S. O. S. República Centroafricana
La República Centroafricana se ha convertido en un infierno. Tras el golpe de Estado de marzo, la milicia islamista Seleka está arrasando el país. De norte a sur, estos guerrilleros han dejado un reguero de robos, saqueos, expolios, violaciones, profanaciones, sangre… La población ha huido en estampida, especialmente hacia el Congo. Los pocos que se han quedado son los misioneros, religiosos y religiosas. También monseñor Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, una de las diócesis más castigadas. Este prelado español pide a la Iglesia en Europa «que sea consciente de la tribulación que se vive aquí, que la sienta como suya». La fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada ha lanzado una campaña de ayuda urgente
El pasado mes de marzo, la República Centroafricana sufrió un golpe de Estado, apoyado posteriormente por cinco grupos de rebeldes unidos en una sola milicia islamista llamada La Seleka. Se desató el terror. No hay reparo para estos guerrilleros, que sofocan toda resistencia sin compasión y con gran ensañamiento. En pocos días, el país se vio envuelto en el caos y, desde entonces, la violencia no deja de aumentar. En este ambiente de represión, una vez más, los cristianos se han convertido en el objetivo prioritario de los islamistas.
«Nada más llegar de la capital a mi diócesis, Bangassou, lo que me encontré es difícil de explicar. Familias enteras escapaban al Congo. Ha habido saqueos. Hay violaciones constantes a mujeres. Han arrasado con todo, han quemado todas las viviendas de paja y las iglesias han sido saqueadas y profanadas. Entraron en las casas de las religiosas de todas las diócesis y robaron lo que encontraron a su paso. Se han llevado todos los medios de transporte, cerca de 20 coches, y no podemos ir a visitar nuestras misiones. Estoy yendo a pie a todas partes, caminando con mi mochila. No tenemos otro medio más que nuestros pies».

Éste es el estremecedor testimonio de monseñor Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, que se ha convertido en la voz de los católicos en la República Centroafricana. Nadie habla de lo que está pasando en este país africano, los medios y Gobiernos internacionales miran hacia otro lado cuando llegan las noticias de las barbaridades que se están cometiendo, denuncia el prelado español.
Los cristianos, en el punto de mira
La milicia de los Seleka quiere la destrucción de toda la presencia cristiana en el país: la aniquilación. Monseñor Aguirre relata que las agresiones a los sacerdotes y religiosas son constantes y que los obispos están especialmente amenazados. Él es consciente, pero se niega a abandonar a sus hermanos en la fe. Las comunidades se han quedado sin medios, pero en estas circunstancias «hay muchos que predican con mucho ánimo, sintiéndose honrados de haber sido vapuleados en nombre de Cristo. De alguna manera lo que está pasando en Centroáfrica es lo que ya pasó hace dos mil años. Cómo la resurrección de Jesús dio mucho ánimo a los apóstoles, cómo se presentó ante ellos después de haber resucitado conservando las llagas de la Pasión, del sufrimiento…».
El Nuncio Apostólico en la República Centroafricana, monseñor Jude Thadeuus Okolo, ha pedido ayuda urgente a Ayuda a la Iglesia Necesitada para la subsistencia de la presencia de la Iglesia en las cuatro diócesis más afectadas del país: Alindao, Bangassou, Bambari y Kaga-Bandoro. «Estos bandidos han robado mucho. Varias casas de religiosas siguen en estado de shock. Nadie sale a la calle por miedo», asegura.
Por ello, Ayuda a la Iglesia Necesitada se ha comprometido a enviar 160.000 euros de esta campaña de urgencia atendiendo al grito de socorro de los obispos del país. «La Iglesia tiene que salir de ella misma hacia las periferias», señala monseñor Aguirre, «y ser consciente de que las periferias también son la Iglesia, como ha dicho el Papa Francisco. Me gustaría transmitir todas nuestras tribulaciones a la Iglesia en Europa, para que las sienta como suyas. Entonces seremos uno, como dice san Juan en el Evangelio».