Esta parroquia tenía hasta una máquina de rayos X
El ropero de Santísimo Cristo de la Victoria sigue vistiendo a los más desfavorecidos de Madrid. Por sus cursillos prematrimoniales han pasado miles de novios
Las parroquias del centro de Madrid siguen siendo faros en medio de una ciudad en un cambio constante. A medida que pasan los años, estas calles ven llegar y marcharse a personas y familias de muy variado perfil socioeconómico y hasta de distinta nacionalidad, pero los emblemáticos edificios que custodian el sagrario y alimentan la fe de los vecinos siguen en pie, dando luz al barrio.
Es el caso de Santísimo Cristo de la Victoria, en pleno Chamberí, uno de los barrios clásicos de la capital. La parroquia se creó en 1940, pero el templo no pudo inaugurarse hasta 1963. Las familias que vivían en la zona en aquellos años han dado paso a un perfil poblacional bastante variado. Entre los 10.000 vecinos que viven en el territorio parroquial, «la mayoría es de clase media, pero también tenemos un porcentaje de gente humilde, porque quedan edificios de renta antigua y otros que tienen ya bastantes años y acogen a familias con menos posibilidades», cuenta Alfredo Jiménez, el párroco.
Sin embargo, este perfil está desapareciendo. Si años atrás las calles de Chamberí acogían a inmigrantes y personas en riesgo de exclusión social, eso ya no es así. «Desde la pandemia, y debido a la evolución de la economía, que está encareciendo muchísimo las viviendas, el porcentaje de personas con dificultades económicas es cada vez menor. Muchos se han ido buscando barrios más económicos, incluso fuera de Madrid. De hecho, en Cáritas atendemos a menos gente de la zona», afirma Jiménez.
Lo que sí persiste es una abundante población joven, debido a la cercanía de múltiples facultades universitarias en el entorno. «Eso se nota mucho en la parroquia —atestigua—, sobre todo los domingos en la Misa de nueve de la noche, porque se llena de universitarios».
140 años de servicio
A la hora de contar la pastoral del templo, Jiménez muestra su reconocimiento a los tres sacerdotes que le han precedido al frente de la comunidad parroquial: Alfonso Muñoz, Jesús Revuelta y Pedro Domínguez. «Entre los tres han sumado más de 140 años de servicio pastoral aquí, lo que es una auténtica barbaridad», dice con reverencia. Por eso, «soy heredero de un trabajo sacerdotal excelente, que ha creado una comunidad parroquial muy centrada, muy viva y con las ideas realmente claras», añade.
Sobre todo, valora «la implicación de los laicos en toda la pastoral y en las actividades. Son gente muy apostólica y comprometida, aunque evidentemente ya es algo mayor y estamos inmersos en un proceso de renovación». En esta dinámica, tiene claro que «todas estas personas que han trabajado tanto son las que en realidad muestran el camino que tenemos que recorrer. Mi deseo es que los que vengan detrás tengan el mismo ideal de compromiso y de entrega que aquellos que les han precedido».
En este sentido, la parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria es conocida en todo Madrid por lo que Jiménez define como «dos buques insignia». Uno, el cursillo prematrimonial, por el que han pasado miles de novios de todo Madrid e incluso de fuera de la región. «Es muy habitual que la gente te diga que hicieron su curso de novios aquí», cuenta.

El otro es Cáritas. «Lo ha sido siempre y lo sigue siendo, aunque el perfil sociológico de la zona haya cambiado», dice el sacerdote. «Tenemos la suerte de que la parroquia tiene mucha superficie y capacidad también para dedicar espacios grandes a fines concretos», abunda. Por eso, el de Cáritas es un local grande, que en tiempos llegó a albergar una máquina de rayos X con una sala especialmente acondicionada para ello. Y también destaca el ropero, «al que viene medio Madrid, porque aquí recogemos toneladas de prendas. De hecho, podemos surtir a la iniciativa Moda re-, de Cáritas: vienen una vez a la semana a llenar una furgoneta», cuenta.
En definitiva, en la parroquia hay cosas que funcionan desde hace años y otras que hay que actualizar. Entre estas últimas está la propia renovación del edificio, una tarea «de siete cifras» en la que está empeñada toda la comunidad parroquial. «Ahora mismo estamos centrados en la rehabilitación del tejado y de la iglesia, que era ya necesario después de tantos años», concluye el párroco.