El obispo de Tapachula (México) denuncia la actitud del Gobierno y pide acoger a la caravana

Las fuerzas de seguridad mexicanas están consiguiendo frenar la entrada de una nueva caravana de migrantes, tanto mediante el uso de la fuerza como por medio de propuestas engañosas que suelen desembocar en la deportación de los centroamericanos que intentan entrar en el país

María Martínez López
Foto: REUTERS/Jose Cabezas

Las fuerzas de seguridad mexicanas están consiguiendo frenar la entrada de una nueva caravana de migrantes, tanto mediante el uso de la fuerza como por medio de propuestas engañosas que suelen desembocar en la deportación de los centroamericanos que intentan entrar en el país

El obispo de Tapachula, diócesis mexicana en la frontera con Guatemala, ha denunciado la postura «ambigua y titubeante» tanto del Gobierno federal mexicano como del estatal de Chiapas ante la nueva caravana de migrantes que intenta entrar en el país.

En un comunicado dirigido a los sacerdotes, religiosos y laicos de su diócesis, monseñor Jaime Calderón Calderón ha pedido también que «a estos hermanos migrantes no les falte un pedazo de pan, no sean violentados ni asaltados a su paso, no reciban muestras de rechazo ni desprecio y sientan que caminan entre hermanos y como hermanos, no como extraños, ni aventureros, ni delincuentes, ni exiliados, ni despreciados».

Esta última caravana de migrantes partió de San Pedro Sula el 14 de enero, y ha sido sumando miembros a su paso por el resto de Honduras y por Guatemala. Al llegar el fin de semana a la frontera con Estados Unidos, sumaba varios cientos, o incluso entre 2.000 y 3.000 personas.

Sin embargo, parece difícil que logren ni siquiera su primer objetivo de entrar en México. El Instituto Nacional de Migración (INM) de este país informó el lunes de que había «rescatado» a 402 migrantes que habían entrado en el país por el río Suchiate, que marca una frontera natural, y de que buscaba a otros 58. Después de «determinar su situación jurídica», si estos migrantes no eran capaces de justificar su derecho a permanecer en el país, se procedería a su «retorno asistido» a su país de origen; es decir, a su deportación.

Los migrantes centroamericanos entraron a México el lunes cruzando el río Suchiate tras rechazar las autoridades mexicanas su propuesta de entrar en el país de forma «segura y ordenada» desde Guatemala. Así lo habían solicitado ocho representantes de la caravana en una carta entregada a la Guardia Nacional y dirigida al presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Permisos de entrada convertidos en deportaciones

Los agentes mexicanos emplearon gases lacrimógenos contra los migrantes, que respondieron lanzando piedras. En la confusión hubo golpes y gritos pese a que entre los centroamericanos había niños y mujeres. Entre los heridos, figuran cinco agentes de la Guardia Nacional.

Al mismo tiempo, el Gobierno sembró la incertidumbre y el desconcierto entre los migrantes, al circular entre ellos la información de que si se presentaban en el puesto fronterizo podrían entrar legalmente al país e incluso acceder a un puesto de trabajo. Solo después se supo que después de esa entrada legal los migrante también eran «asistidos» para regresar a sus países, y que los puestos trabajos de los que se hablaba eran en sus países de origen, dentro de programas gubernamentales de desarrollo.

La estrategia de EE. UU.: mover la presión migratoria al sur

La actitud de México demuestra que la estrategia de Estados Unidos para evitar la llegada de migrantes a su territorio, e incluso a su frontera sur, está dando frutos. Pero porque estén disuadiendo a los migrantes. «Las salidas de Honduras nunca han cesado». El éxodo de personas «sin trabajo y sin esperanza» es ininterrumpido –ha afirmado monseñor Luis Solé, presidente del departamento de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Honduras–. «Solo que, a veces, estas caravanas se forman, por dos razones: por un lado, quienes migran se sienten más seguros, protegidos de los peligros; por otro, estos grupos comienzan por iniciativa de alguien que logra reunir a sus compatriotas, a menudo por razones políticas».

El fenómeno de las caravanas de migrantes del llamado Triángulo Norte –El Salvador, Guatemala y Honduras– comenzó en octubre de 2018. Entonces, la Administración de Donald Trump llegó a hablar de «invasión» y forzó a los países emisores y a México, país de tránsito, a firmar acuerdos migratorios para fortalecer las medidas contra la inmigración ilegal bajo amenaza de retirar la ayuda estadounidense que reciben e incluso de imponer aranceles comerciales.

«Pensadlo bien antes de salir»

En su día, ACNUR denunció como «contraria al derecho internacional» esta política, que también facilita la deportación de solicitantes de asilo, por entender que implicaría el traslado de personas «vulnerables» a lugares «donde su vida podría correr peligro». A los acuerdos se suma también la política llamada coloquialmente Permanecer en México. Implementada a comienzos de 2019, obliga a los solicitantes de asilo a esperar en el lado sur de la frontera su juicio.

Como consecuencia de estas medidas, la presión migratoria se está trasladando de la frontera norte a la sur de México. El país es consciente de los migrantes que entren se seguirán acumulando en su territorio hasta que (como también está ocurriendo ya) desesperen y pidan entrar en un programa de retorno voluntario.

La situación ha llevado a la Iglesia hondureña a insistir en pedir prudencia a la gente a la hora de emprender el camino. «Invitamos a todos a pensar detenidamente, antes de embarcarse en este viaje, si es inevitable –lanzaba monseñor Solé–. Por un lado, existe el derecho a migrar y, por otro, también el derecho a no tener que migrar. Tenemos que admitir que aquí en Honduras muchas personas se ven obligadas a emigrar».

María Martínez López