Villa Teresita, un hogar para mujeres víctimas de trata

Era una tarde de Pascua cuando María llamó a la puerta. Cargaba con muchas heridas, psicológicas por todo lo que había sufrido y físicas por la paliza que le habían dado el día anterior

Colaborador

Era una tarde de Pascua cuando María llamó a la puerta. Cargaba con muchas heridas, psicológicas por todo lo que había sufrido y físicas por la paliza que le habían dado el día anterior. Tenía sed de encontrar un lugar de paz y de tranquilidad donde poderse sentir a salvo y encontrar el calor familiar que tanto añoraba. Esa puerta era de la casa de Villa Teresita, una asociación y casa de acogida para mujeres en riesgo de exclusión, formada por 20 religiosas Auxiliares del Buen Pastor. La casa cuenta con más de 250 voluntarios por toda España y sedes en distintas comunidades autónomas como Madrid o Valencia

Una de las coordinadoras del proyecto, la hermana Inma, explica que ellas, «como Jesús Buen Pastor y Buen Samaritano, salen a los caminos para anunciar y hacer vida el Evangelio entre los pobres, especialmente en el mundo de la prostitución». Inma recuerda sus primeros encuentros con las mujeres víctimas de trata en el año 1998: «eran mujeres nigerianas que ejercían la prostitución y desde el proyecto de calle empezamos a buscar caminos para acercarnos a ellas y ofrecerles alternativas».

Un proceso que se hace desde las propias chicas y a su ritmo. «Esto es muy importante para poder entablar una relación de confianza», afirma la religiosa. De esta forma, entran en contacto con ellas de muchos modos: en la calle, en los clubs, a través de una petición de ayuda telefónica, «pero muchas veces es la policía quien nos llama para que podamos apoyar a las chicas en el momento en que quieren escapar de una red de trata» señala.

«Cuando vienen a la casa de acogida, llegan con miedo y casi sin pertenencias, sin hablar apenas el idioma de aquí, con mucho dolor por lo vivido», explica la hermana Inma. Ese miedo es producto de un silencio que les imponen las propias mafias con a veces violencia física, psicológica y sexual; agresiones sexuales, palizas, confiscación de sus documentos de identidad, amenazas, servidumbre por deuda, aislamiento. «Las manipulan, haciéndoles creer que si se ponen en contacto con las autoridades serán encarceladas o deportadas», explica.

Aunque el proceso de recuperación después de todas estas duras experiencias es complejo, Inma ha visto que es posible volver a retomar las vidas de estas chicas: «hemos visto a muchas mujeres recuperar la vida y ponerse de nuevo de pie. Para ello es necesario una atención integral psicológica, jurídica, sanitaria, socio-laboral pero sobre todo mucho cariño».

El mismo cariño que se encontró María cuando llegó al que iba a ser su nuevo hogar. Cuando vio a las religiosas, les dijo: «Me he pasado toda la noche rezándole a Dios. Le pedía que, por favor, me sacase de la calle. Él me ha escuchado porque me ha traído hasta aquí, a vuestra casa. Sabía que no me iba a abandonar, porque Él siempre me escucha». Para las hermanas de Villa Teresita, esa misma tarde, la Pascua se hizo vida en María.

Historias como las de María son las que llevaron a su fundadora, Isabel Garbayo, a poner en marcha la primera comunidad de Villa Teresita. Isabel, militante de Acción Católica en Pamplona –también fue su presidenta– visitaba con asiduidad las casas públicas de mujeres prostitutas. Poco a poco fue descubriendo su sufrimiento, lo que hizo que terminase comprometiendo su vida con ellas.

Alba Montalvo/Máster Crónica Blanca-CEU