«La Amazonia, además de una reserva de la biodiversidad, es una reserva cultural que debe preservarse ante los nuevos colonialismos»

El Sínodo de la Amazonia de 2019 comenzó a andar formalmente durante la visita del Papa a Puerto Maldonado. Con un giro inesperado. Francisco dijo que no se conforma con prestar atención a las problemáticas de las comunidades aborígenes; quiere «una Iglesia con rostro amazónico», «una Iglesia con rostro indígena». Lo que significa que no hay evangelización sin interculturalidad, sin fundirse con las propias comunidades locales. En definitiva el Papa pide una Iglesia compañera de viaje, más madre que maestra, aunque sin abdicar ni de una ni de otra dimensión. Francisco advirtió así del peligro de idealizar acríticamente las culturas indígenas. Toda cultura necesita ser purificada. Pero la cuestión es que la evangelización no consiste en imponer recetas externas, sino en descubrir semillas del Evangelio y en regarlas con mucho amor y paciencia.

El modelo del Amazonas es válido para cualquier contexto cultural, donde nunca faltan elementos de bien, verdad y belleza. Esa identidad cultural es, para Francisco, un bien que proteger, puesto que –como sucede igualmente con la familia– aporta una insustituible protección a las personas, que quedarían de otra forma a merced de poderosos intereses económicos, políticos o culturales. Este es, probablemente, uno de los rasgos más originales del magisterio de Bergoglio, que bebe de las fuentes de la llamada teología del pueblo, en la que el elemento comunitario desempeña un papel central. «La Amazonia, además de ser una reserva de la biodiversidad, es también una reserva cultural que debe preservarse ante los nuevos colonialismos», dijo en Puerto Maldonado. El Papa puso nombre a varios de esos colonialismos que intentan dividir a las comunidades y se abren paso mediante la corrupción política. Desde la minería extractiva a las multinacionales biotecnológicas con sus mastodónticas plantaciones transgénicas, avanza un modelo de desarrollo económico que no solo devasta la selva, ya que «la degradación del medio ambiente no se puede separar de la degradación moral de nuestras comunidades». Pura Laudato si’, en definitiva, con enseñanzas desde el Amazonas válidas para el mundo entero.

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