Un freno ideológico al desarrollo

María Martínez López

El fracaso del Objetivo de Desarrollo del Milenio 5 –reducir la mortalidad materna– es un ejemplo de cómo la manipulación ideológica obstaculiza el desarrollo. En 2007 –siete años después de la proclamación de los ODM–, un informe del Secretario General de la ONU recogía, camuflado en un apéndice y sin debate, un nuevo sub-objetivo del ODM 5: el acceso universal a la salud reproductiva. Lo había pedido en 2005 un grupo de asesores, y la Cumbre Mundial de la ONU había aceptado dar prioridad a esta cuestión.

La expresión salud reproductiva es un eufemismo para, entre otras cosas, promover la contracepción y el aborto. Su inclusión en los ODM ha servido a los organismos internacionales para seguir exigiendo a los países pobres que faciliten estas prácticas, a pesar de que «no existen pruebas de que los países con leyes del aborto más permisivas tengan un porcentaje más bajo de muertes maternas atribuibles» a esta causa, denuncian dos informes de C-Fam, una entidad que controla la actuación de la ONU en este ámbito. Según estos informes, otro efecto dañino de la inclusión de ese segundo sub-objetivo dentro de los ODM es que ha acaparado gran parte de la atención y los recursos, desviándolos de las mejoras médicas que son prioritarias para reducir toda la mortalidad materna, también por aborto.

Por ello, el informe pide que, en la Agenda post-2015, sea prioritaria la salud materna, sin contaminarla con otros objetivos ideológicos. No será fácil, pues ya son varias las propuestas (como las del Grupo de Alto Nivel, o el Fondo para la Población) que piden seguir dando el mismo o más protagonismo a la salud y los derechos sexuales y reproductivos. Y, cuando el pasado verano la Organización Mundial de la Salud no aludió a ello en su propuesta de cara al escenario post-2015, sufrió una dura campaña en contra.

María Martínez López