Daibbys, la cubana que pone rostro a la inserción laboral de Cáritas Madrid
Llegó a España hace dos años junto a su niño de 9 y su marido, enfermo de cáncer. En la actualidad, gracias a la formación recibida en Cáritas, está contratada por Inditex y trabaja en el Zara de plaza de España
Dora tiene 56 años y es de Colombia. De la noche a la mañana tuvo que hacer las maletas y venirse a España con su marido y su niña, 12 años entonces. Casi con lo puesto. No era un tema económico, porque allí estaban bien. Era que «o salíamos, o no amanecíamos al día siguiente».
Esto fue justo en febrero de 2020, días antes del confinamiento por el coronavirus. La situación familiar se agravó. Se acababan los ahorros, no había forma de encontrar un trabajo, el asilo denegado… «Empezamos a dar tumbos».
Cuatro años después, en su parroquia, Dora lloraba delante del Señor. Desahogaba el corazón con sus desdichas, una Ana bíblica de hoy. El párroco la atendió y le derivó a Cáritas, de la que ella no había oído hablar hasta entonces.
Dora ha puesto rostro, este jueves 23 de abril, a la Campaña por el Empleo puesta en marcha por Cáritas Diocesana de Madrid con motivo del día primero de mayo. Con el lema Tener un empleo digno empieza aquí, se ha llevado a cabo precisamente en el Campus de Cáritas Madrid. El centro, inaugurado en 2021 por el entonces arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, es un espacio de formación cualificada para personas en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social que son derivadas del Servicio Diocesano de Empleo (SDE).

Como ha explicado Begoña Arias, la subdirectora, el concepto es un acompañamiento integral de la persona «no solo para encontrar un empleo» como si fuera un mero servicio asistencial, «sino un empleo que dignifique» y rompa las «barreras de la temporalidad y la parcialidad».
La formación, además, se ofrece acorde a la demanda del mercado laboral (sector sociosanitario, logística y distribución, atención al cliente, instalaciones y construcción, innovación digital…) y a sus exigencias. «Quiero una persona con ganas, que tenga capacidad de esfuerzo» les piden las empresas con las que trabajan. Son esas «competencias blandas», describe Arias, que «tan valoradas son por las empresas y tan entrenadas en el Campus».
Asispa, una entidad que ofrece atención integral a las personas mayores y con discapacidad a través de centros de día o ayuda a domicilio, lo tiene claro. Confían «plenamente» en las personas de Cáritas porque están «formadas con ese compromiso de cuidar de los demás; y nosotros buscamos la calidad del servicio, que el usuario este en las mejores condiciones posibles», ha resaltado Ana Martín, del equipo de selección de personal.

Datos de formación y empleo
Cáritas ha facilitado algunos de los datos del Campus: casi 6.000 horas lectivas impartidas, 806 alumnos formados en el centro; 120 alumnos en proyectos de arraigo socioformativo ya trabajando, y un 70 % de inserción laboral (85% en sector sociosanitario y un 60 % en el sector de la construcción).
Los programas formativos se desarrollan armonizando la capacitación de los candidatos y la necesidad del mercado laboral. «No formamos en cualquier cosa a cualquier persona», ha subrayado Begoña Arias. Además, son cursos intensivos debido al perfil del demandante: personas en riesgo a las que les urge el proceso.
Tal es el caso del que imparte José Madrid, docente voluntario de la Fundación de Ingenieros ICAI, que firmó un acuerdo de colaboración con Cáritas para impartir tres cursos al año de instalaciones eléctricas y fotovoltaicas. «Queremos que de las 15 personas que van por curso, 15 encuentren un empleo».
Cada curso dura entre cuatro y cinco semanas, de lunes a jueves, de 9:30 a 14:00 horas. «Los hay que llegan con su título de ingeniero electromecánico en su país de origen —pero han de homologar aquí la formación— y otros que no han oído nada en su vida sobre estos temas». Lo que sí se genera entre ellos es muy buena relación. «Terminas emocionalmente muy unido; tienen mucho interés en trabajar y ganas de mejorar las condiciones de su familia».

Acompañamiento en el proceso
Por su parte, el SDE ha atendido a 4.962 personas, y se resalta el número exacto porque en realidad no es un número más. Cada persona cuenta. Es un dato que no supone una variación significativa con respecto al año pasado, pero sí un foco ampliado: no tanto la falta de empleo como la calidad del empleo, que dignifique a la persona.
El prototipo de personas acompañadas por este servicio es mujer, migrante (en su mayoría de América Latina); con cargas familiares en muchos casos no compartida, y hay un grupo muy grande de mayores de 55 años. «La edad no es un número —apunta en este caso Dora—, lo importante son las ganas».
Dora consiguió hace dos años un trabajo en plantilla en una empresa que presta servicios de ayuda a domicilio. Trabajadora social en su país, se formó en Campus de Cáritas porque se había propuesto «entregar una mujer capacitada a una sociedad que nos dé la oportunidad de volver a empezar». Ahora, su día está pleno, atendiendo «a personas que te necesitan en ese momento de soledad, de enfermedad».
«En cierta manera estoy retribuyendo a España la oportunidad que me dio». Y ante esto, «animo a las mujeres de mi edad a que se den esta ocasión de buscar lo que más les gusta y formarse para ello».

Porque el de empleo es un proyecto que hace que cambie vidas. Como dicen desde Cáritas, «tener un empleo digno termina cuando la persona alcanza su sueño». Y así le ha pasado a Daibbys, cubana de 35 años que llegó a España hace dos años junto a su niño de 9 y su marido, enfermo de cáncer. Por el boca a boca acabó en su Cáritas parroquial.
«Cuéntame de ti», le dijeron. Y así empezó su itinerario, que culminó con una formación en atención al cliente y un contrato en Inditex. Ahora, empleada del Zara de Plaza de España, no puede estar más feliz. «Tener un trabajo estable te da tranquilidad en la parte personal, pero también llena el vacío social; estaré eternamente agradecida a Cáritas».