Continúan la violencia y la tensión en la capital de República Centroafricana - Alfa y Omega

Continúan la violencia y la tensión en la capital de República Centroafricana

El asesinato de un joven musulmán en la noche del viernes al sábado ha desencadenado graves enfrentamientos entre milicias musulmanas y anti-balaka, y entre estas últimas y las fuerzas de la ONU…

Redacción

El asesinato de un joven musulmán en la noche del viernes al sábado ha desencadenado graves enfrentamientos entre milicias musulmanas y anti-balaka, y entre estas últimas y las fuerzas de la ONU. La oposición ha intentado utilizar esta nueva oleada de violencia para desestabilizar las instituciones. Pero la población, que ha vuelto a refugiarse por miles en las parroquias, «no está interesada» en esta estrategia

Menos de dos meses antes de la visita del Papa a finales de noviembre, la capital de la República Centroafricana se encuentra sumida en la violencia. Según informa la agencia Fides, entre el 29 y 30 de septiembre se han producido enfrentamientos muy fuertes durante varias horas entre las fuerzas anti-balaka –creadas para combatir a las milicias seleka– y las fuerzas de la ONU de la MINUSCA, que han utilizado vehículos blindados, armas de grueso calibre y helicópteros de ataque.

Según fuentes locales, los cascos azules encontraron dificultades para «desarmar a un enemigo escondido entre las casas, en un laberinto de calles estrechas completamente inaccesibles a los coches, y mucho menos a los vehículos blindados. Sin embargo, al final la MINUSCA ha tenido éxito en su intento, ha liberado las calles y mantenido un férreo control. Sin embargo se han producido un número desconocido de muertes, heridos y casas quemadas, entre la población civil».

Desde entonces, la situación ha sido más tranquila, aunque el clima sigue siendo extremadamente tenso. En las horas posteriores, los anti-balaka volvieron a atacar la sede del Consejo Nacional de Transición (el parlamento local), que se encuentra cerca del barrio que es su fortaleza, y luego, una vez rechazados por las fuerzas de seguridad de defensa, parece ser que se han dirigido contra la cercana sede del Programa Mundial de Alimentos, otra ONG sanitaria y una gran gasolinera.

La población, refugiada en las parroquias

Esta oleada de violencia se desencadenó en la noche del viernes 25 al sábado 26 de septiembre, cuando un joven musulmán fue asesinado en un barrio cristiano de la capital. En represalia, el mismo sábado un grupo de musulmanes entró en dicho barrio, comenzó a disparar salvajemente, causó la muerte a una docena de personas y provocó otros cuarenta heridos. La población comenzó a abandonar sus hogares, y varios miles –entre 5.000 y 27.000 según las fuentes– han encontrado refugio en los campamentos para desplazados que todavía hay en varias parroquias.

En la tarde del sábado, las milicias anti-balaka (que se levantan en defensa de los cristianos y animistas) contraatacaron y se iniciaron los enfrentamientos entre ellos y las milicias musulmanas, que saquearon una parroquia y la casa de un pastor protestante, dirigente de la plataforma interreligiosa. En un primer momento, las fuerzas internacionales de la MINUSCA se vieron sorprendidas por los acontecimientos y no fueron capaces de reaccionar más que protegiendo sus propias instalaciones. Ese día, murieron al menos 21 personas y hubo 110 heridos. Desde entonces, se han producido varias decenas más de muertes.

«El orden público está lejos de ser seguro»

Los partidos de oposición se unieron inmediatamente a los anti-balaka para pedir un movimiento de desobediencia civil, que exija la salida del país a las fuerzas francesas, consideradas responsables de todo lo malo que sucede en el país; la reconstitución de las fuerzas armadas nacionales, la dimisión de la presidenta y su gobierno y el inicio de una nueva transición. Una primera manifestación el día 27, convocada por los anti-balaka fue dispersada por los disparos de la MINUSCA, que causaron algunas muertes. Horas después, las milicias asaltaron la prisión central y liberaron a los 600 prisioneros.

Una segunda manifestación, convocada para el día 30, fracasó por la escasa participación popular. Sin embargo permanece el problema –que le tocará a la presidenta, ahora que ha regresado– de restablecer el diálogo con la parte más dialogante de los anti-balaka para conseguir que renuncien a sus ambiciones desestabilizadoras y se preparen para las elecciones. Parece que se aleja el peligro de una derrocamiento de las instituciones, pero el orden público está lejos de ser seguro», concluyen las fuentes de Fides.

Fides/Alfa y Omega