«Un ejército del bien» en las calles de la ciudad

150 voluntarios y varias parroquias madrileñas se han organizado para que ningún migrante o refugiado duerma en la calle. Otro de sus retos es la incidencia política. Y la sensibilización dentro de las propias comunidades cristianas

Ricardo Benjumea
Francisco Pozo, párroco de Nuestra Señora de la Paz de Madrid, con un grupo de 13 inmigrantes, que conviven en su parroquia. Foto: Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

150 voluntarios y varias parroquias madrileñas se han organizado para que ningún migrante o refugiado duerma en la calle. Otro de sus retos es la incidencia política. Y la sensibilización dentro de las propias comunidades cristianas

De la acogida de migrantes, a un grupo estable de 150 voluntarios y siete parroquias y templos. En Madrid se ha constituido un grupo informal para que ningún refugiado o migrante duerma al raso. La iniciativa surgió de forma espontánea en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz. La idea ha ido cuajando en un proyecto estable. «Cada mes hay al menos una parroquia de guardia, y siempre hay voluntarios dispuestos a dormir con ellos, a prepararles la cena, a orientarlos en España…», destaca la socióloga Mónica Prieto, de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal.

Muchos de esos voluntarios se reunieron el 1 de febrero en el salón de actos de Alfa y Omega para una jornada de formación convocada por varias realidades de Iglesia en Madrid e impartida por Prieto. Tras el apoyo de la Santa Sede a la firma de los Pactos Globales suscritos en diciembre en Marrakech –«a pesar de su insuficiencia» y de discrepancias frontales por su ambigüedad en temas como el acceso al aborto, matiza la experta–, toca hacer presión ante los gobiernos para exigir que los acuerdos firmados no queden en papel mojado. Así lo ha pedido a los episcopados de todo el mundo el subsecretario de la Sección Migrantes y Refugiados del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, Fabio Baggio. Pero junto a la acción política, el responsable vaticano ha advertido de que es necesario un trabajo de sensibilización dentro de las propias comunidades cristianas para dejar claro que «cerrar las puertas al que huye de la guerra o el hambre no es cristiano».

Toca vencer muchos prejuicios, señaló al presentar el acto el vicario de Pastoral Social e Innovación del Arzobispado de Madrid, José Luis Segovia. «Me preocupa mucho cómo se utilizan las cifras e informaciones, fuera de contexto», transmitiendo la idea de que «nos enfrentamos a una invasión». La realidad, sin embargo, es que «si vemos las cifras, no existe ninguna situación de emergencia». Aún más, con las cifras actuales, España –subrayó Segovia– está lejos de satisfacer sus necesidades de población inmigrante para paliar la baja natalidad.

La apuesta debe ser –prosiguió el vicario– por «una migración segura, ordenada y regular. Las mafias son consecuencia, no la causa de los flujos. Si se tutelaran los derechos, no habría espacio para ellas».

Buques de rescate retenidos en puerto

Mención aparte hizo Segovia a «las colas infames» de solicitantes de asilo en Madrid, que tras pasar a menudo la noche a la intemperie, reciben nuevas citas «para finales de 2020». «Esto revela la falta de sensibilidad de todo el espectro político. Diez años después de aprobarse la Ley de asilo, seguimos sin reglamento y con situaciones como esta».

Mónica Prieto metió en el mismo saco la retención del Gobierno español a los barcos de rescate de las ONG Proactiva Open Arms y MayDayTerraNeo mientras siguen muriendo personas en el Mediterráneo. Sin embargo, añadió, «la buena noticia es que la sociedad civil y la Iglesia van muy por delante de los gobiernos. Lo vemos en el caso de estos 150 voluntarios de Madrid, un ejército del bien, luchando por la dignidad de las personas, aunque estas experiencias queden habitualmente ocultas y fuera del radar de los medios de comunicación».

Ricardo Benjumea