Un gracias muy especial - Alfa y Omega

Un gracias muy especial

El ejemplo de la santa de Calcuta nos ayuda a entender los motivos que han llevado a 17.000 voluntarios a ofrecer su servicio mientras el Santo Padre ha estado en Madrid

Luis Miguel Modino

En cierta ocasión, un periodista norteamericano vio a la madre Teresa de Calcuta atendiendo a un enfermo con heridas hediondas y le dijo que él no haría eso ni por un millón de dólares. La religiosa respondió que por un millón de dólares ella tampoco lo haría, pues lo hacía por amor a Jesucristo.

Por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa

El ejemplo de la santa de Calcuta nos ayuda a entender los motivos que han llevado a casi 17.000 voluntarios y voluntarias a ofrecer su presencia y su servicio durante los días que el Santo Padre ha estado en Madrid. Se lo ha dicho explícitamente el pontífice. Lo han hecho «por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa», lo que le ha llevado a afirmar sin ambages: ¡Gracias de todo corazón!

Gente que, como recordaba León XIV, «os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos de vosotros os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, pero cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas». En un mundo donde la gratuidad está en riesgo, los cristianos somos llamados a ser ejemplo de que se es feliz teniendo la gratuidad como principio vital.

El Papa llamaba a eso, a «llevar al mundo la levadura de la gratuidad», a mostrar que hacemos las cosas sin esperar nada a cambio, como mostraba ante el Papa uno de los voluntarios, Nuño Adam Castrillo. Un padre de ocho hijos que «junto con mi mujer intentamos vivir la entrega a los demás, aprendiendo cada día», decía ante León XIV. Y es que como decía Nuño, «eso, en sí mismo, ya es evangelizar», dando «lo mejor de nosotros».

Lógicas diversas

Frente a personas que se aprovechan de las circunstancias para medrar, para hacerse ver, para sacar provecho, el ejemplo de voluntarios y voluntarias que se han dado por completo con gratuidad. Eso es lo que «hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la ‘ciudad de Dios’», decía el Papa agustino, siguiendo la reflexión del santo de Hipona. Y es que «la lógica del interés y del lucro», que León XIV ha denunciado, se ve en todo momento, inclusive en momentos como el vivido en los últimos días. Se trata de asumir el estilo de vida del Evangelio. Y así construir «el Reino de amor, de justicia, de paz», algo que han hecho los voluntarios y voluntarias.

Un agradecimiento que ha sido recíproco, pues también ha mostrado ese sentimiento hacia el Papa el cardenal José Cobo en nombre de la Iglesia que pastorea. Lo ha hecho por poder haber vivido «una experiencia de Iglesia misionera y en comunión». Por ver que «la Iglesia vive cuando sirve, cuando se entrega y cuando lo hace unida, mirando juntos al mismo horizonte misionero». Por hacer posible «el milagro del encuentro, de la acogida y de la comunión». Por contemplar en los voluntarios y voluntarias «el rostro más hermoso de la Iglesia: el de unas manos que sirven con alegría».

De todo se aprende, pero con quien más aprendemos es con las personas agradecidas. Sobre todo, cuando este agradecimiento es de corazón y no solo de cara a la galería. En León XIV se percibe ese modo de agradecer, inclusive en las distancias cortas. No duda en decir lo que le gusta, inclusive mucho. Pero a veces no hace falta hablar, y eso, en el caso del actual pontífice, se le nota en la cara… y en las lágrimas que a veces se le han asomado. Y cuando algo nos emociona de esa manera, no hace falta decir con palabras lo que sentimos.