¿Cuánto cuesta hacer el bien?

Uno de cada tres contribuyentes confía en la Iglesia, a la hora de marcar la X en su Declaración de la Renta; también quienes pasan necesidad a quien primero acuden es a la Iglesia, a su parroquia más cercana, a Cáritas… Confianza a la hora de ayudar, y confianza a la hora de solicitar ayuda, pero para quien aún tenga dudas sobre los dineros de la Iglesia, aclaramos las dudas más comunes

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
La labor de la Iglesia comienza con el anuncio del amor de Dios y con los sacramentos; prescindir de esta dimensión haría de la Iglesia una ONG más

Uno de cada tres contribuyentes confía en la Iglesia, a la hora de marcar la X en su Declaración de la Renta; también quienes pasan necesidad a quien primero acuden es a la Iglesia, a su parroquia más cercana, a Cáritas… Confianza a la hora de ayudar, y confianza a la hora de solicitar ayuda, pero para quien aún tenga dudas sobre los dineros de la Iglesia, aclaramos las dudas más comunes:

¿Cómo se financia la Iglesia?

La mayor parte de los ingresos de la Iglesia procede de las aportaciones directas que los fieles realizan a través de colectas ordinarias y extraordinarias en las celebraciones litúrgicas, y también por medio de suscripciones periódicas, donativos, donaciones y herencias. Las aportaciones directas y voluntarias de los fieles son la principal fuente de financiación de las diócesis, y suponen más de un tercio de sus recursos disponibles. Alrededor de un 25% del presupuesto con que cuenta la Iglesia procede de la asignación tributaria, la famosa X de la Declaración de la Renta, pero este dato es relativo, ya que en diócesis como Madrid esta fuente de recursos apenas alcanza el 10% de los ingresos. Además de los ingresos corrientes (19%) de las diócesis, otra fuente de ingresos la constituye el rendimiento del patrimonio de la Iglesia, que alcanza el 11% del presupuesto.

¿Es verdad que el Estado subvenciona a la Iglesia?

En un Estado como el nuestro, en el que multitud de iniciativas de repercusión pública -deporte, artes, cultura…- obtienen de las Administraciones ayudas económicas y subvenciones, no sería extraño que la Iglesia recibiera una financiación pública directa, pero no es así, pese a que algunos sigan esgrimiendo la coletilla de que el Estado financia la Iglesia. El Acuerdo económico firmado por la Santa Sede y el Estado español en 1979 contempla que un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta se destine a la Iglesia, de modo que cada contribuyente -católico o no- manifieste expresamente su voluntad acerca del destino del 0,7% de sus impuestos. En realidad, a pesar de que la Iglesia es la institución con mayor proyección social, en la práctica se ve sometida cada año a este referéndum de la asignación tributaria. En cualquier caso, con esta fórmula, «el Estado se compromete a colaborar con la Iglesia católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico, con respeto absoluto del principio de libertad religiosa», afirma el Acuerdo. El Estado queda así como intermediario, no como un mecenas.

¿Pero la Iglesia no se comprometió a ir hacia su autofinanciación?

«La Iglesia católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades», afirma también el Acuerdo. En el hipotético caso de que se redujeran las necesidades -que en realidad son las necesidades de quienes acuden a ella, que aumentan cada año-, quizá sería posible sustituir el instrumento de la asignación tributaria por otro -algo que reclaman los mismos Acuerdos-, pero eso significaría que las puertas de la Iglesia quedarían cerradas para muchos que solicitan sus servicios y su ayuda.

También hay que tener en cuenta que los Acuerdos no parten de cero en la historia de la financiación de la Iglesia. El cardenal Rouco escribía hace algunos años: «El condicionamiento mayor, sufrido por y en la autofinanciación de la Iglesia a causa del Estado, ocurrió con las leyes de desamortización de principios del siglo XIX, que la despojaron de sus bienes, fruto de las donaciones generosas de generaciones y generaciones de cristianos a lo largo de muchos siglos. Esta masiva acción expropiadora del Estado cercenó decisivamente las posibilidades económicas del mantenimiento de la vida y el servicio pastoral de la Iglesia en sí mismas y, sobre todo, como resultado de la generosa aportación de sus miembros».

Al final, ¿cuánto recauda? ¿Cuál es su presupuesto?

Sólo por la vía de la asignación tributaria -que viene a suponer el 25% de los ingresos totales- la Iglesia percibe cada año casi 250 millones de euros. Con este dinero se crea un Fondo Común Interdiocesano, cuyo reparto en las 69 diócesis españolas se realiza según sus necesidades litúrgicas, pastorales y asistenciales, una vez tenida en cuenta su capacidad potencial de obtención de recursos. También se constituye un Fondo de Nueva Evangelización, que ayuda económicamente a la realización de proyectos pastorales y de evangelización en tierras de misión por todo el mundo.

Uy, ¡eso es mucho dinero! Los curas son muy ricos…

La Iglesia es rica, sí, en necesidades… Todo lo que entra por una puerta sale por la otra. Todo lo obtenido se destina de uno u otro modo a la evangelización y a los fines propios de la Iglesia, que son: sostener el culto divino, sustentar honestamente al clero y demás ministros, y hacer las obras de apostolado sagrado y de caridad, sobre todo con los necesitados.

¿Es verdad que lo que recauda la Iglesia por el IRPF está destinado a pagar los sueldos de los curas?

El Estado tiene en nómina a obispos y curas como si fuesen funcionarios, dicen algunos. No es verdad: las diócesis pagan el sueldo de los sacerdotes con el dinero que reciben del Fondo Común Interdiocesano y con las partidas que reciben por las otras vías ya mencionadas. No es dinero del Estado.

Entonces, ¿qué hace la Iglesia con su dinero?

Los destinos de dichas cantidades, como se recoge en la presente Memoria, van dirigidos a sostener los fines propios de la Iglesia católica: culto, clero, apostolado y caridad. Hay que considerar también que la labor de la Iglesia comienza con el anuncio del amor de Dios y con los sacramentos; prescindir de esta dimensión haría de la Iglesia una ONG más.

Además de la X en la Declaración de la Renta y de las colectas, los fieles podemos colaborar en el sostenimiento de la Iglesia con suscripciones periódicas, donaciones y herencias

Ya, ¿y qué pasa con el IBI?

Hay quien acusa a la Iglesia de no pagar el IBI, y tampoco es verdad. La Ley de Mecenazgo exime del pago del IBI a las instituciones que realizan una actividad de interés general y que no tienen fines lucrativos: partidos políticos, sindicatos, Cruz Roja, Fundaciones, federaciones deportivas, embajadas, terrenos de la RENFE, los inmuebles de culto de judíos, musulmanes, evangélicos y la Iglesia también. La Iglesia no es beneficiaria de un régimen fiscal privilegiado.

Vale, muy bien, ¿y qué puedo hacer yo?

No sólo es preciso preguntarnos ¿Qué puedo hacer?, sino ¿Qué debo hacer? Uno de los cinco mandamientos de la Iglesia es «ayudar a la Iglesia en sus necesidades». Además de marcar la X en nuestra Declaración, esas monedas que damos cada domingo en Misa son muy valiosas, pero, además de las colectas ordinarias, los fieles disponemos de varios instrumentos para colaborar en el sostenimiento de la Iglesia: las suscripciones periódicas para contribuir a los gastos de nuestra parroquia y/o nuestra diócesis, donaciones y herencias… En la concienciación en la responsabilidad hacia el sostenimiento de nuestra Iglesia todavía hay camino por recorrer.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo


Inmatriculaciones de la Iglesia:

¿Apropiación indebida?

Mucho se está hablando en los últimos años de las inmatriculaciones de los bienes de la Iglesia, dando a entender que ésta se apropia de bienes que no son suyos. Vaya por delante que no es así en ningún caso y en absoluto. La Iglesia no se está apropiando de nada que no sea suyo, sencillamente, porque no se puede registrar un bien que ya estuviera registrado y que fuera propiedad de otra persona o institución. Ha habido afirmaciones y juicios interesados sobre el tema y eso ha llevado a que muchas personas se hayan hecho una idea errónea de lo que está sucediendo. Vamos a intentar dar luz a todo el tema de las inmatriculaciones de la Iglesia.

Primero, lo ya dicho. No se puede registrar ninguna propiedad que estuviera registrada previamente a nombre de un particular, una institución o una asociación. Además, a eso hay que sumar que, hasta el año 1998 -ahora que, va a cambiar de nuevo la Ley Hipotecaria-, la Iglesia no podía registrar los bienes que eran de su propiedad. Ahora viene la pregunta: ¿de quién es la iglesia de este pueblo? ¿O la casa parroquial? ¿O esta pequeña ermita? Es tan evidente que huelgan explicaciones, pero, en aras de una transparencia necesaria, las damos. Es el segundo aspecto. Hay veces que se oye: «Es que la parroquia -vale también para una imagen sagrada de la Virgen María, de Jesucristo o de los santos; o una catedral, o una pequeña ermita o incluso una casa parroquial- es del pueblo desde siempre». La Iglesia está presente en España desde los primeros siglos del cristianismo. Desde el principio, los que se han preocupado de crear, mantener y conservar el patrimonio de la Iglesia han sido los mismos cristianos. Ellos han sido los que han colaborado en la construcción de templos que les sirvieran -como nos sirven ahora- para rezar, para celebrar la Eucaristía, etc. Ellos han sido los que, a veces con mucho esfuerzo, se han preocupado de que hubiera casa parroquial y estancias para la catequesis. Ellos han sido también los que han brillado a lo largo de la Historia por ejercer la caridad. En fin. El patrimonio de la Iglesia es de los cristianos, no del pueblo en general -y menos de los ayuntamientos o Administraciones públicas-, aunque a todos ha servido. Las Administraciones públicas han ayudado -¡ojo! también ayudan a otras instituciones y asociaciones que nada tienen que ver con la Iglesia- a su conservación y mantenimiento, pero una cosa es que hayan ayudado las mencionadas Administraciones públicas, y otra cosa distinta es que eso signifique un derecho de propiedad.

Por último, la Iglesia, además de los edificios destinados al culto o a su labor pastoral, ha recibido de la generosidad de los creyentes diversas propiedades. Son bienes de todos los cristianos que la Iglesia, desde sus personas e instituciones, tiene que cuidar y conservar.

Miguel Ángel Jiménez
Secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia