«Hay guerra, pero no de religión»

Mientras el Papa lamentaba la identificación de islam con violencia, en Francia y en Italia cientos de musulmanes acudieron a las iglesias el domingo para mostrar su cercanía a los católicos tras el asesinato del sacerdote Jacques Hamel

Ricardo Benjumea

Mientras el Papa lamentaba la identificación de islam con violencia, en Francia y en Italia cientos de musulmanes acudieron a las iglesias el domingo para mostrar su cercanía a los católicos tras el asesinato del sacerdote Jacques Hamel

El asesinato del padre Hamel se producía un día antes del viaje del Papa a Cracovia y el suceso –el cuarto atentado revindicado en Francia por el Daesh en año y medio– ha marcado de principio a fin la JMJ. A la cita acudieron además grupos de Siria e Irak. A partir de ahora –dijo Francisco en la vigilia del sábado– los jóvenes no podrán seguir viendo los conflictos en estos países como lejanos acontecimientos que les llegan a través de la televisión.

«El mundo está en una guerra a trozos», sentenciaba el Pontífice en el avión rumbo a Polonia. Pero «cuando yo hablo de guerra, hablo de guerra en serio, no de una guerra de religión, no. Hay una guerra de intereses, hay una guerra por el dinero, hay una guerra por los recursos naturales, hay una guerra por el dominio de los pueblos». «Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Comprendido?», concluía en tono casi desafiante, como dirigiéndose a quienes, también dentro de la Iglesia, identifican islam con violencia.

La pregunta volvió a emerger en el avión de vuelta. Se la hizo un periodista de la agencia francesa I Media: ¿Por qué cuando habla usted de terrorismo no pronuncia nunca la palabra islam?

«No me gusta hablar de violencia islámica porque todos los días, cuando miro los periódicos, veo violencia aquí en Italia: está aquel que mata a la novia o a la suegra y son católicos bautizados. Si hablara sobre violencia islámica, ¿no debería hablar sobre violencia católica?», fue su respuesta.

Francisco reafirmó que «no es justo decir que el islam es terrorista», y aludió a sus diálogos con el imán de la universidad de al-Azhar (con sede en El Cairo) y con varios líderes musulmanes durante su viaje a la República Centroafricana.

Más que una cuestión religiosa, lo que lleva a muchos jóvenes nacidos o crecidos en Europa a asesinar en nombre del Daesh es la falta de integración y de valores. «¿Cuántos jóvenes que nosotros los europeos hemos vaciado de ideales van a la droga, al alcohol o van allá y se enrolan?», se preguntó.

Una misma familia humana

Ese mismo día, cientos de musulmanes respondieron en Francia al llamamiento de imanes y organismos musulmanes y acudieron a las Misas dominicales para mostrar su cercanía a la comunidad católica. El gesto se repitió en varios puntos de Italia. El presidente del episcopado transalpino, el cardenal Angelo, agradeció esta «condena nítida». «El hecho es que no siempre hemos sentido una reacción coral» como esta en el mundo musulmán, lo que añade valor al gesto, dijo desde Cracovia.

En Ruán, diócesis francesa donde fue asesinado el padre Hamel, el arzobispo, Dominique Lebrun, agradeció en la Misa la presencia de «nuestros amigos musulmanes, nuestros hermanos, que han venido hasta nuestra catedral como pacificadores».

Cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes pueden trabajar unidos al servicio de «la dignidad de la persona humana», añadió. Los ideales republicanos de libertad, igualdad y fraternidad encuentran su base en la ley mosaica, reconocida por las tres religiones.

«Seamos verdaderamente libres, deshagámonos de la venganza, del odio, de lo que nos convierte en esclavos de nuestras pasiones», dijo a continuación. «Seamos verdaderamente iguales: rechacemos la sed de poder, y tengamos como única ambición el servicio a los demás, sin buscar los honores», como Jacques Hamel. Y «seamos realmente hermanos que rechazan toda forma de racismo y xenofobia». «Reconozcamos que somos miembros de la misma familia humana que solo tiene un corazón, un alma, una esperanza: la felicidad de todos», pidió el arzobispo.

Ricardo Benjumea