XV Congreso Católicos y Vida Pública: El futuro es de los que creen
«El porvenir de la Humanidad está en manos de quienes sepan dar a las generaciones venideras razones para vivir y razones para esperar». Esta cita del Concilio Vaticano II, traída a colación en el acto inaugural por el consiliario de la Asociación Católica de Propagandistas, monseñor Fidel Herráez, describe el tono del último Congreso Católicos y Vida Pública, que ha abordado la crisis que atraviesa España. «Cuando todo parece caerse, inseguro, éste puede ser el momento de la disponibilidad a escuchar el Evangelio por parte de nuestros semejantes», dijo el nuncio, monseñor Fratini. Es tiempo para el compromiso público de los seglares, aunque para eso hace falta cierta unidad de acción, no en términos de «unidad de partido político», pero sí «de ideas y criterios básicos», pidió el cardenal Rouco
El XV Congreso Católicos y Vida Pública —celebrado en la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, del 15 al 17 de noviembre— nacía de una inquietud compartida por muchos españoles, «preocupados por la situación que atraviesa España». No es complicado encontrar razones para la desesperanza: 6 millones de parados, desconfianza en las instituciones y en los partidos, aumento de la pobreza, desafío secesionista, desprotección legal del matrimonio y del derecho a la vida… Aludió a todo ello, en la inauguración, el presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP). Pero la fe —dijo don Carlos Romero— «nos estimula a construir España con renovadas energías cada día», y a percibir, en el entorno, «numerosas razones para la esperanza». Hay mucha gente trabajando en las instituciones para que sean «instrumentos para la solución de los conflictos»; empresarios que «actúan con espíritu emprendedor y generan empleo»; jóvenes con una gran capacidad de entrega y espíritu de sacrificio, esperando a que les ofrezcamos «la oportunidad que necesitan»…
El congreso ha presentado numerosos testimonios de cristianos comprometidos en política, en economía o en educación. A partir de estos ejemplos, la ACdP ha lanzado un llamamiento a un mayor compromiso apostólico. El seglar cristiano, «o es hombre público, o no es cristiano», dijo don Raúl Mayoral, director general de la Fundación Universitaria San Pablo CEU, la obra más conocida de la Asociación. El ámbito idóneo de acción del seglar —añadió— «es la calle, la plaza, mucho más que las sacristías. Lo público es el hábitat natural del católico», remarcó. Dado que «a las iglesias vamos los convencidos», no basta con «tener cristianos reunidos en las iglesias», sino que debe haberlos en todos los ámbitos de la vida social, «saliendo al encuentro del mundo, abriendo nuevos caminos de anuncio y creando cauces de diálogo con quien no piensa ni cree como nosotros».
«La descristianización» que ha experimentado la sociedad española no debe asustarnos, ni «sembrar el desánimo en el corazón del católico», decía el nuncio de Su Santidad, monseñor Renzo Fratini. Toda crisis es, a la vez, tiempo de «peligro y oportunidad». Y «cuando todo pare caerse, inseguro, éste puede ser el momento de la disponibilidad a escuchar el Evangelio por parte de nuestros semejantes».

Es una responsabilidad compartida por todos los católicos, cada uno en su ambiente. El de la política suele ocupar un lugar destacado en los Congresos Católicos y Vida Pública. «Los católicos —concluía su intervención Raúl Mayoral— tenemos sitio y espacio en la democracia, y debemos ocuparlo. Sólo pedimos respeto, porque la fe no es obstáculo para la convivencia democrática. Todo lo contrario, es un estímulo, un acicate, en la defensa de los derechos humanos».
Para eso se requiere una cierta unidad de acción entre los propios católicos. El cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, resaltó en la clausura que estos congresos «han venido cumpliendo una labor de unidad de los católicos en España». La falta de unidad ha sido, de hecho, «un gran problema del catolicismo español en el siglo XIX y en el siglo XX. A lo mejor también lo es hoy», decía el Presidente de la Conferencia Episcopal, que aclaraba que sus palabras no deben traducirse «en términos de unidad de partido político», aunque «sí en unidad de ideas básicas sobre el bien común y de criterios básicos a aplicar en relación a los problemas de España».
Tiempo de reconstruir
La primera conferencia, la que ofreció el marco general para el conjunto del congreso, estuvo a cargo de don Manuel Pizarro, que, entre otras cosas, ha sido diputado, presidente de Endesa, presidente de IberCaja y de la Confederación Española de Cajas de Ahorro y vicepresidente de la Bolsa de Madrid. «Yo sólo soy un cristiano que trata de ser coherente con su fe, aprendida en mi familia, reforzada a lo largo de mi vida junto a mi esposa Adela, recientemente fallecida, y con la que hemos hecho de nuestra condición de católicos la guía de nuestras vidas para nosotros, para nuestros hijos y para nuestros nietos», dijo al presentarse ante el auditorio.
Las referencias familiares estuvieron muy presentes en su lectura de la crisis que atraviesa España. «Tras una bonanza sin igual, que creímos inacabable, hay que desandar los caminos de la adoración al becerro de oro que nos han llevado por los caminos de la soberbia, del abuso, la pereza, la indolencia, la injusticia…». Ahora, la salida de la crisis pasa por recetas muy simples aprendidas de nuestros mayores: «el trabajo duro, el orden, la honestidad, la iniciativa, la frugalidad, el ahorro, el espíritu de servicio, el cumplimiento de la palabra dada, la valentía…».
De nuestras familias, hemos aprendido «los fundamentos de la fe», una serie de valores y principios que históricamente han conformado en España y en Europa los fundamentos de la convivencia. El momento es idóneo para recuperarlos. «En los tiempos fuertes de la existencia, y estos de crisis, sin duda, lo son, el hombre se vuelve hacia Dios», mientras que, «en la abundancia, nos habíamos olvidado de Él», dijo don Manuel Pizarro, que subrayó que sufrimos las consecuencias de «una profunda crisis moral», tras haber permitido «que los valores cristianos hayan sido opacados por un laicismo generalizado» que, a la postre, «no ha sido capaz de sustituir los valores del mensaje de Jesús».
«Para superar este momento, toca penitencia, sacrificio, purificación». La penitencia, «lamentablemente, la estamos cumpliendo ya todos. Como cristianos, debemos esforzaros en que las cargas no vayan del lado de los que menos tienen». Pero hay algo más que podemos y debemos hacer en estos tiempos de crisis: ser «sal de la tierra y luz del mundo».

El pasaje evangélico tiene una aplicación inmediata al momento actual de España, según el ponente. La referencia a la sal implica capacidad de «dar verdadero sentido a la vida, en un mundo tecnificado y obsesionado por el tener». Además, Pizarro recordó que, en la antigüedad, la sal era un símbolo del respeto a la palabra dada, para preservar los pactos. Y, sobre todo, incidió en su uso como conservante natural frente a la putrefacción, imagen del pecado y de la corrupción.
«Y seamos luz del mundo, llevemos la transparencia» a la vida pública, prosiguió. Desde Adán y Eva, cuando el hombre actúa mal, intenta esconderse, y eso es lo que «hace cualquier persona que actúa mal en los mercados, y falsea la contabilidad, para que no se le exijan responsabilidades». Por eso hay que promover la «transparencia y la exigencia de responsabilidades», lo contrario —denunció— de lo que estamos viendo, de premiar con dinero público a los malos gestores.
Pero más que poner el foco sobre los demás, debemos ser luz del mundo con nuestro ejemplo de vida, cada cual en su ámbito, y trabajar por el bien común. Es lo que hicieron un conjunto de políticos católicos, que pusieron las bases de la integración europea al término de la Segunda Guerra Mundial. Y «cuando España se reconstruye en la Transición, también hay un buen número de cristianos comprometidos con el país arrimando el hombro».
Eso mismo pide Pizarro para hoy. «La crisis que vivimos es muy profunda, salir de ella va a llevar tiempo, y no vale desesperarse», sino «trabajar duro, como lo hemos hecho en el pasado».
• Javier López-Galiacho: «El hombre, hoy, ha sido apartado por la economía y la política».
• Justino Sinova: «Los partidos políticos han perdido su ética y han mostrado una codicia mezquina e interminable».
• Juan Díez Nicolás: «Vivimos en una sociedad descontenta con el funcionamiento de la democracia, por el poder que la Ley electoral da a los partidos».
• Jaime Lamo Espinosa: «No se oye la voz de los catalanes que no quieren la independencia. Hace falta hablar de las consecuencias negativas, también económicas, que tendría una Cataluña independiente».
• Bieito Rubido: «Los medios de comunicación en España sienten vergüenza de defender determinados valores; y los lectores no castigan a quien les miente, ni premian a quien dice la verdad».
• Isabel Estapé: «¿Somos las mujeres iguales que los hombres? Rotundamente, no. ¿Debemos tener las mismas oportunidades? Rotundamente, sí».
• José Antonio Busto Villa: «Cada euro invertido en los bancos de alimentos acaba ofreciendo gratis lo que pagando costaría cien».
• María Lacalle: «Sólo la alianza conyugal entre un hombre y una mujer da lugar al ambiente idóneo que favorece el desarrollo de la sociedad».
• Enrique Rojas: «Son necesarias unas creencias comunes para la estabilidad matrimonial: las familias cercanas a la Iglesia son aquellas que más duran. El amor es comunicación: hoy, las parejas están perdiendo la comunicación entre ellos y esto supone una degradación de la convivencia matrimonial».
• Francisco López Rupérez: «La esperanza nos implica a todos nosotros; depende de lo que hagamos en nuestra vida diaria en pos de una España mejor».