Esta parroquia ardió y fue checa de la CNT durante la guerra
En el origen de Nuestra Señora del Carmen y San Luis hay un carmelo calzado y una parroquia vandalizada. Dio cinco mártires
y hoy ofrece formación y muchas confesiones
Nuestra Señora del Carmen y San Luis es quizá la parroquia cuyo territorio presenta el mayor tránsito de gente de toda España. Situada en las inmediaciones de la madrileña Puerta del Sol, sus muros son testigo de un trasiego interminable de vecinos y turistas los 365 días del año. Por este motivo, «intentamos responder de modo evangelizador a todo el caudal de gente que viene. Queremos ofrecerles una oferta pastoral concreta que responda a sus necesidades», dice el párroco, Roberto López Montero.
Su origen se sitúa en dos templos distintos: la parroquia de San Luis Obispo, en su día situada en la calle Montera, y la iglesia del antiguo carmelo calzado de Madrid, erigido en el siglo XVI y que constituye el edifico actual. El primero «fue la gran parroquia del centro de la ciudad durante siglos», cuenta el párroco, que cifra su origen en torno al año 1540. Lamentablemente, fue pasto de las llamas el 13 de marzo de 1936. De ella solo queda la portada, que fue trasladada a la parte posterior del recinto actual. Meses más tarde de ese suceso, dio a la historia de la Iglesia en España nada menos que cinco mártires: el párroco, Federico Santamaría; un coadjutor, Lucio Hererro, y otros tres capellanes.

La iglesia del Carmen es la del primitivo carmelo de la capital. Fue el Caballero de Gracia el que trajo aquí a los primeros religiosos a finales de XVI, y en 1611 comenzó la construcción del templo y del convento. Aquí hubo frailes carmelitas hasta la desamortización de Mendizábal en 1835, convirtiéndose después en parroquia diocesana. Ya en la Guerra Civil, fue profanada: «La saquearon pero no la quemaron, porque se convirtió en checa de torturas de la CNT», cuenta López Montero. Como curiosidad, la antigua imagen de la Virgen del Carmen no pudo ser destruida, a pesar de que los milicianos intentaron tirarla al suelo. «No pudieron hacerlo ni tirando con cuerdas, ni con mulas, ni siquiera con una furgoneta».
Hoy la feligresía la constituyen tres grandes grupos: los feligreses del barrio, «pocos pero muy fieles»; otros que no viven en el barrio pero acuden regularmente, «algunos de los cuales incluso forman parte del consejo pastoral»; y otros muchos que vienen solamente a Misa o a confesarse. En este último sentido, los confesionarios hacen de verdaderos motores de la comunidad: «A menudo hay colas de gente esperando y a veces hasta tenemos a tres sacerdotes confesando a la vez», cuenta el párroco.
Aula de teología
Las seis Misas dominicales también presentan un buen aforo, con el templo prácticamente lleno, pero eso no basta: «En la parroquia estamos muy atentos a ofrecer elementos de formación en la fe», dice López Montero, que además es profesor en la Universidad Pontificia Comillas.
Por eso, en Nuestra Señora del Carmen y San Luis hay un ciclo de catequesis de confirmación para adultos que reúne en torno 15 personas cada año. También hay un grupo de profundización en la Sagrada Escritura que reúne a cerca de 25 feligreses, y un Aula de Teología que ofrece siete conferencias al año sobre diversos temas de formación teológica. Acude una media de 100 personas. Junto a ello, la novena de la Virgen del Carmen, en julio, supone diez días de sermones catequéticos «en los que la iglesia se llena».
Por todo ello, esta parroquia del centro de Madrid escapa de ofrecer solamente un servicio cultual para dar a cada persona que cruza sus puertas «la formación que necesita para su vida». En este sentido, «queremos ser fieles a la tradición al servicio del Evangelio», concluye el párroco.