Ya no tengo fuerzas para ejercer bien el ministerio - Alfa y Omega

Ya no tengo fuerzas para ejercer bien el ministerio

La de ayer, Miércoles de Ceniza, ha sido la última celebración litúrgica solemne, presidida por Benedicto XVI como Papa. Dos días antes, el Pontífice anunciaba la decisión de presentar su renuncia al ministerio de obispo de Roma, suscitando profunda sorpresa entre los cardenales que le escuchaban en la sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano

Jesús Colina. Roma
Benedicto XVI, durante su discurso de renuncia, ante un grupo de cardenales de la Iglesia

Eran las 11:35 h. de la mañana del lunes, y Benedicto XVI clausuraba un Consistorio en el que se fijó la fecha para varias canonizaciones. Tras unos apuntes biográficos sobre los futuros santos, leyendo con tota serenidad un breve discurso en latín, Joseph Ratzinger anunció que, a partir del 28 de febrero, a las 20 horas, la sede de San Pedro «quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice». Entre quienes le escuchaban, se hacía visible el estupor.

Benedicto XVI explicaba así los motivos que le han llevado a dar este paso: «Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino». Y añadió: «En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado», explicaba el Papa.

El director de L’Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, Giovanni Maria Vian, revelaba, por la tarde, que esta «decisión del Pontífice se tomó hace muchos meses, tras el viaje a México y Cuba, y con una reserva que nadie pudo romper».

El hermano del Papa, monseñor George Ratzinger, de 89 años, contaba a la agencia alemana DPA que los doctores le han prohibido al Papa emprender nuevos viajes trasatlánticos, como, por ejemplo, el que tenía previsto a Río de Janeiro, para presidir la Jornada Mundial de la Juventud. En este sentido, el padre Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, confirmó el martes la noticia de que al Papa le fue sustituido el marcapasos hace tres meses, si bien descartó que este hecho haya influido en la decisión. «No ha renunciado al pontificado porque esté enfermo, sino por la fragilidad que conlleva el envejecimiento», explicó.

Los cardenales comentan la renuncia del Papa con su Decano, el cardenal Sodano

Su misión continuará

Entre los cardenales que escucharon el anuncio del Papa, se encontraba el cardenal Paul Poupard, Presidente emérito del Consejo Pontificio de la Cultura, quien ha confesado a Alfa y Omega que las palabras del Papa han suscitado auténtico estupor entre los cardenales.
«Ha sido una sorpresa total. En la sala del Consistorio se podía ver el estupor en el rostro de mis hermanos, estupor que yo mismo compartía», confiesa el cardenal francés.

El cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio cardenalicio, había recibido la noticia con unas horas de antelación, pues a él le correspondía, entre otras cosas, responder al anuncio del Santo Padre. «Como un relámpago en cielo sereno ha resonado en este aula su conmovido mensaje», aseguró el purpurado italiano, reconociendo que no era fácil recoger sus sentimientos en ese momento. Su misión, concluyó, «continuará, sin embargo. Usted ha dicho que estará siempre cerca con su testimonio, con su oración. Ciertamente, las estrellas del cielo seguirán siempre brillando y así brillará siempre entre nosotros la estrella de su pontificado. Estamos cerca de usted, Padre Santo; bendíganos».

Benedicto XVI ha comunicado que, tras su renuncia, pretende retirarse al monasterio de religiosas de clausura Mater Ecclesiae, dentro de los muros del Vaticano. El monasterio, construido por deseo de Juan Pablo II en 1992, está siendo rehabilitado, por lo que, en estos momentos, no lo habita ninguna comunidad. Mientras se realizan las obras de remodelación, Joseph Ratzinger esperará en la residencia pontificia de Castelgandolfo.

Los medios de comunicación ya han copado el entorno de la Plaza de San Pedro

Un pontificado intenso

En estos casi ocho años de pontificado, desde que fuera elegido sucesor de Juan Pablo II, el 19 de abril de 2005, Benedicto XVI ha sorprendido por el dinamismo que ha sido capaz de imprimir, a pesar de su avanzada edad. Lo testimonian los 24 viajes internacionales, tres de ellos a España, mostrando de manera explícita su afecto e interés por nuestro país.

Lo muestran también sus tres grandes encíclicas, en particular, la primera Dios es amor (Deus caritas est), con la que despejó los prejuicios sobre su persona y ha permitido descubrir en su teología un rostro encantador y poético, el rostro mismo de Dios. Después, en 2007, su encíclica sobre la esperanza (Spe salvi) sirvió de bálsamo para tantas almas desesperanzadas por un mundo materialista. Su trilogía sobre las virtudes teologales ha culminado con el Año de la fe, que concluirá su sucesor, en el mes de noviembre. En cuanto a su tercera encíclica, Caritas in veritate, muchos la han considerado el documento más válido para encontrar las causas y las soluciones de la actual crisis económica.

Entre las prioridades de su pontificado, él mismo puso la promoción de la unidad de los cristianos, a través de un diálogo sincero ecuménico, así como un diálogo interreligioso con los creyentes de otras religiones, basado siempre en la búsqueda de la verdad. Si bien es cierto que una malinterpretación de sus palabras en Ratisbona creó una colosal crisis con exponentes musulmanes, al mismo tiempo hay que reconocer que nunca como en estos años el verdadero diálogo entre Roma y el Islam había logrado ser tan sincero y real.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud, en particular la de Madrid, sirvieron para demostrar que el Papa no necesita el lenguaje de una estrella de rock para conquistar a los jóvenes. Los millones de chicos y chicas que han afrontado cansados viajes para verle han buscado participar en un encuentro de fe, un encuentro con Dios en la Eucaristía.

El último año ha sido un Vía Crucis para Benedicto XVI, quien ha visto cómo secretos que habían pasado por su mesa acababan en las primeras páginas de los diarios, por la traición de su mayordomo, la persona que le ayudaba en su vida diaria. Ahora bien, su perseverancia ha servido también para ir hasta el fondo de este asunto y dar una lección de trasparencia, dentro y fuera de la Iglesia.

Su firmeza ha sido también decisiva para la purificación de la Iglesia, tras los escándalos de sacerdotes que se han manchado con el crimen de la pederastia. Ahora, gracias a sus disposiciones, la Iglesia en el mundo cuenta con normas precisas y exigentes para evitar estos riesgos.

Por éstos y otros motivos, este Papa pasa a la Historia como ese Mozart de la teología que ha compuesto en este pontificado una sinfonía que tiene como contrapunto esta convicción: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».