El Papa propone una «rigurosidad científica y honestidad personal» que eduque «la conciencia de los estudiantes»
León XIV ha instado a formar líderes que puedan «ejercer sus responsabilidades con integridad» y así «inscribir su acción en una ética al servicio del bien común»
El Papa ha visitado este viernes la Universidad Católica de África Central, donde ha sido recibido con entusiasmo por la comunidad estudiantil. Allí, ante cientos de personas, León XIV ha advertido de que son «muchos» los que «parecen perder sus puntos de referencia espirituales y éticos, dejándose envolver por el individualismo, las apariencias y la hipocresía».
Frente a esta postura, el Pontífice ha ensalzado la labor de la universidad, que «es, por excelencia, un lugar de amistad y cooperación, así como de introspección». Pero el Santo Padre también ha hablado de fe y ha pedido no desvincularla de los «escenarios culturales» y de «los retos actuales, para que así resalte su belleza y credibilidad en los diferentes contextos, especialmente en aquellos más marcados por las injusticias, las desigualdades, los conflictos y la degradación material y espiritual».
La IA invasiva
Durante su discurso, el Papa quiso además reflexionar sobre la IA y ha comenzado criticando que organiza «cada vez de forma más invasiva nuestros entornos mentales y sociales». Ante esta amenaza, ha reclamado «una formación humanística capaz de revelar las lógicas económicas, los prejuicios incorporados y las formas de poder que moldean la percepción de la realidad».
Para León XIV, «el desafío que plantean estos sistemas es más profundo de lo que parece», pues «no se trata solo del uso de nuevas tecnologías, sino de la sustitución progresiva de la realidad por la simulación de esta». De hecho, «en los entornos digitales, estructurados para persuadir, la interacción se optimiza al grado de volver superfluo el encuentro real, la alteridad de las personas de carne y hueso se neutraliza y la relación se reduce a una respuesta funcional».
Y cuando esto se convierte en norma, «la capacidad humana de discernimiento se atrofia y nuestros vínculos sociales se encierran en circuitos autorreferenciales que nos dejan de mostrar la realidad». Así, «vivimos como dentro de burbujas impermeables unas con otras, nos sentimos amenazados por cualquiera que sea diferente y nos deshabituamos al encuentro y al diálogo. Así es como se extienden la polarización, los conflictos, los miedos y la violencia».
Pero según el Pontífice, esto es más grave de lo que parece. De hecho, «no está en juego un simple riesgo de error, sino una transformación de la relación misma con la verdad».

Personas reales
No obstante, hay esperanza. La prueba está, «queridos amigos», en que «ustedes son personas reales». Tienen «el deber de asumir una responsabilidad de primer orden» y preparar «sobre todo a los futuros líderes, a los funcionarios públicos, a los profesionales y a los otros futuros actores sociales para desempeñar con rectitud las tareas que se les confiarán».
El objetivo es que puedan «ejercer sus responsabilidades con integridad» y así «inscribir su acción en una ética al servicio del bien común».
Por último, ha pedido a los estudiantes «que aprendan a convertirse en constructores del futuro de sus respectivos países y de un mundo más justo y más humano». Y ha animado a los profesores «a encarnar los valores que desean transmitir, ante todo la justicia y la equidad, la integridad, la sensibilidad del servicio y de la responsabilidad».
Y ha concluido: «¡No traicionen este noble ideal! Además de ser guías intelectuales, sean modelos cuya rigurosidad científica y honestidad personal eduquen la conciencia de sus estudiantes. África necesita liberarse de la plaga de la corrupción».