León XIV a los cardenales: «Necesito vuestro apoyo: fuerte, explícito y público»
«Un consejo sincero es siempre un acto de comunión», ha asegurado el Santo Padre en la primera sesión del consistorio. Ha pedido al Colegio Cardenalicio libertad, franqueza y lealtad
«Cuento con vosotros para que me ayudéis a discernir lo que el Espíritu dice hoy a la Iglesia». Es la tarea que ha encomendado este viernes el Papa León XIV a los cerca de 130 cardenales que participan en el segundo consistorio convocado por él en poco más de un año de pontificado.
En la primera sesión, tras la Misa, les ha recordado su deseo, expresado ya en la cita de enero, de que estas reuniones «nos ayudaran a aprender cada vez más a trabajar juntos en el servicio de la Iglesia». De hecho, las ha definido como «una conversación que me ayude en el servicio de la misión y de toda la Iglesia».
Este formato ha sustituido al elegido por el Papa Francisco, que se hizo asesorar por un Consejo de Cardenales. De hecho, este jueves, el cardenal Fridolin Ambongo Besungu, arzobispo de Kinsasa (R. D. del Congo) confirmaba a ABC que «el C9 ha dejado de existir tras la muerte del Papa Francisco». «De acuerdo con los deseos de los purpurados, el nuevo Pontífice valoriza a todo el colegio cardenalicio»,.
«Sigo pensando que esta es una de las responsabilidades más importantes confiadas al Colegio Cardenalicio», ha proseguido este viernes León XIV. «Nosotros también, como toda la Iglesia, aprendemos caminando», ha dicho según recoge Vatican News.
Para ello, el Santo Padre ha confesado que «necesito vuestro apoyo: fuerte, explícito y público. Necesito sentirme apoyado por vosotros como por hermanos». Del mismo modo, les ha pedido «vuestra libertad, vuestra franqueza y vuestra lealtad». Y les ha asegurado que «un consejo sincero es siempre un acto de comunión».
El #Papa inicia con un discurso las sesiones del segundo #Consistorio de su pontificado: “no somos custodios de intereses particulares” “estos encuentros nos ayudan a trabajar juntos en el servicio de la Iglesia”. “¡Necesito vuestra ayuda, libertad, franqueza y lealtad”#Vaticano pic.twitter.com/VdPql90CK8
— Eva Fernández (@evaenlaradio) June 26, 2026
Esta apertura es precisa para «vivir con convicción el trabajo en grupos». En concreto, habrá nueve de cardenales votantes ordinarios y once de votantes de la Curia romana y no votantes. Ha reconocido que aún puede resultar extraño pues no es la forma habitual en que se han vivido los consistorios hasta ahora. Por ello, ha señalado que además habrá espacio para intervenciones personales. Y «cada uno podrá enviarme libremente observaciones o reflexiones confidenciales» además de lo que se resuma en público.
«Ayudadme a escuchar» a vuestras Iglesias
Un segundo aspecto de esta colaboración de los cardenales se realiza en el ministerio cotidiano de cada uno de ellos. «Ayudadme a escuchar lo que emerge en las Iglesias, a reconocer los signos de esperanza que a menudo crecen en el silencio». Y, del mismo modo, las divisiones, «los malentendidos y las resistencias». Asimismo, les ha pedido «apoyar, cada uno en su propia Iglesia y en su ministerio, este estilo de discernimiento eclesial». Los ha animado a ello asumiendo también que «requiere paciencia y a veces suscita preguntas».
En su discurso, el Santo Padre ha invitado a los cardenales a «ser constructores de la comunión de Cristo». Esta «toma forma en una Iglesia sinodal en la que todos cooperan en la misma misión, cada uno según su propio carisma y ministerio». Ha matizado que «nunca es un resultado adquirido de una vez por todas: sigue siendo una conversión diaria, que toma forma en la oración, y a través de actitudes concretas, relaciones de confianza y disponibilidad para escucharnos mutuamente».

A continuación, el Pontífice ha dedicado unas palabras a cada uno de los cuatro bloques temáticos del consistorio. El primero es una mirada al mundo, a partir de lo que cada cardenal comparta sobre sus diócesis. «Antes de preguntarnos qué hacer, debemos detenernos ante la realidad, mirándola con los ojos de la fe y dejándonos cuestionar por la escucha de los hermanos».
Posteriormente se reflexionará «juntos» sobre la «cultura del poder y la civilización del amor». «Ninguno de nosotros es ajeno a las muchas formas de conflicto» y opresión que «atraviesan hoy nuestras sociedades. Por eso el discernimiento que estamos llamados a realizar concierne a todos». Antes, había señalado en particular la presencia de purpurados de «tierras marcadas por la guerra, la violencia, la polarización social o religiosa».
¿Cómo resuena Magnifica humanitas en cada país?
En esta parte de los trabajos, serán claves de interpretación las que ofrece en su primera encíclica, Magnifica humanitas. En ella se pondrá el foco durante la tercera sesión, en torno a la «contribución que la Iglesia puede ofrecer a la construcción del bien común».
«Me interesa sobre todo escuchar cómo estas páginas resuenan en sus Iglesias, qué preguntas suscitan, qué perspectivas abren, qué pasos sugieren. De hecho, una encíclica continúa su camino cuando es acogida, interpretada y encarnada en la vida concreta de las Iglesias», ha asegurado.
«En un momento en el que crece la tentación de la fragmentación y prevalecen fácilmente los intereses particulares», la doctrina social de la Iglesia recuerda que «el bien común no nace espontáneamente, sino que pide responsabilidades compartidas». Así, requiere atender a cómo «se toman las decisiones y se ejercen las responsabilidades», a la transparencia, a la evaluación y a la corresponsabilidad».

El cuarto bloque es la sinodalidad. «No es ante todo un conjunto de procedimientos». Ha reiterado que más bien «es una actitud, una apertura, una disposición a comprender». Tampoco es «una disminución de la autoridad». De hecho, «nos ayuda a comprender más profundamente» su significado, pues «existe para proteger la comunión».
Otro matiz que ha aportado León XIV sobre la sinodalidad es que en el consistorio «no estamos en primer lugar para reflexionar sobre la vida interna de la Iglesia». Todos los temas convergen en una pregunta: «¿Cómo podemos ayudar hoy a nuestras Iglesias a anunciar el Evangelio con mayor fidelidad, libertad y credibilidad?».
En efecto, aprendiendo a escucharse y escuchar al Espíritu «nos estamos convirtiendo en una Iglesia más capaz de conocer a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y de darles testimonio de la alegría del Evangelio».