La parroquia que abre de noche para que la gente entre a llorar
Por iniciativa personal del párroco, la parroquia de San Ildefonso cierra muy tarde para acoger a aquellos jóvenes «hartos ya de la noche»
Hay una parroquia en Madrid que está abierta todos los días hasta altas horas de la noche. «Yo intento estar aquí con las puertas abiertas todo lo que puedo, hasta las once de la noche en muchas ocasiones, y los fines de semana a veces hasta la una de la madrugada o más», afirma Pedro Luis López, párroco de San Ildefonso y los Santos Justo y Pastor.
Situada en uno de los barrios más nocturnos, bohemios y jóvenes de Madrid, su territorio engloba una buena parte de las zonas de ocio nocturno de la capital, desde la Gran Vía hasta Alonso Martínez, y desde San Bernardo a la calle Hortaleza. «Muchos llaman a esta zona con el nombre de Malasaña, pero a mí no me gusta, por su connotación negativa. Este ha sido tradicionalmente el barrio de Maravillas, porque aquí hubo en tiempos un monasterio de carmelitas con ese nombre», dice López.
El caso es que para todo el trasiego de gente que pasa por aquí a cualquier hora del día o de la noche, la iglesia ejerce una poderosa atracción. «Es una experiencia muy gratificante porque entran muchas personas de todas las edades e incluso nacionalidades. Entran, se sorprenden, agradecen que esté abierta, les gusta. Y eso suscita una oportunidad de hablar, a veces en conversaciones bien profundas», atestigua el párroco.
«Como colgado»
Por ejemplo, hace tan solo unos días apareció por el templo un joven «muy desubicado», cuenta el veterano sacerdote. «Decía que estaba ya harto de la vida que había estado llevando, tan nocturna, de estar por ahí hasta las tantas, y quería apartarse de todo eso. Me decía que se sentía como colgado», recuerda el sacerdote. Estuvieron hablando más de una hora «y yo nunca he visto a nadie llorar tanto y de esa manera». Casos como este «se repiten con cierta frecuencia», razón que avala la decisión que López tomó en su día de cerrar el templo «solo cuando ya no pudiera con mi alma».
El templo actual es el heredero de otro del siglo XVII, que José Bonaparte echó abajo en su afán de remodelar Madrid. El nuevo cumple el año que viene 200 años, y tomó el nombre del patrón de Toledo porque entonces la capital pertenecía a esa diócesis. Con el tiempo fue adquiriendo el territorio de otras parroquias, como la de la iglesia de Maravillas, la de San Martín, que quedó como templo eucarístico diocesano, o la antigua parroquia de los Santos Justo y Pastor.
En la calle
Además de la iniciativa personal del párroco, el dinamismo evangelizador de la parroquia lo desarrollan los jóvenes de Anuncio, que una vez al mes organizan una oración en el templo, con el Santísimo expuesto, y salen a la calle para invitar a la gente a entrar. Junto a ello, otra iniciativa más tradicional pero con la misma vocación de pisar calle: la hermandad de La Borriquita, una de las más queridas de la Semana Santa madrileña, y que tiene aquí su sede. Hace apenas unos días salieron también por el vecindario, en lo que se denomina el Corpus chico. El párroco destaca que sacan al Santísimo «a costal, llevado por veintitantos chavales, muchos jovencísimos. Cuando sale, son muchos los que se arrodillan a su paso».

En otro orden de actividades, López menciona la labor de acogida de Cáritas, que saca adelante «un pequeño equipo, formado por gente muy valiosa, que lleva ya muchos años haciendo esta labor». En la actualidad prestan ayuda a más de 80 familias, algunas de las cuales «están en situaciones verdaderamente dramáticas». Además, como cerca se levanta un centro de acogida de inmigrantes, «a veces nos vienen muchos de allí para pedir ayuda». De este modo, son aún más los que reciben de la parroquia orientación psicológica y jurídica, alimentos y, a veces, alguna ayuda económica para salir al paso y pagar el alquiler o los suministros. «Esta es, sin duda, la joya de la corona de la parroquia», asegura el sacerdote.