El Concilio, en su historia - Alfa y Omega

El Concilio, en su historia

Título: Historia del Concilio Vaticano II; Autor: Giuseppe Alberigo; Editorial: Peeters/Sígueme

José Francisco Serrano Oceja

Título: Historia del Concilio Vaticano II
Autor: Giuseppe Alberigo
Editorial: Peeters/Síguemea

Más allá de la superación de la dialéctica entre la urbs -Roma y sus instancias- y el orbis -la catolicidad, las iglesias locales-, la historia del Concilio Vaticano II es tan apasionante como la vida de la Iglesia misma. Hay ya una cierta distancia de los acontecimientos, máxime para las generaciones que emergen y que nacieron -nacimos- años después de que el Concilio hubiera finalizado. En estas páginas ya se reseñó, hace algún tiempo, el primer volumen de un notable esfuerzo colectivo de profesores de Historia de la Iglesia y de Teología, pricipalmente, de hacer memoria del Concilio Vaticano II analizando sus procesos, afincados sus presupuestos de interpretación, más que en el decurso de la historia posterior, en las fuentes que pudiéramos denominar primarias. En este sentido, fluye con fuerza propia el río de las recuperaciones de los diarios de los padres conciliares, de entre los que destacan algunos pocos protagonistas de indudable trascendencia. Y aquí nos preguntamos, después de una atenta lectura de las siempre ricas notas a pie de página de este segundo volumen de la historia del Concilio Vaticano II, dónde están los diarios de los padres conciliares españoles, fuente que, sin duda, nos ayudará a conocer, un poco más, lo que ocurrió y por qué ocurrió.

No es nueva la trascendencia que tuvo el primer período de sesiones, algunos de los hechos allí acaecidos y algunos de los presupuestos teológicos y pastorales que allí se establecieron. Este volumen presenta una interesante radiografía, quizá no tan plural a la hora de superar otra dialéctica pretendidamente no aclarada en la conciencia de algunos sectores de la vida eclesial entre la letra y el espíritu del Concilio, y que se refleja en la pluma de los colaboradores.

Por último quisiera fijarme en el relevante capítulo de la información sobre el Concilio, en particular en la reproducción que hace de un estudio, hasta ahora inédito, del gran maestro de periodistas José Luis Martín Descalzo, y de la utilización de su copiosa biblioteca sobre el Concilio Vaticano II que, según afirma Evangelista Vilanova, «se halla actualmente en la Casa de Escritores de los padres jesuitas de Madrid». Bien merecía este aspecto del Concilio un estudio de más calado argumental.

José Francisco Serrano