Un amigo para los menores acogidos por la comunidad de Madrid - Alfa y Omega

Un amigo para los menores acogidos por la comunidad de Madrid

El proyecto Amigos para siempre ha obtenido el primer galardón en los VI Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña. «Ayuda a que se dé voz a una realidad que tenemos muy cerca y que se conoce muy poco, que es la de los menores que viven en centros de acogida»

José Calderero de Aldecoa

El proyecto Amigos para siempre ha obtenido el primer galardón en los VI Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña. «Ayuda a que se dé voz a una realidad que tenemos muy cerca y que se conoce muy poco, que es la de los menores que viven en centros de acogida»

«A mí, la verdad, me ha cambiado la vida. He aprendido a valorar cosas que antes daba por hecho y me he dado cuenta de que hay niños muy cerca de mí que no han tenido las mismas oportunidades que yo solo por el hecho de nacer en otras circunstancia». Isabel Mínguez tiene 26 años, acaba de terminar Derecho y Economía en la Universidad Carlos III y lleva los cinco últimos años de su vida como voluntaria de Amigos para siempre.

El proyecto está impulsado por 400 alumnos de varias universidades madrileñas –la Universidad Pontificia de Comillas, Carlos III, Universidad Complutense o el Colegio Universitario de Estudios Financieros (CUNEF)-, en colaboración con la Fundación Soñar Despierto, y acaba de obtener el primer galardón en los VI Premios al Voluntariado Universitario que concede la Fundación Mutua Madrileña.

«El premio es principalmente un reconocimiento a la labor que hacemos los voluntarios y también ayuda a que se dé voz a una realidad que tenemos muy cerca y que se conoce muy poco, que es la de los menores que viven en centros de acogida», opina Mínguez.

Amigos para Siempre ofrece apoyo a la educación (académica y en valores) a niños, de entre 0 y 18 años, que viven en centros de acogida de la Comunidad de Madrid y que han sido separados de sus padres por diversos motivos (malos tratos, prisión, adicciones, abandono…). Los voluntarios destinan una tarde a la semana para prestar un refuerzo académico a los menores, así como para realizar con ellos diferentes actividades de ocio y entretenimiento.

«Yo tenía asignados un par de niños a los que sacaba al parque o les ayudaba de forma individualizada a hacer los deberes. Al final, se trata de ser un apoyo a la labor que hacen los educadores», explica la voluntaria, al mismo tiempo que reconoce que lo que más le ha impactado es «ver cómo estos chavales han salido adelante a pesar de sus circunstancias».

El proyecto se puso en marcha hace 14 años y desde entonces se han beneficiado de él 1.200 niños que encuentran en los voluntarios un referente para seguir creciendo.

J. C. de A.