El papel de los cristianos en la caída del Muro de Berlín

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Foto: Historia España

Riccardo Ehrman, hijo de judíos polacos que migraron a Italia en los años 20, fue uno de los periodistas mejor informados en la RDA gracias, en buena medida, a las dotes culinarias de su mujer, Margarita, una española maestra en cocina italiana. En su casa cenaron altas responsabilidades del régimen, particularmente Klaus Gisy, a quien había conocido como embajador en Italia y el Vaticano, y en aquellos años era ministro de Cultura y responsable del Culto. «Era un hombre muy inteligente y respetuoso con las iglesias». Eso facilitó que el movimiento opositor se fraguara en templos protestantes de Leipzig o Dresde, donde «miles de personas pasaban noches enteras en vigilias de oración, alternadas con críticas políticas, porque allí la policía nunca entraba». En lo que respecta a la Iglesia católica, minoritaria en el este de Alemania, Ehrman destaca la contribución del entonces arzobispo de todo Berlín, el cardenal Meisner. «Era un genio, todos le respetaban». Meisner fue el segundo cardenal que mayor impacto le produjo, tras Dalla Costa, que salvó a miles de hebreos durante el régimen fascista. A Riccardo lo inscribió en los escolapios de Florencia.