El otro equilibrio de Francisco en el colegio cardenalicio

Elegir cardenales es una prerrogativa del Papa. Un privilegio que Francisco ha sabido ejercer en soledad. Desde el inicio de su ministerio, una serie de coincidencias le han permitido crear un número récord de purpurados. Este jueves preside el quinto consistorio cardenalicio de su pontificado. Consagra a 14 nuevos purpurados, dos de ellos españoles. Y consolida otro equilibrio en ese exclusivo colegio: los electores del próximo Papa ya no serán una mayoría de europeos

Andrés Beltramo Álvarez
El Papa Francisco a su llegada a la basílica de San Pedro para presidir el consistorio,  el 19 de noviembre de 2016. Foto: CNS

Una vez que Jorge Mario Bergoglio entregue estos capelos colorados, durante una ceremonia solemne en la basílica de San Pedro la tarde de este jueves, 28 de junio, los cardenales de la Iglesia católica pasarán a ser 226. De ellos, 125 tienen menos de 80 años. Por eso, mantienen intactos sus derechos electorales. Mientras no superen esa edad, podrán ingresar a un futuro cónclave y votar por un nuevo Papa. Los restantes 101 superan el límite, y su actividad en la Iglesia es limitada.

Así, Francisco excederá en apenas cinco los 120 miembros del colegio cardenalicio, un límite establecido por Pablo VI pero que cualquier Pontífice puede romper. Al mismo tiempo resulta significativo que, con este consistorio, se consolida la presencia numérica de purpurados provenientes de naciones ubicadas fuera de Europa. Una característica destinada a ampliarse en el futuro próximo.

Así las cosas, a partir de este día los cardenales europeos suman 53, mientras los extraeuropeos son 72. De ellos, 35 provienen del continente americano, 17 de Asia, 16 de África y cuatro de Oceanía. Resulta sugestivo que 70 votos es la barrera por encima de la cual se cuenta con los consensos necesarios para ser elegido Obispo de Roma. Del total de electores, 59 han sido creados cardenales por Francisco, un 47 %. Otros 46, por Benedicto XVI (37 %) y 20 recibieron esa dignidad de manos de Juan Pablo II (16 %).

«Tiene varias aristas la forma en la que el Papa ha ido incorporando a los cardenales; me parece que le está dando más peso a lo iniciado el Papa Pablo VI de una universalidad en el colegio que se exprese con la procedencia de los cardenales. Es continuidad, no es fractura, el Papa simplemente sigue esa misma línea iniciada con Pablo VI y que, poco a poco se ha ido afianzando al paso de los años», explica, en entrevista con Alfa y Omega, el cardenal Carlos Aguiar Retes.

«Lo que llama la atención ahora es la celeridad del porcentaje. Lo que comenzó con Pablo VI, siguió con san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Antes se contempló eso, el porcentaje de europeos e italianos iba disminuyendo siempre. Sin embargo ahora, en estos cinco años del Papa Francisco, él ha intensificado esa proporción para hacerlo más universal», agrega el arzobispo primado de México.

Pero, más allá de los números, en este consistorio el Papa ha querido reforzar una línea de comportamiento. Ha mantenido en estricto secreto el anuncio de la creación de cardenales, sorprendiendo a todos y evitando cualquier anticipación periodística. Ha elegido a personalidades que considera significativas, sobre todo entre los no electores. Aunque también ha respetado la tradición.

Así, ha decidido crear cardenal a Luis Ladaria Ferrer, a quien él mismo elevó a prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Lo mismo ha hecho con Aquilino Bocos Merino, de 80 años, histórico claretiano y uno de los emblemas de la vida religiosa en el periodo inmediatamente posterior al Concilio Vaticano II.

Reciben también el capelo, entre otros, Konrad Krajewski, titular de la Limosnería Apostólica, la oficina del Vaticano que se ocupa de ejercer la caridad concreta a nombre del Papa. Nunca antes, en la historia moderna de la Iglesia, el limosnero había sido cardenal. Pero el mismo Francisco se encargó de confirmar que, de ahora en más, ese puesto lo ocupará un clérigo con la máxima distinción. Porque él debe ser la «larga mano» del Pontífice hacia los más necesitados.

Completan la lista Luis Rafael I Sako, patriarca de Babilonia de los Caldeos y cabeza de la Iglesia católica caldea en Irak, y Joseph Coutts, arzobispo de Karachi, Pakistán (ambos destinos de guerra e inestabilidad), además de Angelo de Donatis, vicario del Papa para la diócesis de Roma, y António dos Santos Marto, obispo de Leiria-Fátima, a quien el Papa supo apreciar mientras preparaba su visita al santuario portugués.

Menos conocidos son los arzobispos Désiré Tsarahazana, de Toamasina en Madagascar, y Thomas Aquino Manyo Maeda, de Osaka en Japón. Así como Giuseppe Petrocchi, arzobispo italiano de L’Aquila, y Giovanni Angelo Becciu, quien hasta ahora se desempeña como sustituto de la Secretaría de Estado del Vaticano pero que asumirá como prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos a finales de agosto.

A ellos se suman tres latinoamericanos: Pedro Barreto Jimeno, peruano, jesuita, arzobispo de Huancayo y un viejo conocido del Papa. Él es uno de los motores de la REPAM, la Red Panamazónica de la Iglesia, y es el principal responsable del Sínodo de los obispos que, sobre ese tema, se realizará en octubre de 2019.

También creará cardenales al mexicano y arzobispo emérito de Xalapa, Sergio Obeso Rivera, y al boliviano Toribio Ticona Porco, prelado emérito de Corocoro. De ellos, Francisco quiso destacar su contribución –a veces silenciosa– a favor de la Iglesia.

«Las procedencias (de los cardenales) no son simplemente expresión de distintos países y de distintos continentes, sino que representan a las periferias, a iglesias que aparentemente no contaban», constata Aguiar Retes. Y apunta: «Este es un aspecto muy interesante: que los cardenales no solamente expresen universalidad, sino que, a través de un trabajo de Iglesia o por la misma Iglesia de la cual se procede, se manifieste el interés que sean percibidas esas comunidades igualmente importantes como las que lo han sido por tradición».

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