Tres películas sobre el valor de la vida - Alfa y Omega

Tres películas sobre el valor de la vida

Comienza el año con una semana de estrenos en la que han que coincidido tres películas que, desde muy diversas perspectivas, subrayan el valor positivo de la existencia en cualquiera de sus fases o circunstancias: En solitario exalta el valor de quien no vale nada a los ojos del mundo; En la flor de la vida dirige su mirada al mundo del anciano que ya no se vale por sí solo; y El medallón perdido habla de niños huérfanos considerados accidentes por sus progenitores

Juan Orellana
François Cluzet y Samy Seghir en una escena de En solitario

En solitario

El gran actor francés François Cluzet (Intocable), junto al famoso Guillaume Canet y al desconocido Samy Seghir, se ponen a las órdenes de Christophe Offenstein para contarnos una vibrante historia en cuyo vértice se encuentra un profundo dilema moral. Yann Kermadec es el segundo de abordo de Franck Drevil, un famoso regatista de veleros de alta competición. Justo antes de la imponente Vendée Globe -la vuelta al mundo a vela en solitario y sin escalas-, Franck tiene un accidente de automóvil y tiene que sustituirle Yann, que se encuentra, inesperadamente, ante la oportunidad de su vida. Cuando la regata ya ha comenzado y Yann está seguro de que tiene posibilidades de ganar, descubre cerca de Canarias que no va sólo en el barco. Una noche se le ha subido un joven inmigrante que, al ver una bandera tricolor, ha soñado con empezar una nueva vida en Francia. Si esto se sabe, Yann quedará descalificado. Pero ¿cómo deshacerse del chaval? En el barco viajan dos personas con sueños muy diferentes e incompatibles. Yann tendrá que hacer cuentas con las cosas a las que él da más valor en la vida, cuestionar su escala de prioridades y tomar decisiones nada obvias. La historia está narrada sin énfasis melodramáticos y es muy sobria en la exposición de los conflictos. Pero ese tono -probablemente acertado- se compensa con la fuerza de las imágenes de la trepidante navegación.

En la flor de la vida

Jean-Pierre Marielle y Pierre Arditi son padre e hijo en En la flor de la vida

Seguimos en el ámbito francés con una película de personajes crepusculares. El director, Nick Quinn, afronta una comedia paternofilial en la que Gaspard (Pierre Arditi), cercano a su jubilación, es un famoso productor y presentador televisivo. A la vez que se complica su situación profesional, su anciano padre (Jean-Pierre Marielle) sufre un revés de salud que le obliga a ocuparse de él. Después de contratar y perder decenas de asistentas por el carácter insoportable del anciano, llegará Zana (Julie Ferrier), una mujer del Este, que humanizará la vida de padre e hijo. La película, en clave de humor, nos presenta una mirada tierna sobre la tercera edad, y ante todo sobre la posibilidad de reconstruir las relaciones deterioradas, incluso las de padre e hijo. En una línea opuesta a la de Amour, de Haneke, el film reivindica el valor de la vida, y su dimensión festiva, hasta el último momento y en medio de la enfermedad. Aunque en ciertos momentos recuerda a Intocable, el tono de este film es más creíble, más cotidiano, y en algunas cosas, más profundo.

El medallón perdido

Un fotograma de la película El medallón perdido, dirigida por Bill Muir

Por último, se ha estrenado una cinta juvenil de aventuras, con un profundo significado cristiano, y con gran claridad sobre la condición de creyentes de algunos personajes. Daniel Anderson (el actor evangélico Alex Kendrick) visita la casa de acogida de niños donde él se crió. Allí, su antigua madre de acogida le cuenta los problemas de tres niños que acaban de llegar: Allie, que cree que Dios la creó por accidente, Billy, que no tiene ninguna autoestima, y Hucko, que es un matón. Daniel decide reunir a todos los pequeños de la casa y contarles un cuento. Un cuento cuyos protagonistas tienen los nombres de estos niños problemáticos. A través del relato improvisado, ambientado en una isla exótica tipo King Kong, pero sin mono, Daniel les hace ver a los niños que el amor de Dios es lo único que sostiene la vida, y en lo único que hay que poner la esperanza. Escrita, dirigida y producida por Bill Muir, esta cinta se inscribe en línea con esos títulos americanos protestantes de desinhibida confesionalidad cristiana, como Prueba de fuego o La fuerza del honor. Al tratarse de una película de aventuras juveniles, el mensaje es más sutil que en las citadas producciones, pero muy nítida en los valores de fondo. Una grata sorpresa.