El Papa en la misa en El Cairo: «No tengáis miedo a amar a todos, amigos y enemigos»

«La omnipotencia de Dios no es la de la fuerza, sino la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida»

Juan Vicente Boo

«La omnipotencia de Dios no es la de la fuerza, sino la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida»

Después de haber dedicado el viernes a los musulmanes y los cristianos coptos, el Papa Francisco se ha reunido este sábado con la pequeña minoría de católicos egipcios, que suma unas 270.000 personas pero organizada en siete ritos distintos: latinos, maronitas, caldeos, sirios, armenios…

La misa en el estadio de la Defensa Aérea ha sido la ocasión de encuentro de los que viven en El Cairo y muchos que han venido de otras ciudades de todo Egipto como peregrinos con familias, amigos o parroquias. El programa del día incluía otro encuentro más familiar, por la tarde, con los sacerdotes, religiosas, seminaristas y misioneros laicos.

En las gradas del estadio de la Defensa Aérea, con capacidad para unos veinte mil invitados, había también muchos musulmanes y musulmanas como sucede en todo Oriente Medio gracias a la calidad y la apertura de las centros educativos católicos, que en Egipto suman cuatrocientos.

Comentando el pasaje evangélico de los discípulos de Emaús, el Papa ha subrayado una idea que puede ayudar a cristianos en dificultades. Aquellos dos discípulos que volvían decepcionados a su casa «no podían creer que el Maestro, que había resucitado a los muertos y curado a los enfermos, pudiera terminar clavado en la cruz de la vergüenza».

A veces, ante los reveses, algunos cristianos se desesperan por no haber entendido un punto esencial: «la omnipotencia de Dios no es la omnipotencia de la fuerza o de la autoridad, sino solamente la omnipotencia del amor, del perdón y de la vida».

La desazón excesiva ante las dificultades proviene a veces de un malentendido: «nuestra pobre concepción de un dios que solo refleja nuestro modo de comprender la omnipotencia y el poder».

El Dios de los cristianos no es triunfalista sino intimista. Según Francisco, «de nada sirve llenar de gente los lugares de culto si nuestros corazones están vacíos del temor de Dios y de su presencia; de nada sirve rezar si nuestra oración no se transforma en amor hacia los hermanos».

El Papa ha explicado que «la verdadera fe es la que nos hace más caritativos, más misericordiosos, más honestos y más humanos; es la que nos hace ver al otro no como a un enemigo para derrotar, sino como a un hermano para amar, servir y ayudar».

Según el Santo Padre, la verdadera fe «es la que nos lleva a difundir, a defender y a vivir la cultura del encuentro, del diálogo, del respeto y de la fraternidad; nos da la valentía de perdonar a quien nos ha ofendido, de ayudar a quien ha caído».

En un plano político, «la verdadera fe es la que nos lleva a proteger los derechos de los demás, con la misma fuerza y con el mismo entusiasmo con el que defendemos los nuestros».

«La fe profesada con la vida»

Era un mensaje de apertura y de cristianismo entendido como relación interior con Dios y coherencia en la vida personal pues «a Dios sólo le agrada la fe profesada con la vida, porque el único extremismo que se permite a los creyentes es el de la caridad».

Deslegitimando por enésima vez la violencia pseudoreligiosa, el Papa ha recalcado que «cualquier otro extremismo no viene de Dios y no le agrada. No tengáis miedo a amar a todos, amigos y enemigos, porque el amor es la fuerza y el tesoro del creyente».

Junto al altar, un hermoso cuadro de la Sagrada Familia caminando entre un paisaje de plantas egipcias recordaba que José de Nazaret, María y Jesús también fueron refugiados, precisamente en estas tierras. Y aun así, la enseñanza central de Jesús fue siempre la del amor, la del perdón incluso hasta el momento en que le estaban matando.

Juan Vicente Boo/ABC. El Cairo