Una joya renacentista, en tierras zamoranas - Alfa y Omega

Una joya renacentista, en tierras zamoranas

Con motivo del Año de la fe, el Museo Diocesano de Zamora expone en sus salas ocho lienzos que pertenecen al retablo mayor de la iglesia parroquial de Barcial del Barco. La muestra concluirá el próximo mes de octubre

Eva Fernández
Llanto sobre Cristo muerto

Aquellos caminantes que, a lo largo de los cuatro últimos siglos, se acercaban a Santiago desde el sur de la península por alguno de los múltiples caminos que la devoción ha horadado en nuestra geografía, se debían quedar muy sorprendidos cuando, al subir al otero donde se asienta la iglesia parroquial del pequeño pueblo zamorano de Barcial del Barco, descubrían en su interior un conjunto pictórico digno de enorgullecer cualquier catedral del Camino. Un ejemplo más de los cientos que podemos disfrutar en España, en una época en la que la fe no entendía de cicaterías ni de cálculos cuando se trataba de dedicar al culto, y a la enseñanza del Misterio, lo mejor de lo que se disponía. En aquella iglesia de Santa Marina, Patrona de Barcial del Barco, es muy probable que, en torno a 1540, el Conde de Benavente decidiera encargar a dos de los mejores artistas de la zona la pintura de escenas de la vida de Cristo, de la Virgen y de santa Marina. Según datos documentados a principios del siglo XX, en la iglesia colgaban 17 tablas: cuatro en la predela, otras 11 encajadas en la estructura del retablo y dos más colocadas en los muros laterales del templo. Muy a nuestro pesar, de este conjunto hoy faltan cuatro tablas que fueron robadas en 1979 y siguen desaparecidas. Años más tarde, en un segundo robo, los ladrones arrancaron de la pared la tabla de la Imposición de la casulla a san Ildefonso, un lienzo que meses después fue recuperado. A lo largo de los cuatrocientos años en los que el retablo estuvo colgado en su sede original, las pinturas se habían deteriorado notablemente y en los años setenta, la oportuna advertencia de un sacerdote zamorano las salvó de una inminente destrucción por las termitas. Tras una laboriosa restauración que se prolongó durante 5 años, las tablas han permanecido custodiadas en el Obispado de Zamora, a la espera de que puedan ser colocadas de nuevo en su lugar de origen, cuando la iglesia parroquial de Barcial del Barco termine las obras de reforma necesarias para albergarlas.

En los últimos meses, miles de visitantes han podido contemplar este conjunto pictórico en la exposición organizada en el Museo Diocesano, situado en la iglesia románica de Santo Tomé en Zamora. La muestra –segunda exposición temporal organizada por la diócesis con motivo del Año de la fe– está coordinada por el delegado diocesano de Patrimonio y director del Museo, don José Ángel Rivera de las Heras. Estas ocho tablas, en las que se nos relatan escenas de la vida de Cristo, nos recuerdan aquellas palabras de Benedicto XVI: «Cuando la fe, de modo particular celebrada en la Liturgia, se encuentra con el arte, se crea una sintonía profunda, porque ambas pueden y quieren hablar de Dios, haciendo visible lo invisible».

Los tableros están pintados al óleo sobre madera de pino, y reflejan dos estilos pictóricos de la época bien diferenciados. Las últimas investigaciones confirman que la pintura pudo realizarse de forma coral, en talleres que contaban con varios oficiales que plasmaron en los lienzos formas desiguales de pintar, tal como se observa en las distintas calidades que aparecen reflejadas. Una parte de las tablas se atribuye a un artista de ascendencia leonesa, que en las representaciones del Nacimiento, Presentación de Jesús en el Templo, Jesús entre los Doctores y Resurrección, entre otras, revela un estilo centrado en el Quattrocento italiano, con algunos fallos de perspectiva, figuras demasiado estilizadas y una notaria presencia de arquitectura clásica.

A un segundo autor se le atribuyen las tablas de la Circuncisión, Epifanía, Natividad de la Virgen y La imposición de la casulla a san Ildefonso. Sin ninguna duda se trata de un pintor más vanguardista, curtido en talleres zamoranos, y que se atreve con el color, apuesta por vestimentas más ricas y caracteriza mejor los rostros.

La contemplación de estas valiosas tablas nos acerca al artista Marc Chagall cuando aseguraba que «los pintores durante siglos han teñido su pincel en ese alfabeto coloreado que era la Biblia». Los lienzos del retablo mayor de Barcial del Barco están pintados por manos anónimas, pero con esa destreza de quien está convencido de que la belleza marca el camino para el encuentro con Dios.

La muestra concluirá en el mes de octubre, coincidiendo con la clausura del Año de la fe y quienes se acerquen al Museo Diocesano de Zamora podrán disfrutar también de más de 130 piezas de arte sacro, expuestas de forma permanente en este espacio.