Virgen de las maravillas

Joaquín Martín Abad
Foto: Blanco

De l 1 al 9 de febrero se celebrará la novena a Nuestra Señora de las Maravillas en el monasterio de las Carmelitas de la Antigua Observancia, en la calle Príncipe de Vergara número 23.

El devenir de este carmelo fue azaroso y más el de la imagen de su Virgen, que providencialmente se enlazaron en 1627.

El convento: con hábito del Carmen comenzó un beaterio en 1613 bajo jurisdicción de los Carmelitas en una casa de la calle Fuencarral; trasladado en 1617 a otra casa en la calle de Los Estanques, los benedictinos de San Martín no querían a las beatas cerca y removieron al nuncio, al rey y a su patriarca para que las finiquitaran; pero, como querían ser religiosas, en 1627 se pusieron bajo la obediencia del ordinario de Toledo (con constituciones aprobadas en 1630) como Carmelitas de la Antigua Observancia.

La imagen: en el siglo XVI se veneraba en Rodasviejas (Salamanca). Retirada del culto público, por deteriorada, la pidió un vecino, Juan González; su hijo, que se trasladó a Madrid, en un apuro económico la empeñó, no pudo recuperarla y fue a parar a manos de un alguacil, quien al poco tiempo la devolvió al prestamista; fue entregada a doña Ana Carpio y su esposo, el escultor Francisco Albornoz, quien la restauró; el vicario de Toledo en Madrid mandó entonces que se venerara en una iglesia, y las monjas firmaron con ese matrimonio acta de recepción en 1627; se la denominaba Virgen de la Rosa y de las Maravillas por un niño Jesús, de cinco centímetros, sobre la rosa del ramo de la Virgen.

Cuando Felipe IV enfermó, que parecía muerto, su esposa Mariana de Austria pidió a las monjas un manto de la Virgen. Y el rey le dijo: «¿Qué me has puesto que me encuentro bueno?». Agradecido, ofreció construir una iglesia a sus expensas, inaugurada el 2 de febrero de 1646. Iglesia y monasterio, en la línea de fuego del 2 de mayo de 1808, sirvieron de hospital de sangre.

En 1868 las monjas fueron expulsadas y expropiado el monasterio. Gracias a don Saturnino Calderón, en 1902 se comenzó a construir el edificio actual. En la guerra civil la imagen de la Virgen fue quemada y solo se salvó el niño Jesús que, llevado en la fiesta desde entonces en andas por el templo sobre una sillita copia de la de Felipe IV, merece entrar el Guinness como el nanopaso del mundo.

Joaquín Martín Abad