La vida ha sido realmente dura para la gente de Myanmar. Los militares siguen atacando Karenni, el estado más pequeño. Tiene una población de unos 355.000 habitantes, pero mayoritariamente cristianos. Crece cada día el número de víctimas civiles y desplazados, que ya supera los 200.000. «No hay ningún lugar seguro para vivir, ningún sitio para esconderse», me dice el padre Celso Ba Shwe, administrador diocesano de la diócesis de Loikaw.
Según el informe anual de la organización de defensa de los derechos humanos Fortify Rights, publicado en enero, en Karenni el Ejército ha masacrado a civiles y cometido muchas otras atrocidades que podrían considerarse crímenes de guerra. Ha quemado y destruido intencionadamente las casas y otras propiedades de los civiles, incluidas iglesias, desde mayo de 2021. De ser una o dos, los ataques podrían haber sido accidentales. Pero hasta el 10 de marzo han sido ocho (en Loikaw, Kayan Tharyar, Daw Ngan Kha, Demoso, Six Mile, Hpruso, Daw Oo Khu y Saung Du Lar), lo que demuestra que fueron deliberados. Ese mismo 10 de marzo la residencia de ancianos de las Hermanas de la Reparación en Daw Ngan Kah sufrió graves daños por un bombardeo.
La diócesis ha informado en su página de Facebook de que, de sus 35 parroquias, 16 ya han sido abandonadas. Por los continuos ataques, los sacerdotes, religiosas y fieles han huido a las montañas. El pueblo de Dios es quien más está sufriendo los brutales asaltos. Aproximadamente tres cuartas partes de la población es de minorías étnicas. Son cristianos, gente pacífica con una gran fe y un profundo sentido de responsabilidad hacia la Iglesia. En medio de las atrocidades, rezan por la conversión de estos despiadados militares. «Atacando nuestros santos y sagrados santuarios han pecado contra Dios», escribían hace poco en la página de Facebook de la diócesis. «Llevamos mucho tiempo de experiencia de desierto. Pero, en este momento, no queremos culpar a nadie. Lo que necesitamos, mientras rezamos por la conversión de todos, es volver al Señor con un corazón arrepentido».