Real Madrid, Manos Unidas y las Esclavas del Divino Corazón unen fuerzas en Angola
Esta misión conjunta ofrece educación, deporte y formación en valores a cientos de niños en Luena
La Fundación Real Madrid acaba de celebrar una década de trabajo en Angola a través de su escuela sociodeportiva de Luena, un proyecto que desarrolla junto a Manos Unidas y su partner local, las Esclavas del Divino Corazón, fundadas por el Beato Marcelo Spínola. Hablamos con Ángela Lopera Casal, Esclava del Divino Corazón y misionera en Angola desde 2020.
—¿Cómo nació la colaboración entre Manos Unidas, las Esclavas del Divino Corazón y la Fundación Real Madrid?
—El proyecto comenzó en 2016. Manos Unidas ya colaboraba con nosotras apoyando la construcción de espacios educativos y, a través de los salesianos nos llegó la oportunidad de trabajar con la Fundación Real Madrid. Siempre digo que es un ejemplo de cómo la colaboración multiplica el bien. Manos Unidas hace posible la construcción y el desarrollo de la escuela; la Fundación Real Madrid aporta la marca y una metodología educativa basada en el deporte y los valores; y nosotras, las hermanas, acompañamos a diario a los niños y a sus familias para que el proyecto funcione.

—¿Cómo se articula esa colaboración en el día a día?
—La escuela sociodeportiva tiene dos pilares. Por un lado está la parte deportiva, que impulsa la Fundación Real Madrid. Por otro, la parte social, que cuenta también con el apoyo de Manos Unidas y que se redefine cada tres años. En este trienio, por ejemplo, todas las actividades sociales están centradas en la igualdad y el empoderamiento de la mujer. Además, la escuela sociodeportiva se integra en nuestro proyecto educativo.
Nosotras tenemos un centro con unos 800 alumnos, desde Infantil hasta Secundaria, además de un centro de formación profesional, ambos apoyados por Manos Unidas. La actividad de la Fundación Real Madrid funciona como una propuesta extraescolar, con deporte, teatro, danza, coro y apoyo escolar, siempre con una finalidad educativa y de transmisión de valores.
Deporte y apoyo escolar
—¿Cuántos alumnos participan en la escuela sociodeportiva?
—En el colegio estudian unos 800 alumnos y, de ellos, entre 300 y 400 participan de forma voluntaria en la escuela sociodeportiva a partir de cuarto de Primaria. La Fundación Real Madrid financia principalmente las actividades de fútbol y baloncesto, aunque también ofrecemos otras iniciativas como apoyo escolar, coro, teatro o biblioteca, abiertas a todos los alumnos, practiquen o no deporte.

—¿Cómo recibieron los niños la llegada de la Fundación Real Madrid?
—Fue un acontecimiento enorme. El éxito del proyecto tiene mucho que ver con el atractivo de la marca Real Madrid. Nuestro colegio está en una zona muy vulnerable, con muy pocas alternativas de ocio saludable, y formar parte de la Fundación supone para ellos un motivo de orgullo y un impulso para su autoestima.
Desde el principio se les explica que no se trata de una cantera del club, sino de un proyecto con una finalidad educativa y social. Aun así, sentirse vinculados a una institución conocida en todo el mundo les ilusiona muchísimo. Además, la Fundación cuida mucho la formación de los entrenadores, y eso se nota en la calidad del trabajo y en los resultados deportivos que están consiguiendo nuestros alumnos.
Un lugar de encuentro
—¿Qué aporta el deporte a estos jóvenes?
—Les ofrece una alternativa muy positiva frente a la calle, las drogas o la falta de oportunidades. Nuestro barrio apenas tiene espacios de ocio y siempre digo que el colegio es un oasis en medio del desierto. Contamos con instalaciones, material deportivo y un ambiente sano donde los chicos quieren pasar su tiempo. No solo vienen a entrenar; también acuden sus amigos y el colegio se convierte en un lugar de encuentro para todo el barrio.
—¿Qué ocurre cuando terminan su etapa escolar?
—Muchos no quieren marcharse. Siempre nos piden seguir vinculados a la Fundación y mantenemos un pequeño grupo de antiguos alumnos que continúan jugando al fútbol o al baloncesto y que pueden convertirse en futuros entrenadores. Pero, sobre todo, salen con otra forma de entender la vida. Han interiorizado valores como el respeto, la igualdad, el esfuerzo y el compromiso, que los entrenadores trabajan en cada sesión. Eso les anima a seguir estudiando y les ayuda a romper el círculo de la exclusión.
Con los años hemos visto cómo muchas familias han mejorado su nivel educativo y cómo los jóvenes afrontan los conflictos de una forma más dialogante, en un país donde esto no siempre fue así. La educación transforma poco a poco, pero transforma de verdad.