«El deterioro del medio ambiente es síntoma de un problema espiritual»

«El consumismo nos afecta a todos». A algunos, directamente, «les amenaza su vida física, pero también nosotros somos víctimas, porque este sistema nos vacía por dentro, aunque nos llene de cosas por fuera». Son palabras de Anaí González, mercedaria misionera de Berriz y responsable del área de Justicia, Solidaridad, Misión y Cooperación de CONFER, que participó en una jornada celebrada esta semana en el Centro de Estudios Sociales de Cáritas Madrid dirigida a trabajadores y voluntarios de la organización caritativa de la Iglesia

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Foto: Pixabay

«El consumismo nos afecta a todos». A algunos, directamente, «les amenaza su vida física, pero también nosotros somos víctimas, porque este sistema nos vacía por dentro, aunque nos llene de cosas por fuera». Son palabras de Anaí González, mercedaria misionera de Berriz y responsable del área de Justicia, Solidaridad, Misión y Cooperación de CONFER, que participó en una jornada celebrada esta semana en el Centro de Estudios Sociales de Cáritas Madrid dirigida a trabajadores y voluntarios de la organización caritativa de la Iglesia

¿Por qué los cristianos debemos ocuparnos del cuidado de nuestro planeta, de nuestro entorno?

Esto es así desde siempre, pero Laudato si nos ha hecho tomar conciencia de un tema que quizá antes muchos consideraban secundario para nuestra fe. Hoy, desde esta misma fe y desde nuestros compromiso, el cuidado del medio ambiente ha pasado a un primer plano. Los cristianos debemos cuidar del planeta no solo por una cuestión simplemente ecológica. Laudato si habla de medio ambiente pero va más allá, al identificar una crisis de civilización. El deterioro medioambiental revela un desajuste en el modo en que nos organizamos como humanidad, y en el modo de relacionarnos entre nosotros. Es un síntoma de una enfermedad profunda que está en el corazón humano, es un problema espiritual. Como civilización hemos perdido el sentido de hacia donde vamos.

En este sentido, también está relacionado con la pobreza…

Sí, el deterioro medioambiental afecta a los más pobres, a los más vulnerables, que en realidad constituyen la mayor parte de la población de este planeta, que vive en condiciones de pobreza a causa de un sistema injusto, en unas condiciones que se deterioran cada vez más. Luego también es una cuestión de justicia el ocuparse de este don que Dios nos ha dado a todos. Pero en el fondo hay una misma causa: un sistema injusto que provoca desigualdad creciente y deterioro medioambiental. Lo social está ligado también a lo ambiental.

¿Dónde queda Dios en todo esto?

Además del cuidado del hermano, el Papa está invitando de nuevo a los cristianos a ver que la Creación, el mundo natural, es un don de Dios, un regalo que hay que cuidar porque es expresión del amor de Dios por nosotros. Tiene valor en sí mismo, no solo por lo que extraemos de él para la economía.

Pero este sistema no solo afecta a los más pobres. También en nuestro mundo percibimos las consecuencias. Lo hemos visto en todo el consumismo desaforado que acabamos de vivir…

El consumismo nos afecta a todos. Todos somos víctimas de este sistema. A algunos les amenaza su vida física, pero también nosotros somos víctimas, porque este sistema nos vacía por dentro, aunque nos llene de cosas por fuera.

¿Cómo reaccionar? ¿Por dónde podemos empezar?

En medio de este mundo de la prisa y del activismo, podemos darnos cuenta de todo esto nos invita a un nuevo modo de consumo y de economía, y a un estilo de vida que tiene que ver más con la relaciones humanas, con el gozo, con el disfrutar de la vida, con vivir un equilibrio en todos los niveles: con uno mismo, con la Creación, con los demás y con Dios.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo