Ndaba Mandela: «Hay jóvenes que al terminar la carrera no encuentran trabajo. El sistema no es adecuado»
El nieto de Nelson Mandela ha visitado España esta semana para participar en la firma de la Alianza para el Futuro de la Educación, que promueve la Fundación EducAcción. Atiende a Alfa y Omega junto con la presidenta de esta entidad, Sonia Díez
—Señor Mandela, el Instituto Mandela para la Humanidad trabaja para generar la siguiente generación de líderes en África. ¿A qué desafíos se enfrentan en el ámbito educativo?
—Ndaba Mandela: En primer lugar, venimos de una historia donde la educación no siempre estuvo disponible para las personas negras, especialmente en Sudáfrica durante el apartheid. Y cuando accedíamos a la educación, la que nos daban afianzaba el poder de la vieja guardia, de los colonialistas. Ahora estamos en una coyuntura en la que decimos que necesitamos mejor educación, una educación que nos hable, que nos permita tener individuos que tomen mejores decisiones.
A mí también me educó mi abuelo, que decía que la educación es la herramienta más poderosa para cambiar el mundo. La razón por la que con alegría nos hemos asociado a EducAcción es porque vemos hacia dónde se dirigen, tenemos una visión amplia y, lo más importante, hemos llegado a apreciar realmente la visión de la doctora Díez. Creemos que su plan de organizar una cumbre es extremadamente oportuno y relevante para el debate global sobre la educación, pues los desafíos a los que nos enfrentamos en Europa, España o África son similares. Necesitamos una reforma global de todo el sistema.
—¿Por qué?
—N. M.: Tenemos jóvenes que incluso después de terminar la carrera ni siquiera encuentran trabajo. Claramente el sistema no es lo suficientemente adecuado para lidiar con los retos actuales del mundo. Mi hermano Jerry, que también ha venido a España, le dirá cómo la experiencia creciendo con nuestro abuelo siempre estuvo centrada en la educación. Constantemente nos asignaba tareas y retos enraizados en el aprendizaje, el crecimiento y el conocimiento. Por eso 20 años después viajamos por el mundo promoviendo la educación. Comprendemos de primera mano el poder transformador que tiene para las vidas, las comunidades y el futuro de todos.

—¿Qué propone la Alianza para el Futuro de la Educación frente a estos problemas?
—Sonia Díez: Una situación tan homogénea en la educación como la que se ha construido a lo largo de los últimos dos siglos y medio no es natural, ha sido forzada por un sistema que se ha creado y que correspondía al modelo industrial. Ahora se ha visto desafiada a nivel mundial por las inteligencias artificiales y nos ha hecho traer a la realidad una conversación que llevaba mucho tiempo pendiente: cómo podemos hacer de la educación un lugar seguro para el presente y futuro en nuestras sociedades, donde no exista ese riesgo de polarización o de intervención de otro tipo de intereses más allá del propio desarrollo de las personas y de nuestras sociedades.
Ha habido muchos países que han tomado la iniciativa de buscar estas soluciones desde hace ya 16 años, y otros, entre ellos España, que a fuerza de sentirse protegidos por el inmovilismo no lo han hecho.
—¿Cuáles serían algunas de estas soluciones?
—S. D.: Pueden ser aproximaciones creativas, de personalización, de búsqueda de nuevos itinerarios, de flexibilización, etc. Hay que llegar a soluciones globales porque lo que es bueno para un niño en África es bueno para un niño en España o en cualquier otro lugar, y al revés. Nuestra alianza busca de manera no partidista y no política la adhesión de personas que quieren buscar soluciones
—No termino de entender. ¿Cuál sería la diferencia entre el sistema educativo homogeneizado que criticaba al principio y la apuesta por soluciones globales que acaba de hacer?
—S. D.: Lo que he querido expresar es que los colegios son muy parecidos en cualquier lugar del mundo, a pesar de estar en culturas y climas distintos: agrupaciones por edades, durante unos diez meses al año, con niños escolarizados según su fecha de “fabricación” que reciben instrucción de manera secuencial en un tiempo limitado y limitante por materias específicas y solamente promocionan en la medida que van superando esos cursos académicos. Los colegios fueron diseñados para un mundo en que las comunidades eran muy pequeñas y el mundo de fuera muy difícil de acceder. Los profesores y una tecnología, el libro, ofrecían la posibilidad de engancharse a la realidad de un mundo más amplio.

—¿Y ahora?
—S. D.: Ahora el mundo es al revés, es un mundo donde las comunidades globales exceden en mucho lo que el entorno escolar ofrece. Los colegios están limitando toda la oferta que viene de fuera; que puede ser excesiva pero que podría dar una mayor flexibilidad al sistema. Tenemos la gran oportunidad de reaccionar colectivamente hacia un cambio que pueda ofrecer soluciones de las cuales aprender recíprocamente. No homogeneizando, sino aprendiendo recíprocamente.
—Señor Mandela, ¿cuáles serían según usted algunas formas de superar estos desafíos? ¿Extrae orientaciones sobre ello del legado de su abuelo?
—N. M.: Si decimos que según Nelson Mandela la educación es la herramienta más poderosa para cambiar el mundo y tu paradigma, o en qué partes de tu vida no estás contento, y si la calidad de la educación no satisface las demandas de hoy o la gente no está contenta con el estado actual de la educación, necesitamos crear una plataforma o un movimiento que junte a personas que estén implicadas: padres, alumnos…
#NdanaMandela 😍 en #Madrid firmando el #ManifiestoEducAcción de la Fundación #EducAcción 👇
— Concapa (@concapa_es) May 26, 2026
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Nuestro abuelo era un activista. Nos enseñó a alzarnos por lo que creemos. Para tener una voz más poderosa necesitamos ser capaces de crear vínculos, asociaciones, colaboraciones, para que cuando vayamos a quienes tienen el poder podamos hablar con una voz unida y fuerte. Esto no pasa solo en África o Europa. Estamos en un mundo globalizado. Estamos más cerca pero más polarizados que nunca.
Todos los que están afectados por este sistema tienen la responsabilidad de alzarse y hacer que se oiga su voz. Simplemente estamos diciendo: unámonos de distintos ámbitos de la vida, de contextos diferentes y hagamos algo. Ese es el legado de Nelson Mandela: levantarse por lo correcto y asegurarse de que como personas privilegiadas realmente estamos cuidando las necesidades de otros menos privilegiados.
—¿Cómo podría ser, de forma concreta, esta vía de avance de la que habla?
—N. M.: He sido un orador en el circuito académico los últimos doce años. Y una de las cosas que enseño a los jóvenes es que dentro de todos nosotros existe un liderazgo. Si decimos que Nelson Mandela fue uno de los grandes líderes, entendamos el tipo de liderazgo que tenía. ¿Qué tipo de valores apreciaba para ser un buen líder? Hace falta alguien con valor, con una visión, apasionado pero que igualmente tenga compasión. Tenemos que ser capaces de estimular, de juntar a la gente, pero sobre todo de motivarlos para que si están descontentos con el status quo piensen qué van a hacer. Como líderes tenemos una responsabilidad y obligación de servir a nuestra comunidad, porque de eso trata el verdadero liderazgo.

—¿Qué lecciones de su abuelo siguen más con usted y guían su trabajo con jóvenes?
—N. M.: En mi libro Ir a la montaña hay once lecciones sobre liderazgo. Una es que al árbol más alto le da más fuerte el viento. Quiere decir que la persona de la familia o la comunidad a la que está dotada con habilidades y experiencia y educación y tiene herramientas y puede ofrecer a otras personas acceso a ello tiene una responsabilidad. Si eres el árbol más alto tienes que asegurarte de que los más bajos tengan suficiente agua y espacio para que sus raíces crezcan y se hundan más en el suelo para fortalecerse y crecer más.
—Acaba de publicarse Magnifica humanitas, la encíclica de León XIV sobre inteligencia artificial. ¿Cómo valoran la presencia de la IA en la educación?
—S. D.: La IA es una herramienta como cualquier otra y si se usa con propósito y la intención de ayudar a los niños a aprender mejor de forma más personalizada es muy liberadora. La educación ya no va a tener que ver con enseñar, sino con aprender, y la IA puede ser una herramienta muy interesante, especialmente para los niños que necesitan una ayuda extra y una personalización de su proceso de aprendizaje. No va a sustituir a los profesores a no ser que dejemos que ocurra.
Pero eso también implica que el papel de los profesores tiene que cambiar con intención, esfuerzo, apoyo, condiciones adecuadas y recursos. La profesión que aprendieron no tiene nada que ver con aquella a la que tienen que apuntar. Aprendieron a ser buenos maestros para un mundo que ya no existe. Ahora necesitamos apoyarlos para que aprendan a jugar un papel adecuado para que la humanidad se convierta en mejores seres humanos.
—N. M.: Estoy de acuerdo con la doctora Díez. Todo depende de la persona que usa la IA y para qué propósito lo hace.