Paca y La Castafiore - Alfa y Omega

Siempre he pensado que los epitafios son ingratos, porque nunca serán leídos por sus protagonistas. Nos regodeamos cada día en que en esta era de las redes sociales el odio y la confrontación se exacerban, pero no hacemos nada por fomentar la alabanza. Decían los políticos el otro día en estas páginas que, claro, eso no vende. Pues no estoy de acuerdo. Este espacio, una especie de ventana al alma, tiene su público. Y suelo utilizarlo para lo bueno. Así que, esta vez, voy a hablar de ella. Efectivamente, de lo bueno. Paca es de esas personas que emanan bondad. Tiene unos ojos limpios, llenos de vida, y una sonrisa sempiterna en la boca. Por eso, donde va, deja huella. Y, sobre todo, en quien va. Es la dueña del restaurante La Castafiore, ese del que todo el mundo ha oído hablar, porque el camarero igual te sirve un vino que te canta La traviata. Paca se afana, cada noche que llena su local de locales y foráneos, en pasar mesa por mesa para preguntar cómo están sus clientes. Conoce muchas de sus historias. Acompaña sus vidas. «Algunos llegan aquí tristes y se van felices. Es La Castafiore», dice, emocionada. Es un lugar lleno de belleza, por la música, por la comida y por quien lo regenta.