Cansa más no contar con Dios que el propio trabajo - Alfa y Omega

Cansa más no contar con Dios que el propio trabajo

San Isidro recibía críticas por rezar en vez de arar, pero la faena quedaba hecha. No es que no se esforzara, es que alzaba la mirada

Alfa y Omega

Aparte de patrono de Madrid, san Isidro Labrador lo es también de los agricultores españoles. Por tanto, su reciente festividad tiene mucho que decirnos, incluso a los que vivimos en una urbe de asfalto y trabajamos en una oficina. Ya nos lo recordó el cardenal Cobo el pasado viernes en la tradicional Misa de la Pradera, donde hablaba del enfado de su amo ante los chismes que decían que Isidro rezaba demasiado y trabajaba poco. Para comprobar tales acusaciones lo vigiló desde lejos y, para su asombro, Isidro rezaba al tiempo que los bueyes no paraban de arar. Fruto de este episodio, se fraguó la tradición que dice que los ángeles guiaban el arado. El arzobispo de Madrid se inclinaba más bien por pensar que «no quitaban el trabajo ni el esfuerzo a Isidro», sino que «él oraba trabajando y los ángeles le daban la fuerza». Esta divertida leyenda que los castizos reivindican porque la picaresca siempre consigue esbozar una sonrisa, en el fondo, nos interpela, aunque ya no nos ocupemos tanto con la azada bajo el sol sino dándole a la tecla iluminados por los fluorescentes. Cobo no cree que el problema de nuestro tiempo sea que recemos demasiado y que ello nos lleva a trabajar menos. Se inclina más bien por una tendencia que nos lleva a vivir sin alma, a dejar de lado el silencio y en consecuencia a Dios. El resultado es que el cansancio nos vence demasiado rápido, lo que hace que nos vaciemos por dentro y perdamos el rumbo. ¿Cómo cansarse menos? Alzando la mirada como hacía san Isidro y como invita el lema de la visita de León XIV, al que recibiremos en dos semanas. Mantener viva esa trascendencia deberá ayudarnos a, precisamente, recibir al Papa con un corazón esponjado y no con una mera sucesión de actos. Más allá de que las actividades salgan bien —que así será—, lo que escudriñarán nuestros vecinos es si nuestra alegría es o no de verdad. Así, como bien nos dice el arzobispo de Madrid, si contamos con Dios en nuestros cansancios «verán en nosotros el rostro de la Iglesia».