Alzando la mirada - Alfa y Omega

Tengo ganas de que llegue el Papa a España. Aunque para quien les escribe, va a ser diferente a lo que imaginaba. Desde que se anunció la visita, los días quedaron marcados en rojo en el calendario. Tanto en lo profesional, como en lo personal. Confiaban en mí para presentar en mi cadena, Telemadrid, los programas especiales con los actos del Papa. Ya lo hice en la JMJ de 2011 en Madrid, con Benedicto XVI, una de las experiencias profesionales más bellas de mi vida. Pude narrar también la consagración de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona un año antes. 

Y, más recientemente, presentar los programas especiales por el fallecimiento de Francisco, el cónclave y la elección de León XIV, que viví con mucha emoción. Ahora, esta próxima visita a Madrid, Barcelona y Canarias supone para cualquier periodista —y más si eres católico—  lo que un mundial para un futbolista. 

Cuando me dijeron que en los próximos días debo pasar por quirófano para una operación importante y de recuperación lenta, se me cayó el mundo a los pies. Mi primera llamada, entre lágrimas, fue a mi jefe para contarle que me perdía los programas del Papa. Me quedo fuera del mundial. Me ha costado asimilarlo, porque dudo de que incluso pueda asistir como peregrino. Ese mismo día se presentó y escuché el himno. Su título (Alza la mirada) me ayudó a comprender que esto no va de mí, sino de Él, de sus planes. Miro a lo alto y veo que mi rol no estará en la pantalla entre focos y maquillaje; más bien, entre dolor, reposo y rehabilitación, alejado de las cámaras y la escena, para poder ofrecer mi dolor y mi recuperación por los frutos de esta visita. Para que Dios transforme muchos corazones. Y ahí, voy a darlo todo. Yo, con el Papa.