«Dios estaba sufriendo» en el incendio de Los Gallardos

Sacerdotes en el incendio de Los Gallardos: «Dios estaba sufriendo con quienes sufrían»

Dos sacerdotes de Almería relatan cómo vivieron desde dentro la tragedia de Bédar y Los Gallardos

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Imagen de la zona tras el paso de las llamas. Foto: Francisco J. Olmo / Europa Press.
Imagen de la zona tras el paso de las llamas. Foto: Francisco J. Olmo / Europa Press.

«Hay momentos en los que el ministerio sacerdotal se vuelve especialmente silencioso. No hacen falta grandes discursos ni respuestas fáciles. Basta con estar. Escuchar. Llorar con quien llora. Tender la mano. Rezar». Así comienza el emotivo testimonio que ha hecho público la diócesis de Almería en relación al incendio que ha golpeado Bédar y Los Gallardos. En él, Víctor Manuel Fernández, párroco de Los Gallardos y Bédar, comparte cómo ha vivido estos días desde la fe, el servicio y esa mirada de pastor que nunca abandona a su rebaño. «Dios estaba sufriendo con quienes sufrían», dice.

—¿Cómo recuerda las primeras horas del incendio? 
—Han sido unos días muy duros. Nunca pensamos que tendríamos que afrontar una tragedia así. Al principio confiábamos en que el incendio pudiera controlarse, pero las circunstancias hicieron que avanzara con una rapidez impresionante. Mi primera preocupación fue localizar a la gente de la parroquia, saber si estaban bien. También retirar del templo los libros sacramentales, la imagen de la Virgen de la Cabeza y el Santísimo. Gracias a Dios el casco urbano de Bédar se salvó, pero muchas barriadas y cortijadas sufrieron gravemente las consecuencias. 

Vecinos evacuados de sus casas durante el incendio. Foto: Victor Rodriguez archsev.
Vecinos evacuados de sus casas durante el incendio. Foto: Victor Rodriguez archsev.

—¿Cuál fue el momento más difícil? 
—Sin duda cuando comenzaron a confirmarse las noticias de los fallecidos. Al principio uno no quiere creerlo. Piensas que quizá sea un rumor, una confusión propia del caos de esos momentos. Pero poco a poco la realidad se impone. Ahí el corazón se rompe. También hubo momentos de enorme preocupación por personas mayores que vivían solas y de las que no sabíamos nada. Fueron horas de mucha angustia. 

Que nadie se sintiera solo

—¿Qué significa ser párroco en medio de una tragedia así? 
—Significa ponerse al servicio para todo. Da igual si es acompañar espiritualmente, preparar un bocadillo, ayudar a evacuar a alguien o simplemente estar disponible. Desde el primer momento ofrecimos toda nuestra colaboración a los ayuntamientos, a Cruz Roja, a los bomberos y también a los sacerdotes de los pueblos vecinos. Lo importante era que nadie se sintiera solo. 

—Ha estado estos días en numerosos medios de comunicación. ¿Cómo ha vivido esa responsabilidad? 
—No estoy acostumbrado a esa exposición pública. Soy una persona bastante tímida. Pero entendí que era importante dar voz a lo que estaba viviendo nuestro pueblo y transmitir esperanza. Conforme avanzaban los días el cansancio también hacía mella y la emoción afloraba con más facilidad. Porque uno también es humano. 

¿Dónde estaba Dios?

—Desde la fe, ¿dónde estaba Dios en medio de tanto dolor, en el incendio de Los Gallardos? 
—Es la pregunta que muchos hacen: «¿Dónde estaba Dios?». Yo creo que Dios estaba en la cruz, sufriendo con quienes sufrían. Pero también estaba en las manos de los bomberos, de los militares, de los sanitarios, de los pilotos, de los policías… y en todas esas personas anónimas que dejaron sus cosas para ayudar a los demás. Ahí estaba Dios actuando. 

—¿Con qué imagen se queda de estos días? 
—Con la enorme solidaridad de nuestra gente. Restaurantes cerrando para cocinar para los evacuados, pequeños comercios preparando bocadillos hasta la madrugada, vecinos acogiendo a otros en sus casas. Eso demuestra la grandeza de este pueblo. Ahora llega otro trabajo: reconstruir, acompañar el duelo y seguir ofreciendo esperanza. Porque Bédar volverá a ser ese pueblo precioso que siempre ha sido, aunque nunca olvidaremos a quienes hemos perdido. 

La Iglesia, «uno más» entre un pueblo solidario

José María Parra, párroco de Garrucha —municipio que acogió a muchos de los evacuados—, ha contado también a la diócesis de Almería su experiencia de estos días en relación con el incendio de Los Gallardos. «<span class=»NormalTextRun SCXW197300852 BCX0″>Desde el primer momento la gente de Cáritas y de la parroquia nos pusimos a disposición para ayudar en todo lo que hiciera falta. La Iglesia ha sido uno más entre tantos vecinos que se volcaron con una solidaridad extraordinaria», afirma. En este sentido, «muchísimas familias abrieron las puertas de sus casas para acoger a personas desalojadas. También hoteles, comercios y muchísima gente colaboraron con un amor y una solidaridad admirables».