El amor de Dios, en la competitiva Corea

Un centro de prevención de los suicidios donde se ofrece esperanza y se subraya la dignidad de toda vida, grupos de formación bíblica en los que los jóvenes encuentran calor humano y descubren el amor de Dios a través de la Escritura, obras de caridad, oración en la calle para pedir justicia… Así evangeliza la archidiócesis de Seúl (Corea del Sur), donde sólo un 10% de la población es católica

María Martínez López

Un centro de prevención de los suicidios donde se ofrece esperanza y se subraya la dignidad de toda vida, grupos de formación bíblica en los que los jóvenes encuentran calor humano y descubren el amor de Dios a través de la Escritura, obras de caridad, oración en la calle para pedir justicia… Así evangeliza la archidiócesis de Seúl (Corea del Sur), donde sólo un 10% de la población es católica

En algunas de las grandes ciudades que estarán representadas en el Congreso de Barcelona, la Iglesia juega un papel muy importante, a pesar de ser minoritaria. Es el caso de Seúl, la capital de Corea del Sur, un país donde los católicos representan el 10%, pero crecen más que en ningún otro del mundo. Allí, la Iglesia lucha por articular respuestas a algunos de los desafíos que presenta la sociedad, como el materialismo, o la intensa competitividad. La semana pasada, por ejemplo, se celebraron las pruebas de acceso a la universidad, y ese día se restringe el tráfico rodado y aéreo para que los estudiantes lleguen bien a ellas y las hagan en un ambiente de silencio. Desde la primera infancia, toda su vida -incluido su tiempo libre– ha estado orientada a este momento. La presión hace mella en muchos jóvenes, y los suicidios en el país están disparados.

Junto a las diversas iniciativas civiles para luchar contra esta epidemia, la archidiócesis de Seúl puso en marcha One body, one spirit, un centro de prevención del suicidio que gestiona un teléfono de la esperanza y una página web. Atienden a las personas que se plantean quitarse la vida, tanto jóvenes como adultos -una de sus campañas se titula Papá, te queremos-, y también a sus familias, intentando transmitir a toda la sociedad un mensaje de esperanza basado en la dignidad de toda vida humana.

Pero el trabajo con jóvenes es mucho más amplio, y se concentra sobre todo en las parroquias. Según Ester Palma, Misionera del Evangelio de la Misericordia de Dios, la clave son las pequeñas comunidades que se forman, donde los jóvenes reciben «calor y un gran apoyo». Pone como ejemplo los Encuentros de Biblia para Jóvenes, una iniciativa lanzada en 1972 por las religiosas del Perpetuo Socorro, y que en 1988 fue adoptada por la diócesis de Seúl y se ha extendido por todo el país. Los jóvenes, en grupos de cuatro o cinco, estudian durante un par de meses cada uno de los cinco libros bíblicos que se proponen –Génesis, Éxodo, Mateo, Juan y Hechos de los Apóstoles-. Al terminar cada curso, hacen un retiro y pueden convertirse en monitores. Casi 5.000 jóvenes hacen este curso al año. «Les atrae mucho por el apoyo afectivo del grupo, por descubrir el amor de Dios a través de la Biblia, y porque les da responsabilidad».

La Iglesia en Corea también se hace presente a través de sus labor caritativa -atención a las bolsas de pobreza de las ciudades, a los ancianos, a los inmigrantes ilegales-, e incluso alzando su voz en el espacio público. Por ejemplo, tras el naufragio del ferry Sewol, o cuando alguna empresa ha lesionado los derechos humanos de sus trabajadores, la Iglesia, a través de su Delegación de Justicia y Paz, no ha dudado en salir a la calle, a manifestarse o a rezar y celebrar Misa. «Son gestos que hablan mucho a los no cristianos, y mantienen la buena imagen que tiene la Iglesia en Corea», desde los años 1970, cuando jugó un importante papel en la transición de la dictadura a la democracia.

María Martínez López