José Carlos Cano Montejano: «A España nunca le han ido bien los extremos» - Alfa y Omega

José Carlos Cano Montejano: «A España nunca le han ido bien los extremos»

El acto del Papa en el Congreso, asegura este experto, «es un reconocimiento al posicionamiento de nuestro país en contra de la guerra»

José Calderero de Aldecoa
Enseña Derecho Constitucional en la UCM y es vicedecano de RR. Internacionales.
Enseña Derecho Constitucional en la UCM y es vicedecano de RR. Internacionales. Foto Cedida por José Carlos Cano.

—¿En un Estado aconfesional cabe la intervención de un Papa en el Congreso?
—Por supuesto. Sobre todo, considerando es que es el jefe de un Estado, el del Vaticano. Hay que saber distinguir la doble figura del Pontífice. Por un lado, está el líder espiritual de los católicos y, por otro, el jefe de un Estado con el que España no solamente tiene relaciones plenas sino que, además, constitucionalmente y por el concordato, tiene una particular y explícita conexión.

—Si cabe, ¿por qué no se había producido hasta ahora? Va a ser algo histórico.
—Efectivamente, va a ser histórico por muchas razones. Va a influir, por ejemplo, la situación internacional, en la que España se ha significado claramente. De hecho, creo que la intervención en el Congreso también es un reconocimiento por parte del Pontífice a la posición en contra de la violencia que está liderando el país en el contexto actual. Al final, España se ha posicionado de manera unívoca respecto de la guerra o la cuestión palestina.

En cuanto a que no se haya producido antes un discurso de estas características, yo tampoco le daría mayor importancia. En cada caso, las circunstancias fueron distintas. Recuerdo que en la última visita de Juan Pablo II hubo una representación oficial del Gobierno de España muy explícita.

—¿Qué espera del discurso? ¿Puede tener algún efecto en la política española?
—Desde luego el Pontífice goza en España de ese auctoritas, no solo como jefe de Estado, sino como autoridad máxima de la Iglesia católica. La trascendencia de lo que pueda decirnos va a ser alta. También a nivel político. Hay que decir que el momento es delicado en muchos sentidos. Tenemos a la vista unas elecciones generales. Habrá que escucharle con atención.

—¿Existe el riesgo de que unos partidos u otros hagan una utilización política de este discurso?
—Desde luego. No cabe la menor duda de que cada uno verá en las palabras del Papa lo que más le interese para su propia concepción. No solo en cuanto a la campaña electoral, sino también acerca de sus posiciones actuales. Creo que el Gobierno lo planteará como un éxito, porque de alguna forma yo creo que lo es, en el sentido de que el Pontífice no suele hacer este tipo de intervenciones en todos los países a los que va. Me parece una significación muy explícita. Por otro lado, supongo que la oposición intentará sacar partido. A mí, sin embargo, me parece que en el fondo lo que tenemos que hacer todos, los que estén allí presentes y los que escuchemos sus palabras desde fuera, es justamente tomar esa distancia de la política diaria, del tráfago político constante, y saber reconocer ese mensaje, que seguramente va a ser de paz.

—A su juicio, ¿cuál es el discurso que necesita hoy la clase política española?
—A mí me parece que tenemos que superar todas esas posiciones tan poco cercanas al otro que se están manifestando. El otro día estaba con algunos diputados protagonistas del Pacto de Toledo —de las reminiscencias que quedan de ese consenso democrático de la Transición— y pensaba que España es un país que debe huir de los extremos siempre. A este país nunca le han ido bien los extremos. Nunca. Jamás. Justo ahora es un momento para buscar puntos de conexión, de acuerdo, y volver al consenso. Ojalá los españoles nos podamos acercar en todas esas cuestiones, también a nivel político, en las que estamos diametralmente separados.

—No ha utilizado en su respuesta la palabra polarización, pero escuchándole pensaba que el discurso del Papa puede ser un antídoto frente a ella.
—Puede ser un antídoto frente a la polarización, sí. O por lo menos un encomio a buscar posiciones cercanas, dentro de la divergencia y la disparidad de opiniones políticas, que es lícita, legítima y está absolutamente defendida y amparada por la Constitución. El Pontífice nos puede ayudar a recordar la importancia de España como país, de puertas hacia dentro, pero también hacia fuera.

—La última: ¿espera que participen todos los grupos políticos en el encuentro con el Santo Padre?
—No sé responder a la pregunta. A mí me sorprendería que faltase algún grupo político. Me sorprendería porque esta no es una cuestión de banderías. No viene un jefe de Estado de un color político concreto. En el Vaticano no hay un color político, hay un color religioso. Hay que reconocer la importancia de este Pontífice, la importancia de lo que pueda decirnos. Hacer bandera de la no asistencia se me antojaría un poco pueril o incluso demagógico. Pero como aquí no nos privamos de nada, quizá tengamos que asistir a algunos escaños vacíos, lo cual no serviría más que para evidenciar, eso sí, esa polarización subyacente de la sociedad española.