San Leandro evangelizó a la inmigración nacional y hoy a la latina
Esta parroquia nació en los años 60 del siglo pasado en lo que entonces era el extrarradio de Madrid. Sus 141 voluntarios dan compañía y escuchan soledades
Los Oblatos de María Inmaculada fueron a hacer misión al Madrid de las periferias en los años 60 del siglo pasado, y siguen haciéndolo hoy con proyectos misioneros en el extranjero, décadas después. En aquella primera época, el arzobispo Casimiro Morcillo pidió ayuda a institutos religiosos y congregaciones para implantar la Iglesia en los barrios de aluvión, dada la escasez de clero diocesano suficiente para ello.
Así, en la zona de Campamento, en el barrio de Aluche, aterrizaron redentoristas, trinitarios y escolapios, que además de regentar una parroquia también dirigían un colegio asociado. Y de este modo llegaron también los oblatos a San Leandro, sin una labor educativa «porque nuestro carisma es la evangelización de los pobres y de los más abandonados,», explica el párroco, David López.
Esta dimensión misionera, que entonces los llevó a dar servicio pastoral a numerosas familias procedentes de la inmigración nacional, la siguen desplegando hoy en día con los inmigrantes de otros países que en las últimas décadas se han asentado en esta zona. «Los primeros vecinos se han ido haciendo mayores y ya quedan pocos. Lo que ha crecido, sobre todo, es la población latina, más joven. Y eso se nota mucho en nuestras parroquias», confirma López.

En línea con su ADN misionero, su seña de identidad, cada año San Leandro impulsa y financia un proyecto solidario en países en desarrollo. En la última ocasión, la iniciativa estuvo destinada a la compra de un autobús escolar para un centro educativo de Senegal. Para recaudar los fondos necesarios, la comunidad organizó diversas actividades a lo largo del año, como mercadillos solidarios, una carrera benéfica por el barrio con la colaboración de comercios y negocios locales, un festival misionero con actuaciones musicales y una concurrida paella solidaria que el año pasado reunió a unas 240 personas. Gracias a estas iniciativas se lograron recaudar más de 10.000 euros, lo que superaba el objetivo inicial y permitía financiar la adquisición del vehículo escolar.
El otro gran foco de atención parroquial es el de los jóvenes. «Aquí se ha trabajado mucho con la juventud y siempre se ha mantenido un grupo estable, lo cual no es nada fácil», confirma el párroco. Así, hubo épocas bastante fuertes en los años 80 y 90, en lo que se llamaban los grupos de vida; esos jóvenes de entonces tienen ahora unos 40 o 50 años y muchos de sus hijos han continuado ahora en la comunidad. «Eso es bonito, porque supone que ha habido una transmisión de la fe en las familias y que hemos ayudado en esa labor», dice David López.

Muchos de ellos están ahora en el campamento parroquial, al que se han apuntado 70 niños, lo que forma parte del itinerario que les ofrece San Leandro. Durante el año, se los invita a un camino semanal de encuentro en el que hay un momento de formación y otro de oración, con un espacio para compartir vida e inquietudes. Por su parte, los más pequeños participan en un programa de catequesis que tiene dos modalidades. Las más clásica supone que los niños vayan todas las semanas a recibir su formación. Pero también hay un itinerario familiar, que hacen padres e hijos juntos. «Vienen dos domingos al mes a Misa y después se hace una catequesis para los padres, con el objetivo de que se trabaje los días siguientes en familia, cada una en su casa», cuenta el párroco.
En cuanto a las iniciativas sociales, San Leandro sostiene varias de ellas gracias a nada menos que 141 voluntarios. El párroco destaca, junto a la Cáritas parroquial, el proyecto Lázaro, enfocado a dar compañía a personas solas, a ayudarlas con alguna gestión o simplemente a acompañarlas al médico. Junto a ello, la comunidad participa de manera activa en el centro de escucha de la zona, «con una gran demanda sobre todo en casos de duelo», asegura López.