«Estuvimos nueve días en el mar, los últimos sin comida»
Mbacke Ndiaye llegó a El Hierro en cayuco, fue acogido por la Fundación Canaria El Buen Samaritano y hace dos semanas contó su historia al Papa
En el corazón del viaje del Papa a España se encontraba el interés de León XIV por conocer la realidad migratoria, un deseo heredado del pontificado de Francisco y que se materializó con testimonios como el de Mbacke Ndiaye. El suyo fue una de las últimas historias que escuchó el Pontífice durante su viaje a nuestro país. «Santo Padre, le pido que siga recordando al mundo que detrás de cada joven migrante hay un sueño, una madre que reza y una vida que merece una oportunidad», dijo el joven antes de bajarse del escenario.
—¿De dónde procede? ¿Y qué le impulsó a salir de su país?
—Soy de Senegal. Salí de allí ante la falta de oportunidades laborales. No hay futuro, no se puede trabajar de lo que uno ha estudiado.
—Pero en el mar uno se juega la vida. ¿Cómo fue la travesía?
—Sí, fue muy duro. Estuvimos nueve días en el mar. Incluso los tres últimos nos quedamos sin gasolina y tuvimos que remar. Lo recuerdo como un infierno, porque tampoco nos quedaba comida y muy poca agua.
—¿Y cómo llegaron a tierra?
—Nos recogió Salvamento Marítimo y nos dejó en el puerto de La Restinga, en El Hierro. Era septiembre de 2024. Allí pasé tres días y después me mandaron a un centro de menores.
—Ante el Papa, usted dijo que tuvo suerte, pero que es habitual que al cumplir los 18 años uno se quede en la calle. ¿Qué pasó en su caso?
—Sí, cuando eres mayor de edad te dejan en la calle sin papeles. Yo mismo tengo un amigo en esta situación. En mi caso, fui a hablar con el padre Pepe [Hernández, director de la Fundación Canaria El Buen Samaritano], porque me dijeron que ayudaba mucho a las personas. Y efectivamente así es. Fuimos a pedirle ayuda y nos abrió la puerta de la fundación.
—¿Cómo le ayudaron?
—Muchísimo. No solo encontré techo y comida, sino también respeto, paciencia y gente que me animó en mi camino, como le dije al Papa. Me ayudaron a adaptarme, a estudiar e incluso me pagaron los billetes y la comida para poder ir a la península a arreglar mi pasaporte. Hay que ir allí, porque en Tenerife no hay embajada. Ellos se encargaron de todo.

—¿Y qué está estudiando?
—Estoy estudiando la ESO. Y también participo del grupo de teatro.
—A León XIV le dijo que el teatro le ayudaba a vencer el miedo y el racismo.
—El teatro me ha ayudado mucho. Primero, a aprender el español. Y después ha sido una herramienta de integración muy buena, porque como decía mi profesora, «tu voz vale lo mismo que la del resto». Además, con las obras tratamos de contar la realidad de las migraciones. Muchos dicen que si venimos de crucero o a delinquir, pero la verdad es que solo queremos trabajar para ofrecer un futuro a nuestras familias.
—¿Qué le gustaría conseguir a usted en ese futuro del que habla?
—Tener una vida estable. Para ello quiero terminar la ESO y después ponerme a trabajar para poder ayudar a mi familia.