Domingo 12 de mayo: XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Redes sociales: un lugar de misión
El domingo se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, centrada este año en las redes sociales. Uno de cada siete habitantes de la tierra tiene perfil en Facebook, lo cual da una idea de la dimensión de este fenómeno, lleno de riesgos y peligros, pero también de oportunidades. También para la Iglesia
Este domingo, 12 de mayo, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Como es habitual, el mensaje del Papa –todavía Benedicto XVI– se hizo público el 24 de enero, fiesta de San Francisco de Sales, Patrono de los periodistas. Y, una vez más, estuvo centrado en las nuevas tecnologías, asunto que Benedicto XVI abordó en varias Jornadas precedentes.
¿Pero qué son estas redes sociales? ¿Cuál es su importancia? Para establecer la verdadera dimensión de este fenómeno, sirve de guía la comparación entre el dato de la población mundial, actualmente de 7.090 millones de personas aproximadamente, y los 1.000 millones de personas con perfil en la red social Facebook. Youtube cuenta con 800 millones de usuarios, QQ tiene 700 millones, Twitter cuenta con 500 millones de personas, Google+ tiene 343 millones de usuarios y Skype, por su parte, 280 millones.

Pero la importancia de las redes sociales no sólo se mide por el número de personas que interactúan a través de ellas, sino también por su capacidad de influencia. Muchas voces críticas se alzaron contra las redes sociales asegurando que el mundo virtual no tenía ninguna repercusión sobre el mundo real. Pero estas opiniones fueron desmentidas hace unas semanas, cuando un pirata informático entró en la cuenta de Twitter de la agencia de noticias AP y publicó un mensaje falso en el que aseguraba que la Casa Blanca había sufrido un ataque y que Obama estaba herido.
La broma sólo duró unos minutos, tiempo más que suficiente para que la Bolsa de Estados Unidos perdiera 150 puntos y 200.000 millones de dólares. Inmediatamente después, la propia agencia de noticias anunciaba que su cuenta había sido robada y que el mensaje era falso, y el mercado volvió a la normalidad.
Más que un medio
La Iglesia no podía quedar indiferente ante un fenómeno de estas dimensiones. En el contexto del Año de la fe, el continente digital emerge como uno de los desafíos actuales más significativos para la nueva evangelización. Y en ese punto, tiene una especial significación la figura de Benedicto XVI, que, con su entrada en la red social Twitter, revolucionó la comunicación de la Santa Sede y abrió un nuevo canal de comunicación para interrelacionarse directamente con el mundo de hoy. «El Papa quiere entrar en diálogo con los hombres y las mujeres de hoy en día», aseguró monseñor Claudio María Celli, Presidente del Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, al presentar la Jornada Mundial de Comunicaciones Sociales de este año 2013.
Pero ese diálogo no se produce con un instrumento, que también, sino en un lugar: «Aquellas personas que demonicen las nuevas tecnologías creo que no han entendido que Internet es más que un medio. Estamos hablando de un lugar. Benedicto XVI hablaba del continente digital, y, por lo tanto, los lugares son espacios idóneos para el encuentro, y nosotros estamos llamados a encontrarnos y no podemos callarnos lo que hemos visto, allá donde esté la gente, y hoy hay un porcentaje enorme de gente que también está en ese continente, en ese lugar», asegura don Isidro Catela, director de la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Española y autor del libro Hijos conectados (Editorial Palabra).

Si las redes sociales «nos van a limitar o anular el encuentro, yo empezaría a encender los semáforos naranjas», explica don Isidro Catela. Y pone este ejemplo:
«Claro que tiene sentido la educación digital. Que yo desarrolle una aplicación con mi hijo para hacer los deberes del cole es estupendo; ahora, eso no puede ir en detrimento del diálogo con mi hijo. Está bien que juguemos al fútbol en la pantalla, pero no por eso dejamos de ir a jugar al fútbol en el parque. Nuestra historia es la historia de un encuentro. Si con las redes sociales desarrollamos este encuentro, serán instrumentos estupendos. Si vamos a absolutizarlos, empezarán los problemas».
Oportunidades para la Iglesia
En las últimas semanas, la Iglesia ha vivido «acontecimientos históricos de una trascendencia inigualable», en los que «ha sabido aprovechar la oportunidad para darse a conocer, mostrarse al mundo como es y proponer su mensaje con profundidad y acierto», ha explicado a Radio Vaticano don José Gabriel Vera Beorlegui, director del Secretariado de la Comisión episcopal de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Española. Las redes sociales han jugado un papel de especial importancia, como cauce para la información inmediata ante la renuncia de Benedicto XVI y la elección del Papa Francisco.
Pero, además de propiciar el cauce de información, las redes sociales también pueden tener una utilización pastoral y facilitar el encuentro de Dios con los hombres. «Podría contar muchísimos casos de conversión a través de Internet», asegura el padre Juan Antonio Ruiz, sacerdote Legionario de Cristo, que cuenta con más de 13.500 seguidores en la red social Twitter. «Un tuit mío, o de cualquier católico que transmite con entusiasmo y alegría su fe, puede acercar a las personas a Dios», asegura. «Si me ven coherente, convencido de mi fe, sencillo y alegre en mis publicaciones, Dios se encarga de hacerles notar que ahí hay algo más. Normalmente, se empieza por el lado humano, y luego Dios se encarga del resto».
Redes sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización.
Estos espacios, cuando se valorizan bien y de manera equilibrada, favorecen formas de diálogo y de debate que, llevadas a cabo con respeto, salvaguardan de la intimidad, responsabilidad e interés por la verdad, pueden reforzar los lazos de unidad entre las personas y promover eficazmente la armonía de la familia humana. El intercambio de información puede convertirse en verdadera comunicación, los contactos pueden transformarse en amistad, las conexiones pueden facilitar la comunión. Si las redes sociales están llamadas a actualizar esta gran potencialidad, las personas que participan en ellas deben esforzarse por ser auténticas, porque en estos espacios no se comparten tan sólo ideas e informaciones, sino que, en última instancia, son ellas mismas el objeto de la comunicación […].
Las redes sociales deben afrontar el desafío de ser verdaderamente inclusivas: de este modo, se beneficiarán de la plena participación de los creyentes que desean compartir el Mensaje de Jesús y los valores de la dignidad humana que promueven sus enseñanzas. En efecto, los creyentes advierten de modo cada vez más claro que, si la Buena Noticia no se da a conocer también en el ambiente digital, podría quedar fuera del ámbito de la experiencia de muchas personas para las que este espacio existencial es importante. El ambiente digital no es un mundo paralelo o puramente virtual, sino que forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes. Las redes sociales son el fruto de la interacción humana pero, a su vez, dan nueva forma a las dinámicas de la comunicación que crea relaciones; por tanto, una comprensión atenta de este ambiente es el prerrequisito para una presencia significativa dentro del mismo.
La capacidad de utilizar los nuevos lenguajes es necesaria no tanto para estar al paso con los tiempos, sino precisamente para permitir que la infinita riqueza del Evangelio encuentre formas de expresión que puedan alcanzar las mentes y los corazones de todos. En el ambiente digital, la palabra escrita se encuentra con frecuencia acompañada de imágenes y sonidos. Una comunicación eficaz, como las parábolas de Jesús, ha de estimular la imaginación y la sensibilidad afectiva de aquellos a quienes queremos invitar a un encuentro con el misterio del amor de Dios. Por lo demás, sabemos que la tradición cristiana ha sido siempre rica en signos y símbolos: pienso, por ejemplo, en la cruz, los iconos, el belén, las imágenes de la Virgen María, los vitrales y las pinturas de las iglesias. Una parte sustancial del patrimonio artístico de la humanidad ha sido realizada por artistas y músicos que han intentado expresar las verdades de la fe.
En las redes sociales se pone de manifiesto la autenticidad de los creyentes cuando comparten la fuente profunda de su esperanza y de su alegría: la fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo.
Benedicto XVI
del Mensaje para la XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales