«Mientras lees esta entrevista, una monja reza por ti»
Claustros Necesitados (CLAUNE) cumple 75 años ayudando a las contemplativas de forma material y espiritual. «Muchas tienen dificultades incluso para comer», dice su subsecretaria
En 1951, un ingeniero jubilado, Antonio Mora Pascual, se puso en contacto con el obispo consiliario de Acción Católica, Zacarías de Vizcarra, para dar inicio al Instituto Pontificio Claustros Necesitados (CLAUNE), con el objetivo de ayudar por todos los medios posibles, tanto en el orden espiritual como en el material, a las monjas de los conventos y monasterios de España. En estos 75 años, la sensibilidad hacia las monjas «ha disminuido muchísimo, porque hoy la vida contemplativa es una gran desconocida, incluso dentro de la propia Iglesia», afirma Almudena Sánchez-Castillo, subdirectora de CLAUNE.
—CLAUNE cumple 75 años ayudando a la vida contemplativa en España. ¿Qué balance hacen de este recorrido?
—La verdad es que CLAUNE surgió hace 75 años gracias a un grupo de laicos que vio las muchas necesidades que estaban pasando los conventos de clausura y decidió unirse para intentar paliarlas. A lo largo de este tiempo hemos seguido creciendo y evolucionando. Nuestra labor se centra, por un lado, en la formación, con ejercicios espirituales, charlas y cursos para las comunidades, y, por otro, en la ayuda material, respondiendo a las necesidades que nos trasladan los conventos gracias a nuestros benefactores.

—¿Qué tipo de ayudas concretas prestan a las comunidades?
—Uno de nuestros principios siempre ha sido ayudar también a las monjas a trabajar, siguiendo el «ora et labora». Hemos financiado maquinaria para elaborar dulces, realizar bordados o montar obradores. También colaboramos en el mantenimiento de conventos muy antiguos, con cambios de ventanas y otras mejoras. Como las comunidades están muy envejecidas, ahora ayudamos mucho con rampas, ascensores, camas articuladas o medicamentos. Además, apoyamos económicamente la formación de las hermanas, incluso para que puedan desplazarse a sus países de origen cuando es necesario. También hemos financiado pozos y, últimamente, tractores para las huertas, porque muchas comunidades ya no tienen fuerzas para trabajarlas.
Ayuda íntegra
—¿Cómo se financia CLAUNE?
—Todo es gracias a socios y benefactores. Desde hace 75 años contamos con personas que colaboran de forma mensual o anual, además de donativos puntuales. Todo lo que hacemos se sostiene gracias a esas aportaciones. Además, todos los que trabajamos en CLAUNE lo hacemos de forma totalmente gratuita, de manera que todo el dinero que entra se destina íntegramente a ayudar a la vida contemplativa.

—¿Ha cambiado la sensibilidad hacia la vida contemplativa en estos 75 años?
—Sí, ha disminuido muchísimo porque hoy la vida contemplativa es una gran desconocida, incluso dentro de la propia Iglesia. Antes los conventos eran mucho más conocidos. En los pueblos siguen siendo un punto de referencia y la gente mantiene más contacto con las religiosas, pero en las grandes ciudades muchos conventos pasan completamente desapercibidos. Al ser una realidad poco conocida, también recibe menos ayuda. Antes había más donativos e incluso muchas personas dejaban parte de su herencia a la vida contemplativa.
Ahora una de nuestras grandes preocupaciones es darla a conocer, sobre todo entre los jóvenes. Cuando la descubren, la quieren, se interesan y ayudan. A nosotros nos gusta decir que mientras estamos haciendo algo, hay un monasterio que está rezando por ti. Por eso mismo, mientras alguien lee esta entrevista, que sepa que hay una monja rezando por esa persona.
—¿Cuáles son hoy las principales dificultades de las comunidades contemplativas?
—La primera es que muchas monjas tienen dificultades incluso para comer. La escasez de vocaciones ha envejecido muchísimo las comunidades y muchas religiosas ya no pueden producir como antes ni obtener ingresos. Tienen pensiones muy bajas y cada vez es más difícil afrontar gastos como la electricidad. Aunque reciben ayuda del Banco de Alimentos y de algunas empresas, siguen teniendo necesidades muy urgentes. Además, los conventos son edificios muy grandes y antiguos, con un mantenimiento muy costoso, y en invierno muchas comunidades pasan mucho frío.
Cómo ayudar
—¿Cómo puede ayudar quien quiera colaborar con la vida contemplativa?
—Tenemos una página web de CLAUNE, donde cualquiera puede conocer mejor la realidad de la vida contemplativa y también pueden ayudarnos mediante transferencias, Bizum o poniéndose en contacto con nosotros. Siempre estamos encantados de explicar los proyectos que tenemos en marcha y las necesidades más urgentes.

—¿Qué proyectos necesitan ahora mismo financiación?
—En este momento necesitamos financiar un ascensor para una comunidad de religiosas, un tractor para otra comunidad muy envejecida y seguimos necesitando ayudas para camas articuladas y otras necesidades materiales de las monjas. Además, el pago de los suministros, especialmente de la luz, supone uno de sus mayores problemas, porque el coste es muy elevado y muchas comunidades no pueden afrontarlo.
—Más allá de la ayuda económica, ¿qué se pierde quien no conoce la vida contemplativa?
—Se pierde una riqueza enorme. Siempre digo que, ahora que está tan de moda viajar, una buena opción es acercarse a un convento, entrar en el locutorio y hablar con las madres. Ellas aportan mucho más de lo que reciben. Cuando las conoces, las quieres. Desde CLAUNE también facilitamos ese contacto a quienes quieran visitar un convento o pedir oración. Además, nos gustaría poner en marcha una iniciativa para «apadrinar conventos», creando una relación estable entre los laicos y las comunidades contemplativas. Sería una forma muy bonita de acercar dos realidades que se necesitan mutuamente y de hacer que las religiosas estén más presentes en la vida cotidiana de la Iglesia.