Alianza entre Iglesia y familia - Alfa y Omega

Frente a los ataques contra la familia, el Papa no quiere discursos, sino pastores en medio de la gente, sin miedo a sus preguntas y a sus heridas

«La familia es nuestra aliada», porque «es la evidencia de una bendición irrevocable de Dios destinada a todos», les dijo el Papa a los obispos participantes en el Encuentro Mundial de las Familias, en el que dejó importantes indicaciones de cara al Sínodo que se inaugura el domingo.

Francisco es consciente de que la situación es dura. «Hasta hace poco vivíamos en un contexto social donde la afinidad entre la institución civil y el sacramento cristiano era fuerte y compartida, coincidían sustancialmente y se sostenían mutuamente. Ya no es así». Hoy vivimos en una cultura consumista de usar y tirar donde las relaciones personales son «un mero trámite para la satisfacción de mis necesidades». Pero «¿debemos condenar a nuestros jóvenes por haber crecido en esta sociedad?». «No caigamos en la trampa». De nada sirve lamentarse ni empeñarse «en explicar una y otra vez los defectos de la época actual y los méritos del cristianismo». Los pastores no deben dedicarse a «discursear», sino a «pastorear», a estar en medio de la gente, sin «miedo a las preguntas» ni a las heridas y caídas.

La «alianza de la Iglesia y la familia» que ha pedido el Papa en Filadelfia implica dedicar menos energías a lanzar anatemas –estrategia ineficaz o incluso contraproducente en el mundo actual–, y centrarse más en los mensajes positivos. «Hay que entusiasmar a los jóvenes» para que corran el riesgo de formar una familia, les dijo Francisco a los obispos. Esto es lo que hizo el propio Pontífice en el Encuentro Mundial de las Familias, al enfatizar la belleza de pequeños gestos de cariño, como «el plato caliente de quien espera a cenar, el desayuno temprano del que sabe acompañar a madrugar», «la bendición antes de dormir y el abrazo al regresar de una larga jornada de trabajo».

La palabra clave es ternura. Educar para la ternura. Predicar la ternura. Promover las condiciones sociales y económicas que permitan una vida digna a la familia, sin las cuales difícilmente se abre paso la ternura. Todo muy concreto. A esos ataques de tipo ideológico que continuamente denuncia, el Papa anima a responder, no tanto con discursos, sino con la fuerza del amor que se expresa en las «pequeñas cosas» del día a día en el hogar.