Acoger al otro pese al miedo - Alfa y Omega

Acoger al otro pese al miedo

Al ver a los pasajeros del barco de verdad y no a través de esa dichosa virtualidad que desdibuja el rostro, comprendimos que su fragilidad no era distinta de la nuestra. A pesar de las mascarillas y los trajes de protección, pudimos observar su dolor

Guillermo Vila Ribera
Desembarco de los pasajeros españoles del crucero MV Hondius
Foto: Álex Rosa.

La crisis del hantavirus, con su dosis de telerrealidad y su pizca de meme, nos ha devuelto el inacabado debate moral entre lo propio y lo ajeno. ¿Qué es lo mío? Pues la seguridad, el control, la sensación de que nada puede pasarme y, en su caso, apostar por decisiones que reduzcan al máximo cualquier peligro. Por eso esperamos a que el semáforo se ponga en verde, por eso le prohibimos a nuestra hija de 12 años que vea YouTube y por eso nos molesta que el barco de marras atraque en nuestras costas. La verdad es que la crisis del coronavirus ya nos volvió más desconfiados ante los presuntos expertos y por eso, ahora, aunque los científicos insisten en que el contagio entre humanos es extraordinariamente difícil, la sola mención de su alta mortalidad nos hace encogernos en el sofá, echarle dos cerrojos a la conciencia y rogarle a Cabo Verde que se haga cargo del barco. No vaya a ser. El miedo no es que sea libre, es que es personal: nadie quiere arriesgar lo poco ­—una fortuna— o mucho —la familia— que tiene. 

Pero el barco llegó a Canarias. Y con él, sus pasajeros. Y al verlos de verdad y no a través de esa dichosa virtualidad que desdibuja el rostro, comprendimos que su fragilidad no era distinta de la nuestra. A pesar de las mascarillas y los trajes de protección, pudimos observar su dolor. A la llegada de los españoles al Hospital Gómez Ulla para cumplir la cuarentena, muchos ciudadanos los aplaudieron. Porque se dieron cuenta —y con ellos, todos— del sufrimiento que han debido de experimentar durante la travesía, conscientes de que el ojo de la opinión pública caía sobre ellos, pendientes de si amanecían con fiebre, temerosos de un recibimiento hostil. 

Acoger es un verbo preciso. Viene del latín colligere, que en origen venía a significar «recoger», «reunir», «juntar». La etimología nos regala así una definición personal: «Recoger hacia uno». Por eso, la acogida es sobre todo una disposición de la mirada, un entregarse a la verdad de que nada humano nos es ajeno. El Papa León XIV incidía en ello el domingo tras el rezo del regina coeli: «¡Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las islas Canarias por permitir la llegada del crucero Hondius!».

El Santo Padre tendrá ocasión de conocer de primera mano esa tierra de llegada dentro de su inminente visita oficial a España. Será una oportunidad para mirar, escuchar y pronunciar ese verbo que nos hace más humanos y que empieza siempre cuando dejamos de mirar al otro como amenaza y empezamos a reconocerlo como rostro.