«Sentí mucho dolor cuando fui a las pateras para hacer la cruz»

«Sentí mucho dolor cuando fui a las pateras para hacer la cruz»

Ángel Rodríguez fue a un cementerio de pateras para recoger los pedazos de embarcaciones con los que elaboró la cruz que presidió el encuentro con migrantes en Arguineguín

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Ángel con la cruz hecha de pedazos de patera. Foto cedida.
Ángel con la cruz hecha de pedazos de patera. Foto cedida.

Él se define simplemente como «un obrero», pero «como soy muy amañao, me hicieron ese encargo». Se llama Ángel Rodríguez, y el encargo al que se refiere es una cruz de tres metros elaborada con madera de pateras y cayucos, que presidió en el muelle de Arguineguín el encuentro del Papa León XIV con migrantes en Gran Canaria. La llama la Cruz del Encuentro, «porque a los pies de ella nos encontramos todos, vengamos de donde vengamos». 

—Ángel, ha elaborado un objeto que ha presidido un encuentro muy especial con el Papa. 
—La historia comienza realmente en 2018. El origen de esta cruz está en la llegada a Canarias de la Cruz de Lampedusa. La trajimos a las islas y recorrió distintos lugares vinculados a la llegada de inmigrantes. Al verla, me fijé en cómo estaba construida y me encargaron una réplica. 

El Papa reza ante la Cruz del Encuentro. Foto: Conelpapa.es.
El Papa reza ante la Cruz del Encuentro. Foto: conelpapa.es.

—¿Cómo consiguió la madera? 
—La conseguí en un auténtico cementerio de pateras que había en el puerto de Arguineguín. 

—¿Cómo es ese lugar? 
—Enorme. Entonces podía haber entre 500 y 1.000 pateras acumuladas. Impresionaba muchísimo. 

—¿Qué sintió al ver tantas embarcaciones y tantas historias detrás de ellas? 
—Mucho dolor. Para elegir la madera había que subirse a las pateras, porque estaban amontonadas unas sobre otras. Dentro encontrabas ropa, latas de comida, zapatillas viejas, gorras, garrafas de agua… Eran los restos de las personas que habían viajado en ellas. Algunas habían sobrevivido y otras no. Es una realidad muy dura. 

—¿Cómo surgió la idea de construir esta cruz concreta? 
—La diócesis de Canarias invitó a distintos movimientos a elaborar cruces para una exposición. A nosotros nos pidieron que hiciéramos una cruz con madera de patera. Cuando vi las dimensiones de las demás cruces pensé que debía resaltar más claramente el mensaje que quería transmitir, así que construí una cruz de tres metros de altura. 

—Una cruz enorme. 
—Sí, algunos pensaron que era demasiado grande, pero yo quería que tuviera presencia. Cuando terminó la exposición, la diócesis decidió conservarla. Además, esta cruz incluía parte de esos objetos encontrados en las pateras. En la base coloqué varios elementos personales que había recogido allí: una llave, una lata, una garrafa, una gorra… Objetos pertenecientes a inmigrantes. Quería darle una dimensión más humana y personal a la cruz. 

—¿Esos objetos siguen formando parte de ella? 
—Ahora mismo no, se han ido perdiendo con el tiempo. Pero me gustaría recuperarlos, porque creo que ayudan a recordar que detrás de cada travesía hay personas concretas, con nombres, historias y sufrimientos. 

Cementerio de pateras en Arguineguín. Foto cedida por Ángel Rodríguez.
Cementerio de pateras en Arguineguín. Foto cedida por Ángel Rodríguez.

—¿Qué sintió cuando supo que habían elegido su cruz para presidir la misa del Papa León XIV? 
—Fue una gran emoción. Yo no pude asistir presencialmente porque estoy cuidando de mi madre, que está enferma, y las circunstancias logísticas me lo impedían. Pero seguí todo muy de cerca. 

—¿Le ha llamado especialmente la atención algún mensaje del Papa durante estos días? 
—Sí. Me impresionó mucho una frase: «No podemos permitir que el Mediterráneo o el Atlántico se conviertan en cementerios sin lápidas». Es una frase muy potente. Y, en general, todo el mensaje del Papa sobre la inmigración me parece plenamente compartible. 

—En su vida cotidiana, ¿cómo vive la realidad migratoria en Canarias? 
—Yo he convivido con inmigrantes desde niño. Tengo 66 años y siempre ha habido personas llegadas de otros lugares. Ahora el fenómeno es más visible porque llegan más personas y los medios de comunicación hablan más de ello, pero la inmigración ha existido toda la vida. Forma parte de mi entorno habitual. Tengo amigos inmigrantes, musulmanes y cristianos. He convivido con ellos toda mi vida. Creo que no se puede entender el mundo sin la inmigración. 

—¿Por qué? 
—Porque es algo profundamente humano. El propio Papa nació en Estados Unidos y también tiene nacionalidad peruana, y tiene raíces de diversos países, incluido España. La movilidad forma parte de la historia de la humanidad. Lo verdaderamente preocupante no es la inmigración en sí, sino las causas que obligan a tantas personas a marcharse de sus países. 

—¿Cuáles son esas causas? 
—Principalmente la pobreza y el hambre que sufren muchos países. El Papa lo expresó muy bien cuando habló del derecho a emigrar, pero también del derecho a no tener que emigrar. Lo ideal sería que nadie tuviera que abandonar su tierra por necesidad.