, no el miedo, que quien admira no teme». Ésa es su grandeza. Y caracterizar a un galán de este modo, la sabiduría de Calderón. Una lección de vida sencillamente exquisita.

La dama duende. Homenaje a Miguel Narros

★★★★☆

Teatro:

Teatro español

Dirección:

Calle Príncipe 25

Metro:

Antón Martin, Sevilla

ESPECTÁCULO FINALIZADO