Águeda Nougués: «Esta acogida da voz a las personas víctimas y resignifica el espacio»
Nougués, de Entre Compases, explica lo que supone la presencia de la obra de la hermana Samuelle en la capilla del Santísimo de la catedral de la Almudena
—El arte puede ser un camino de sanación. ¿Qué supone que la capilla del Santísimo, en la catedral de la Almudena, marcada por los mosaicos de Rupnik, se esté resignificando a través de la obra de una de sus víctimas?
—Renacimiento – La sinfonía de las teselas es una iniciativa de arte y reparación promovida por la hermana Samuelle, mosaiquista francesa y Quentin Delcourt, cineasta. El corazón del proyecto es un mosaico monumental de 50 metros cuadrados. Propone un camino de sanación individual y colectivo para personas víctimas de abusos de poder, espirituales o sexuales en la Iglesia.
En abril, los creadores visitaron Madrid. El cardenal José Cobo recibió a la hermana en la capilla del Santísimo, el mismo lugar donde trabajó hace 15 años junto a quien abusó de ella. Esta acogida permite dar voz a las personas víctimas y resignifica el espacio dando la vuelta a la narrativa: el arte, que fue lugar de manipulación y herida, se convierte en camino de sanación.
—¿Diría que el mosaico puede ayudar a transformar un lugar marcado por el dolor en un espacio de oración y esperanza?
—Sí. El mosaico se compone de 200 fragmentos que se podrán enviar a distintos lugares del mundo. Para la hermana y para quienes nos vamos sumando al proyecto sería importante que Madrid acogiera uno. El deseo de la artista es que se pudiera ubicar en el frontal del altar de la capilla. El alma del proyecto es comunitaria. El abuso rompe los vínculos, aísla y fragmenta; el mosaico propone lo inverso: creación y reconstrucción colectiva uniendo teselas que llevan escritas por detrás intenciones, gritos y esperanzas de personas víctimas y acompañantes.
La hermana Samuelle dijo: «En el mosaico no estoy sola, estoy con otras personas víctimas en este movimiento de resurrección»; «el mosaico no soy yo, es él el que habla. Allá donde esté, se abrirá otra dimensión para quienes quieran dejarse tocar; me siento atravesada por esta obra como por una oración». Nuestro deseo sería que el mosaico le hable a quien lo contemple.
—¿Qué significó para la hermana Samuelle que el cardenal José Cobo la acogiera en la capilla del Santísimo?
—Tuvo un significado conmovedor y transformador por su autenticidad. Según sus palabras, lo que más la tocó fue el gesto concreto del arzobispo al firmar una tesela delante de ella, sobre el altar, junto a otras teselas allí depositadas.
Sintió que el cardenal «se puso al mismo nivel que las personas víctimas, no por encima, no diciendo bellas palabras, sino asumiendo el riesgo de estar al mismo nivel que nosotras». Son actos concretos, tangibles.

—¿Cree que la decisión de visibilizar a las víctimas no solo con palabras, sino también mediante gestos simbólicos y espacios concretos, marca una diferencia respecto a cómo se han afrontado hasta ahora estas heridas dentro de la Iglesia?
—Estos gestos y espacios marcan un cambio, dan cuerpo y comprometen a avanzar. Rompen el círculo del silencio, el miedo y la vergüenza. Otorgan un reconocimiento público y una memoria indispensables.
En una realidad eclesial donde los abusos de poder, conciencia y espirituales sobre personas adultas a menudo quedan fuera de las estadísticas y de las respuestas, estos signos son un paso para que la Iglesia asuma la verdad y se comprometa.
—La belleza ha ocupado un lugar importante en la tradición cristiana. ¿Puede también convertirse en un camino de justicia y verdad, una forma de reparación?
—Las personas víctimas y supervivientes nos han enseñado que el arte puede ser una vía importantísima en los procesos de reparación. En el caso del mosaico, estamos ante una belleza atravesada por testimonios de miles de personas. El mosaico revela su resistencia íntima. Es importante subrayar que estas iniciativas no reemplazan la exigencia de justicia, verdad y reparación debidas. Actúan como cauces complementarios en la recuperación de la dignidad de las personas, confrontan el mal estructural y visibilizan la necesidad inaplazable de reformar la Iglesia.
—Muchas víctimas hablan del silencio como una segunda herida. ¿Qué valor tiene para ellas encontrar espacios eclesiales donde poder crear, expresarse y ser reconocidas?
—Silencio y aislamiento son herramientas del abuso; la libre expresión y el arte colectivo pueden ser antídotos. El paso de Renacimiento por Madrid incluyó un Seminario en la Cátedra Pro+Tejer (UCM) y un encuentro en REPARA, donde los participantes pudieron escribir sus teselas y contemplar y escuchar creaciones de personas víctimas y supervivientes. Esto se preparó de manera co-creativa en los talleres que venimos animando desde hace tiempo.
Los ecos han sido conmovedores: no es un proyecto hecho para ellas, sino que es su propio espacio, su palabra y creación.
—El Papa León XIV visitará próximamente Madrid. Si pudiera dirigirle unas palabras, ¿qué le pediría o qué le gustaría compartir con él?
—Desde la fuerza de lo simbólico y en el camino sinodal, le pediría que escribiera su tesela y la integrara al mosaico. También, que la escucha a las personas víctimas de abusos de poder, de conciencia, espirituales y sexuales se traduzca en respuestas concretas de justicia, reparación y cambios estructurales. Le pediría que exhorte a las diócesis y promueva pastores que no tengan miedo de mirar a las personas víctimas y supervivientes a los ojos y preguntarles: «¿Qué necesitas?».
—¿Qué papel ha tenido Entre Compases en este proceso?
—Desde Entre Compases —proyecto de alianzas institucionales para la promoción de la salud espiritual— asumimos la venida de Renacimiento, articulando el Proyecto Repara de la archidiócesis y la Cátedra Pro+Tejer. Esta alianza muestra que la articulación entre atención, formación e investigación, arte y creación de recursos, es indispensable ante realidades tan complejas. Vivimos la experiencia de un mosaico humano vivo donde cada proyecto y persona aportó su riqueza y singularidad. Seguimos recogiendo con asombro lo que emerge de ello.