«¿Cómo ha tratado la Iglesia en mi país a las víctimas?» - Alfa y Omega

«¿Cómo ha tratado la Iglesia en mi país a las víctimas?»

El cardenal Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal hizo examen de conciencia en nombre de los 190 participantes en la cumbre

Ricardo Benjumea
El cardenal Blázquez durante la vigilia penitencial, el pasado sábado. Foto: Vatican Media

«¿Qué abusos contra los niños y los jóvenes se cometieron por parte del clero y por otros en la Iglesia de mi país? ¿Qué sé sobre las personas de mi diócesis que han sido abusadas y violadas por sacerdotes, diáconos y religiosos? ¿Cómo ha tratado la Iglesia en mi país a los que han sufrido violencia de poder, de conciencia y sexual? ¿Qué obstáculos hemos puesto en su camino? ¿Los hemos escuchado? ¿Hemos intentado ayudarlos? ¿Hemos buscado justicia para ellos? ¿He cumplido con mis responsabilidades personales?».

Estas son las punzantes preguntas que dirigía el arzobispo de Valladolid y presidente del episcopado español durante la vigilia penitencial celebrada en la tarde del sábado en la Sala Regia del Palacio Apostólico.

«En la Iglesia de mi país –proseguía el purpurado español–, ¿cómo hemos tratado a obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos acusados de agresión sexual? ¿Qué hemos hecho con aquellos que han cometido crímenes sistemáticamente? ¿Qué he hecho personalmente para prevenir la injusticia y establecer la justicia? ¿En qué he faltado?».

Tampoco ahorró Blázquez preguntas incómodas al plantear el tsunami de desafección hacia la Iglesia que han provocado estos casos en muchas personas y comunidades cristianas. «¿Qué atención hemos dado en mi país a las personas que han visto cómo su fe se tambaleada, y a quien ha sufrido y ha sido herido indirectamente por estos sucesos horrendos?», se preguntó. «¿Se ha ayudado a las familias y a los allegados de los afectados? ¿Hemos ayudado a los fieles de las parroquias donde trabajaba el acusado y los que causaron el daño? ¿He acompañado personalmente a esas personas en sus sufrimientos?»

Y concluía: «¿Qué pasos se han dado en mi país para prevenir nuevas injusticias? ¿Hemos trabajado para ser firmes en nuestras acciones? ¿Hemos sido consistentes? En mi diócesis, ¿he hecho lo posible para llevar justicia y reparación a las víctimas y a los que sufren con ellas? ¿He descuidado lo que era importante?».

«Nada de encubrimientos»

De este encuentro, informaba esta semana el presidente del episcopado español a los miembros de la Comisión Permanente. Al cierre de esta edición estaba prevista una comparecencia suya ante la prensa. Una primera valoración la dio Blázquez este lunes, recién aterrizado de Roma, en El Espejo de COPE, que dirige José Luis Restán. El purpurado confesó haber quedado «conmovido hasta las lágrimas» al escuchar algunos testimonios en Roma. En el futuro, dijo, «la Iglesia quiere estar y además inequívocamente al lado de las víctimas, acogiéndolas, defendiéndolas, escuchándolas… Que sepan que en la Iglesia tienen un hogar y una familia, aunque hayan recibido una experiencia durísima» que haya podido «matar su fe». «Que sepan que en la Iglesia tenemos las puertas abiertas».

Y parafraseando fragmentos del discurso final del Papa en la cumbre, se comprometió a que en el futuro no habrá «nada de encubrimientos ni de silencios cómplices». La Iglesia de dotará de «protocolos» de actuación claros. No simples «orientaciones [genéricas], sino normas» sobre cómo proceder ante una denuncia. Incluyendo la «colaboración con el Estado». Porque el problema de los abusos requiere también una respuesta «penal», no solamente teológica.

Horas después, en declaraciones a Irene Pozo emitidas en Trece al día y El Cascabel, Ricardo Blázquez tenía palabras elogiosas para los medios de comunicación que han denunciado estos casos, asegurando que «nos han ayudado a despertar». De esta nueva conciencia, decía, surge el firme propósito de erradicar prácticas como las que llevaban «a veces» a que «un sacerdote que abusaba de un niño era trasladado a otra parroquia, pensando que así se iba a curar, pero no es verdad. Y mucho menos es legítimo el que se comprara el silencio con dinero, el que se impusiera el silencio con amenazas o por la fuerza. Es incorrecto y nos hemos dado cuenta».