Donde los que reciben ayuda «vuelven luego para echar una mano»
En la parroquia San Basilio el Grande, la labor de caridad incluye terapia gratuita o ayuda para salir del alcoholismo. Es «de ida y vuelta», porque muchos que piden ayuda se integran en la comunidad
Quizá la palabra que más caracteriza a la parroquia San Basilio el Grande, la más cercana a Madrid Río, sea «integración». Aquí caben todos y, sobre todo, caben juntos, porque no hay compartimentos estancos. Situada en el barrio de Arganzuela, los feligreses son más bien de edad avanzada «y muy fieles, sienten la parroquia como suya», asegura Antonio de la Calle, el párroco del templo. Debido al perfil sociológico de la zona, no hay mucha gente joven. «Pero eso está empezando a cambiar muy poco a poco», gracias a algunas nuevas familias que consiguen solventar el grave problema de la vivienda en Madrid.
Aun así, la Misa de niños «se llena todos los domingos», atestigua el párroco. A edades más tempranas, intentan que les sea «entretenida». Por eso integra alguna dinámica y algo de magia. Pero conforme se van haciendo mayores, les hacen ver que la Eucaristía «es algo mucho más grande, que tiene que ver con ellos y con su interior». Quieren «que estén preparados para ir a Misa en cualquier comunidad cristiana».
En este recorrido hacia la fe adulta no están solos: los acompaña toda la parroquia y especialmente los mayores. «Queremos que los niños conozcan a los ancianos e interactúen con ellos», destaca De la Calle. De hecho, la Misa de niños de cada domingo se suspende de vez en cuando y en su lugar se celebra una Eucaristía con unción de enfermos; entonces, cada niño tiene que apadrinar a un abuelo y acompañarle personalmente en la unción. «En otros domingos señalados, nos juntamos toda la comunidad cristiana, mayores y pequeños. La liturgia la llevan entre todos. Los niños están acostumbrados a ver a gente mayor y a tratarla», afirma el sacerdote.

Entre unos y otros están las cinco comunidades de adultos que viven la fe de manera más cercana: «Cada una viene un día de la semana para compartir la vida, la fe y la experiencia de Dios». Sus miembros proceden de la formación de adultos y del catecumenado que funciona aquí desde hace años. Además, tienen como particularidad que cada grupo debe implicarse en un proyecto solidario concreto. Así, por ejemplo, uno ofrece compañía a personas con discapacidad psíquica para aliviar el peso del cuidado a sus familias, mientras que los participantes en otro imparten clases de refuerzo escolar a niños del barrio.
Esta vertiente caritativa también se refleja en varios equipos de Cáritas que se organizan para dar servicios distintos. Todos los proyectos están bajo la guía de Karima Palomino, como responsable. Unos hacen acogida y seguimiento; otros organizan el reparto de alimentos, o se encargan del ropero.
Entre los feligreses hay incluso un equipo de alquileres, encargados de buscar en el barrio edificios y viviendas para facilitar un hogar a quienes acuden a la parroquia a pedir este tipo de ayuda. Hay un grupo más especializado en salud mental, en el que un psicólogo ofrece terapia gratuita, individual y grupal, a la que acuden muchos inmigrantes, «porque vienen muy dañados». El mismo párroco forma parte de otra iniciativa que se ocupa de la gente que está en la calle. Señala con gratitud que con su apoyo ya dos personas han dejado atrás «la intemperie y del alcoholismo».

Al paso de la actualidad y de las necesidades más urgentes, en San Basilio el Grande hay por último varios voluntarios trabajando en la regularización de inmigrantes. «Sobre todo, ayudamos a conseguir citas, porque está resultando imposible para muchos», cuenta De la Calle. También gestionan los certificados de antecedentes y de vulnerabilidad, «pero solo con gente que ya conocemos en la parroquia desde hace años».
Todo este despliegue parroquial hacia las necesidades de muchos se ve acompañado también por un sorprendente fenómeno de integración que protagonizan bastantes de las personas que son ayudadas en la labor caritativa: «Es como un movimiento de ida y vuelta», explica el párroco, que es testigo de cómo muchos que han recibido algún tipo de empujón para su vida «luego se quedan en la parroquia para echar una mano». Así, conoce a varias de estas personas, «incluso de religión musulmana, que cuando salen adelante se presentan para ayudar a organizar el reparto de comida y de ropa, o incluso dan dinero para apoyar la labor de caridad. Y luego es fácil ver a algunos de ellos también en Misa».