Ante el fracaso de la ley de suicidio asistido, piden mejorar los cuidados paliativos

Ante el fracaso de la ley de suicidio asistido en Reino Unido, piden mejorar los cuidados paliativos

El obispo católico responsable de la defensa de la vida ha afirmado que los debates han subrayado «las profundas necesidades de las personas vulnerables al final de la vida»

María Martínez López
Protesta contra el proyecto en noviembre de 2024. Foto: OSV News / Reuters / Mina Kim.
Protesta contra el proyecto en noviembre de 2024. Foto: OSV News / Reuters / Mina Kim.

Breve respiro para el respeto a la vida en el Reino Unido. El proyecto de ley que pretendía legalizar el suicidio asistido decayó el pasado viernes, después de que terminara sin avances el tiempo previsto para su paso por el comité correspondiente de la Cámara de los Lores. Habían pasado casi 17 meses desde que la Cámara de los Comunes votara por primera vez a favor de la iniciativa legislativa.

Aunque tanto desde la Iglesia católica como anglicana y desde las organizaciones en defensa de la vida se ha celebrado el paso, sus promotores han asegurado que volverán a la carga. Así, se han comprometido a introducir un nuevo texto en la misma línea en la próxima sesión parlamentaria, que arrancará el 13 de mayo.

El arzobispo de Liverpool, John Sherrington, responsable de cuestiones provida de la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, dio las gracias a «todos aquellos parlamentarios que han trabajado incansablemente para preservar la dignidad de toda vida humana y asegurar que la atención al final de la vida sigue enraizada en la compasión y el respeto hasta el final natural de la vida». También aplaudió que los debates sobre el proyecto han llamado la atención sobre «las profundas necesidades de las personas vulnerables al final de la vida», recoge The Tablet

¿Qué dijo Sarah Mullally?

También líderes anglicanos se sumaron a la celebración. La obispa de Newcastle, Helen-Ann Hartley, subrayó cómo «a medida que el proyecto se examinaba más en profundidad, más motivos de preocupación surgían, no menos». 

Ya en su día, la arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally, afirmó: «Me opongo a este proyecto de ley por principio, tanto como sacerdote como como enfermera». Y subrayó que tanto sus partidarios como sus detractores «queremos que cuanta más gente muera de forma libre, sin dolor y compasiva, con el menor miedo» posible. «También creo que estamos unidos en que creemos que ahora hace falta inversión en cuidados paliativos». 

«Realidades alarmantes»

Desde la sociedad civil, Gordon MacDonald, de Care Not Killing (Cuidar, No Matar), exhortó a los parlamentarios y pares a centrarse en los cuidados paliativos. El proyecto estaba «lleno de agujeros. Ahora está claro que esta tanto inseguro como inaplicable». 

Entre una serie de «realidades alarmantes» que han salido a la luz durante la tramitación, destacaba cómo el Gobierno tuvo que admitir que tendría que exprimir aún más los presupuestos del Servicio Nacional de Salud para financiar el suicidio asistido. 

También que el texto no contemplaba que se avisara a los hijos antes de quitar la vida a sus padres; o «la falta de protección frente a la coacción, de apoyo a aquellos con discapacidades escondidas». Incluso se contemplaba la muerte provocada por condiciones como la anorexia, la bulimia o la diabetes. 

«Si se hubiera aprobado, habría amenazado con priorizar muertes baratas por encima de cuidados paliativos de caridad y habría dejado a los más vulnerables en nuestra sociedad peligrosamente expuestos». Entre ellos, cita las personas con tendencias suicidas o que podrían sufrir presiones para morir. Por ello, exhortaba a los parlamentarios a «volver su atención al desigual sistema de cuidados paliativos del Reino Unido».