Ucrania: sueño y realidad de paz - Alfa y Omega

Ucrania: sueño y realidad de paz

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En Ucrania, país libre e independiente de la ex Unión Soviética, se está realizando un acontecimiento histórico: la visita del sucesor de Pedro, el Papa Juan Pablo II, invitado por el presidente de esta República, Leonid Kuchma, ante la inhóspita actitud de los representantes del Patriarcado de Moscú, que siguen dominando sobre una buena parte de la Iglesia ortodoxa de Ucrania.

Las dos tradiciones, oriental bizantina y occidental latina, de la Iglesia indivisa del primer milenio, no fueron antagónicas, sino complementarias; un solo corazón y dos pulmones. Tras la separación del año 1054, la Iglesia de Cristo hoy en día todavía sufre los dolores de la profunda y persistente herida de la desunión. La búsqueda de la unidad de la Iglesia no es nueva diplomacia eclesiástica, ni mucho menos capricho de algunos jerarcas, teólogos y fieles, sino mandato de Cristo: Que todos sean uno, para que el mundo crea. Pero, tras mil años de separación, de ignorarse y hacerse daño recíprocamente, los pálidos intentos de reconciliación y de rehacer la unidad de la Iglesia, para orientales y occidentales cristianos, no es tarea fácil. Reina la misma falta de caridad que es fruto de la soberbia y vanidad, espejo de que, por encima de la voluntad de Cristo, priman los intereses horizontales, humanos. Si a nivel europeo hablamos de la unidad europea, de los Estados Unidos de Europa, la separación entre la Iglesia ortodoxa y la Iglesia católica, que durante el primer milenio cristiano constituían la única Iglesia de Cristo, nos proporciona un amargo dolor.

Tras la histórica y apoteósica visita del Papa a Rumanía en mayo de 1999, invitado expresa e insistentemente por el Patriarca Jeoctist y por el Sínodo de Obispos de la Iglesia ortodoxa de Rumanía, que significó una auténtica aurora de la esperanza y unidad, Su Santidad tenía los ojos del corazón fijados en los suyos, en la cultura, espiritualidad y sensibilidad, tan sui generis, de la religiosidad cristiana de los eslavos de Ucrania y Rusia.

La tensión anímica y espiritual queda clavada en Ucrania, que seguramente abrirá las puertas hacia Rusia. Dios sigue haciendo maravillas, y actúa, interviene en la vida de la Iglesia y en la Historia, mediante personas bien escogidas, como es el actual Papa Juan Pablo II. Seguramente su presencia y la obra del Espíritu Santo vencerán los obstáculos de la helada falta de caridad cristiana y desobediencia al mandato de Cristo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tenéis caridad unos para con otros. El Papa, en repetidas ocasiones, dijo que ortodoxos y católicos, que tenemos casi todo en común, no tenemos derecho a seguir tan separados.

El 7 de noviembre de 1917, al estallar la revolución bolchevique, se instaló el régimen comunista ateo y se constituyó la Unión Soviética de forma vertical: Moscú locuta, causa finita. La tragedia del cristianismo en la ex Unión Soviética, un auténtico archipiélago Gulag, con miles de iglesias dinamitadas, con miles de mártires, dura hasta 1988, cuando la perestroika de Mijail Gorbachov. La celebración esplendorosa del milenario del bautismo común de la Rusia kieviana, en 988, devuelve las esperanzas, y la Iglesia reencuentra el camino de su libertad y su autoridad. En 1991, tras la caída del Muro de Berlín, también en la URSS se experimenta la caída y desaparición del Régimen despótico-totalitario comunista, lo que conduce a la desmenbración de la URSS y a la reconstrucción de las Repúblicas independientes.

Una de las más grandes Repúblicas de la ex URSS, hoy independiente y soberana, es Ucrania. Salida del purgatorio ruso-soviético, la memoria histórica nos obliga a señalar la humillación a que fue sometido este noble país. La Iglesia fue siempre el motor de las libertades y de la dignidad del ser humano. Ya con la constitución del Patriarcado de Rusia en 1589, Ucrania, heredera de la capital de Kiev, reacciona decididamente, y en 1596, ante la obligación de la Iglesia ortodoxa de Ucrania de someterse a la obediencia canónica del Patriarcado de Moscú, en la ciudad de Brest Litovsk se firma la unión con la Sede Apostólica de Roma, colocándose bajo la obediencia, comunión y jurisdicción del Sumo Pontífice de Roma, y lleva consigo lo más bello, lo más característico: la liturgia y la disciplina de la tradición oriental bizantina. Ello creará precedentes para otros países de Europa.

La necesaria memoria histórica

En 1946, el dictador Stalin ordena la puesta fuera de la ley de la Iglesia greco-católica de Ucrania, y en 1948 de la Transilvania, de Rumanía. El calvario de estas Iglesias católicas de rito bizantino es ya página de la pasada historia, pero es también memoria histórica de la desvergüenza de la civilizada Europa, que lo había consentido en su coqueteo con los regímenes totalitarios comunistas. Ha llegado la primavera a estos países europeos e Iglesias del silencio, de las catacumbas. Es curioso: durante el régimen comunista, las dos tradiciones, la ortodoxia y el catolicismo, se llevaban bien, colaboraban estrechamente, ya que el enemigo era común, el sistema ateo comunista. La llegada misteriosa y don de Dios de la libertad, no supieron aprovecharla y celebrarla cristianamente algunos jerarcas de la ortodoxia.

Que no se escandalice nadie: son debilidades e imperfecciones humanas. El mismo caso se puede dar desde el catolicismo hacia la ortodoxia. Sirva de ejemplo Rumanía. Después de la visita delPapa a este país, romanizado y latinizado por el emperador Trajano (105-106 de nuestra era), entre los ortodoxos y greco-católicos ya hay plena paz, concordia, colaboración y amistad; amaneció una nueva era de perspectivas comunes de nueva evangelización. Estoy seguro, y se lo pido a Dios que así sea: en Ucrania, la perspectiva de futuro, tras la visita de Su Santidad, es mucho más prometedora. Si enRumanía latina un Papa eslavo ha revolucionado las almas y conductas de ortodoxos y católicos de rito bizantino y latino, ¡más auún es previsible en Ucrania! Aquí los eslavos autóctonos, ortodoxos, están divididos en tres juridicciones eclesiásticas: la Iglesia ortodoxa ucraniana-Patriarcado de Kiev, bajo el ex metropolita Filaret Denisenko; la Iglesia ortodoxa autocéfala ucraniana, bajo la autoridad de jerarcas ucranianos del exilio; y la Iglesia autónoma de Ucrania, encabezada por el metropolita Vladimir de Kiev, que pertenece a la jurisdicción del Patriarcado de Moscú.

En este contexto muy delicado se inserta la visita de Su Santidad. Se alegrarán los ortodoxos ucranianos que no están vinculados al Patriarcado de Moscú, para definir y ver apoyada su independencia y autocefalía local ucraniana, pero para el Papa se añade lo primordial, la Iglesia católica de rito bizantino, con más de cinco millones de fieles.

Tal vez el éxito de la visita del Papa a Rumanía sea irrepetible, pero desearía que en Ucrania, como Rumanía, grandes intelectuales puedan afirmar después de la visita de Juan Pablo II: Nadie jamás habló como este Papa. Se comenta en los periódicos y en todos los medios de comunicación que ha sido un encuentro histórico. En realidad, ha sido un encuentro providencial con los ortodoxos, hermanos junto con los católicos. El Papa tiene una gracia especial, divino-humana, que fascinó al pueblo rumano, que lo había recibido, escuchado y tratado como a un enviado de Dios que nos trajo la esperanza, la paz, la amistad, la alegría de vivir cristianamente ortodoxos y católicos: Jamás hemos visto algo semejante: la presencia del Espíritu Santo en el mundo.

Este verdadero milagro acontecerá en Ucrania.

Teofil Moldovan
De la Iglesia ortodoxa rumana