Cuatro parroquias y un colegio unen fuerzas para atender al barrio
La unidad pastoral del Gran San Blas es un trabajo en equipo «para crear un ambiente de familia» atractivo para todos, dice el párroco de Virgen del Mar
«En toda la Iglesia, deseamos promover espacios donde el pueblo de Dios pueda escucharse, orar, discernir y caminar juntos», decía el Papa León XIV el sábado pasado al concluir el consistorio de cardenales. A su propia escala es lo que llevan haciendo desde hace tiempo las parroquias Virgen del Mar, Virgen de la Candelaria, San Joaquín —a cargo de los religiosos guanelianos— y San Blas, y —como algo novedoso— el colegio López Vicuña, de las religiosas de María Inmaculada. Todas estas realidades conforman la unidad pastoral del Gran San Blas, que, aunque no tiene un reconocimiento canónico como tal, «sí supone un trabajo en equipo que se hace por convencimiento propio de cada comunidad y de cada párroco», afirma Enrique Abánades, que lo es de Virgen del Mar y además coordina esta realidad.
A diferencia de otras unidades pastorales y de otras iniciativas como la fusión de parroquias, en la unidad pastoral del Gran San Blas «cada parroquia tiene su párroco, pero trabajamos coordinadamente en grupos para la misión, y así diseñamos las líneas pastorales en conjunto: Cáritas, la pastoral juvenil, la de mayores, la de la salud, la catequesis de niños, las iniciativas de espiritualidad…», cuenta Abánades.
La realidad en la que operan es la de un barrio, San Blas, «muy castigado por situaciones humanas de frontera. En los años 80 sufrió el drama de la heroína, algo que hemos visto volver últimamente. A ello se suma hoy la situación de la inmigración, con muchas familias hacinadas en habitaciones, incluso de cinco o seis personas, que luego son atendidas por las Cáritas de la unidad pastoral». En esta línea, Abánades valora la labor del López Vicuña, que permite la coordinación parroquia-familia-colegio y la integración de los menores tanto en el barrio como en las catequesis de infancia y en el grupo juvenil.
Junto a todo ello, existe un fenómeno emergente: la soledad no deseada, que se ceba sobre todo en los mayores. «Aquí trabajamos también en conjunto con las Hijas de la Caridad y otras congregaciones presentes en el barrio y con los servicios municipales», cuenta el sacerdote.
Este unir fuerzas para dar respuesta a todos estos desafíos no nace del activismo. «Cada día hay una oración del grupo de espiritualidad» y una Eucaristía por iglesia, señala Abánades. Y todo comienza simplemente «con los laicos del grupo de acogida abriendo las puertas a todo el que quiera entrar».

Luego se despliegan todas las actividades, tanto las celebrativas como las caritativas. Hay de todo en las cuatro parroquias: desayunos y meriendas comunitarios, talleres de memoria, de ganchillo, de costura, baile, gimnasia, un club de ajedrez… Los grupos de jóvenes y adolescentes se encargan de llenar los locales los fines de semana, mientras los domingos se reservan a la catequesis de niños, que también busca implicar a los padres. En una dimensión más espiritual, hay desde la oración del silencio a la danza contemplativa, pasando por un grupo de alabanza y de intercesión al estilo carismático. Junto a ello, el templo da espacio a la devoción a la Divina Misericordia, por ser el santuario diocesano dedicado a ella.
«La clave de la unidad pastoral y de cada parroquia es crear un ambiente de fraternidad y de familia, para que la gente se sienta especialmente vinculada a la comunidad», atestigua el coordinador. Menciona en esta línea un grupo de escucha que funciona a nivel arciprestal: «Tener este espacio ha permitido que muchas personas vengan y abran su corazón. Así han venido varias víctimas de abusos que luego hemos remitido a Proyecto Repara, o adolescentes del colegio que han coqueteado con la idea del suicidio», cuenta.
Esta forma de trabajar está recibiendo el interés de la archidiócesis y Abánades entrará a formar parte el curso que viene del equipo de formadores del seminario. Su experiencia pastoral ayudará a que los curas que vienen «vivan su ministerio según los signos de los tiempos y den una respuesta más encarnada a la realidad que tenemos alrededor».